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El chelo saca pecho

El checo Jirí Bárta llega al teatro de la Abadía decidido a demostrar los “especiales colores sonoros” del hermano mediano de la cuerda

El músico Jirí Bárta con su chelo.
El músico Jirí Bárta con su chelo.

Ver tocar a un violonchelista es sentir de una manera clara que, cuando un músico sale al escenario, su cuerpo se funde con el instrumento para ser uno solo. Jirí Bárta, músico checo de 63 años que llega esta noche a Madrid, defiende que su instrumento es el que más se parece a la voz humana, y no el violín, al que compara con “una voz de ángel”. Cuando esta noche salga a las tablas del teatro de la Abadía solo estarán él y su chelo. Y un recorrido por la música de este instrumento que se ha cansado de estar en el segundo plano que le ha correspondido desde Bach hasta Kodály.

Bárta comenzó con su instrumento en una época en la que ya había pasado el boom alentado por la obligación que cada niño de Europa del Este tenía de ir al conservatorio como una parte más de su formación. “Antes era más común, pero ahora depende de los padres, aunque allí hay mucha más tradición musical que en España. Las escuelas no son muy caras y la mayoría de las familias pueden permitírselo”, explica el violonchelista.

El músico, galardonado con un sinfín de premios internacionales, llega al teatro de la Abadía dentro del ciclo de Clásicos en Verano con un programa que incluye una de las complicadísimas e íntimas Suites para chelo de Johann Sebastian Bach, la sexta. “Bach es el primer compositor importante que escribe solo para chelo. Estaba mirando al futuro, ya que en el siglo XX los compositores dedicarían piezas con el chelo como solista”, comenta Bárta, que considera estas suites como “una Biblia para los chelistas”.

El violonchelo estuvo infravalorado hasta los años barrocos de Bach. Su papel como instrumento de acompañamiento lo relegó a un segundo plano hasta que Bach se propuso sacar a la luz todo su potencial sonoro. “Es un instrumento que tiene unos colores sonoros especiales dentro del mundo de la cuerda. Es un instrumento muy cercano a la voz humana, que suena sentimental y cercano”, explica Bárta.

El renacimiento del instrumento se cortó en seco en el clasicismo tras los conciertos de Haydn. Habría que esperar hasta Dvorák en los albores del siglo XX para ver una pieza monumental en la que el chelo fuera la piedra angular. “Parece que después de Bach los compositores evitaran al chelo. Quizá porque no había un virtuoso del chelo como lo fueron Paganini para el violín y Liszt con el piano. Realmente, el primer gran intérprete a escala mundial es Pau Casals, ya en el siglo XX”, sentencia el violonchelista.

Tras la suite de Bach, el programa da un salto hasta el siglo pasado. La Sonata para violonchelo de Kodály cierra el concierto con una estructura clásica, pero un contenido de música popular renovada y pasada por el filtro de la renovación nacionalista de la música de principios del XX. “Kodály fue un profesor para los músicos húngaros y esta sonata es una obra inusual en forma de regalo para todos los chelistas. Es una imaginativa reconstrucción de la música húngara tradicional”, comenta Bárta. Al igual que Bártok, Kodály rescató las músicas populares de su lugar de origen para captar su esencia y darles una vuelta hasta crear una música contemporánea con tintes folclóricos.

Lo que une a Kodály con Bach —cuyas obras ha grabado en los últimos años—, a pesar de la distancia a través de los siglos es simple para Bárta: “Ambos saben sacar un sonido profundo y cálido del chelo”. Sea domando sus sonidos con el corsé de las firmes estructuras barrocas o dejando que sea la música de los campos de Hungría la que fluya a través del arco. Si la voz del hombre suena dentro de su madera, eso queda a juicio del oyente, que podrá comprobarlo esta noche en la Sala Juan de la Cruz.

Jirí Bárta. Esta noche en el teatro de la Abadía (Fernández de los Ríos, 42), a las 21.00. Entradas: 18 euros.

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