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Alcaldes, los héroes del incendio

Los ediles de los pueblos del Alt Empordà han luchado incansablemente contra el fuego

El alcalde de Biure, Albert Camps, muestra el paisaje de su municipio, devastado por el incendio del Alt Empordà.
El alcalde de Biure, Albert Camps, muestra el paisaje de su municipio, devastado por el incendio del Alt Empordà.

Se han tirado más de 36 horas sin dormir, primero velando por la integridad de los habitantes de sus pueblos y después luchando contra las llamas. Los alcaldes han sido los héroes del gran incendio que desde el pasado domingo asola la comarca del Alt Empordà. Esta mañana de martes andan algo más tranquilos, pero hasta la pasada madrugada vivieron inmersos en un ir y venir, apagando fuegos reales y metafóricos: desalojar masías, tirar mangueras, restablecer la luz o la bomba que sube el agua del depósito al pueblo, evaluar daños, atender vecinos…

Uno de estos alcaldes es el de Darnius (530 habitantes), Eduard Payrà. "En un caso así no te arremangas como alcalde, lo haces como habitante de tu pueblo", explica en un momento de relativo respiro. Hasta ayer, cuando no estaba en un rincón del pueblo arreglando un tractor para abrir zanjas, bajaba con la cara y la ropa ennegrecidas en todoterreno por el camino de L’Esclopetera para pedir refuerzos para contener las llamas de La Muntanya d’en Pala, organizaba equipos de voluntarios, evaluaba daños, etcétera. Payrà tiene tiene 34 años y se presentó con Independents de Darnius. Está satisfecho de como el pueblo ha afrontado el peor incendio que recuerda la comarca. "El domingo, durante la tramontana, era alucinante el ruido del fuego; parecía que se acercara una manada de leones. Árboles que tardaron décadas en hacerse mayores se quemaron antes de contar hasta tres", subraya. A Payrà las autoridades le ofrecieron desplazarse al centro de control, en Figueres. Pero ni se le ocurrió: "Allí no se me había perdido nada", afirma.

También es muy joven el alcalde de Biure (240 habitantes), Albert Camps, de 31 años, para quien el fuego ha sido su peor experiencia. Tras cuatro años de concejal, esta es su primera alcaldía (se presentó de independiente en la lista del PSC), que compagina con su trabajo real: profesor interino en un centro de FP. Es ingeniero químico y todavía no sabe si en septiembre tendrá plaza. Lo cuenta afónico y recuerda como una pesadilla la tarde del domingo, cuando los Mossos daban órdenes de evacuación y algunos vecinos no querían marcharse. "Había reticencias, es lógico", admite y dentro de la desgracia que supone que el término municipal se haya quemado casi entero, respira "por que el fuego cruzara el pueblo sin afectar al núcleo urbano".

Más veterano es Alfons Quera (ERC), el alcalde de Agullana (840 habitantes) desde 1999. Cuatro legislaturas en las que, como los mayores del pueblo, "no había visto nada igual". Celebra lo bien que funcionó el rescate de las 50 personas que había en la casa de colonias Santa Eugènia y la respuesta de todo el pueblo, "mayores y jóvenes colaborando durante dos días muy difíciles" pero le duele la imagen de "vecinos del municipio que tuvieron que apagar el fuego que llegaba a sus casas".

Los tres alcaldes se despiden con un reconocimiento expreso a "todos los profesionales" que han luchado contra el fuego -"bomberos, forestales, emergencias, etcétera han realizado un trabajo extraordinario"-, aunque muestran cierto resquemor hacia las autoridades. "Solo el domingo llamó el delegado de Interior en Girona, Albert Batalla, pero luego nadie se ha puesto en contacto conmigo", asegura el alcalde de Biure. El de Agullana emplea palabras más duras. O mejor dicho, no las emplea. "Me guardo el adjetivo", dice tras ironizar sobre la colaboración de los mandos: "¿Quiénes son los mandos?", pregunta.