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LA LIDIA

Jesús Fernández, herido grave

La suerte es esquiva con este novillero, cuya entrega fue tal que dejó un reguero de sangre

Ser torero es misión imposible. Llegar a matador en tiempos en que escasean las novilladas y el público en el tendido viene a ser tan difícil como adivinar la combinación de la bonoloto. Si además se es catalán, el nivel de obstáculos para llegar a tomar la alternativa convierten la idea en un sueño. Jesús Fernández, con casi 30 años, no tira la toalla. Nacido en el 83, no es la primera vez que hace el paseíllo en Las Ventas. Mientras que sus compañeros se estrenaban en la plaza más importante del mundo, él puso todo lo que tenía para destacar, para intentar mejorar su situación.

Plaza de toros de Las Ventas. Menos de un cuarto del aforo cubierto.

Novillos de Murteira Grave, desiguales de presentación, encastados aunque algo flojos. El cuarto hizo una interesante pelea en la suerte de varas.

Manuel Fernández 'Mazzantini', nuevo en la plaza: silencio tras dos avisos, silencio tras aviso y silencio.

Jesús Fernández: aplausos tras aviso.

Ángel Puerta, que se presentaba: Silencio tras aviso y saludos.

Su entrega fue tal que dejó un reguero de sangre. Se enfrentó, con alguna dificultad técnica pero mucha verdad, a un encastado novillo de Murteira Grave. Tuvo la habilidad de dejarlo lucir en el caballo, sacarlo pronto en la muleta y presentarla con franqueza, quizá demasiada para las dificultades del burel. Dio lo mismo. Lo suyo fue entrega sin miramientos, con gran dosis de inocencia a pesar de peinar alguna cana. Resultó prendido en la pierna derecha al intentar el toreo al natural. El primer gesto lo hizo el ponerse el corbatín de su banderillero a modo de torniquete y quedarse a dar muerte Executor. Lo hizo envalentonado, centrado, con rabia... Domeñó la embestida sin miramientos y se fue tras el estoque. Y de nuevo el pitón caló la taleguilla, con más gravedad. El reguero de sangre llegó a la arena a la vez que el novillo cayó. La suerte no parece sonreírle a este aspirante, que de camino a la enfermería se les cayó por el callejón.

Mazzantini y Ángel Puerta estuvieron dignos, esforzados, e incluso, valientes. Les faltó apostar, ganas de decir “aquí estoy yo”, de ser diferentes. No pasaron apuros, pero tampoco dieron un paso al frente. De acuerdo en que el escaso público no era la mejor motivación. De acuerdo también en que en el cuarto hubo deserción para no perderse el partido, pero no todos los días un aspirante a matador torea con el privilegio de salir en televisión.

Parte facultativo de Jesús Fernández: “El novillero ingresó en la enfermería tras la lidia del segundo astado. Presenta dos heridas por asta de toro, una en el tercio superior del muslo derecho de 15 cm con destrozos en recto anterior y contusiona la femoral. Otra en el muslo izquierdo, en el triángulo de escarpa, de 20 cm. Pronóstico grave. Trasladado a la Clínica de la Fraternidad. Fdo: Dr. Máximo García Padrós”.

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