Inmobiliario, tratante de vino y joyas, corredor de seguros y policía local

Ramón Vázquez Río se perfila como uno de los personajes más complejos de la mafia ‘Carioca’

El inspector José Ramón Vázquez Río, exjefe de la brigada nocturna de la Policía Local de Lugo, a su llegada a una prueba judicial en mayo de 2010
El inspector José Ramón Vázquez Río, exjefe de la brigada nocturna de la Policía Local de Lugo, a su llegada a una prueba judicial en mayo de 2010PEDRO AGRELO

Por los inacabables tomos del sumario de la Operación Carioca desfilan policías cocainómanos; clientes del sexo de pago que, por su condición uniformada, se servían gratis; aficionados a las orgías; extorsionadores; traficantes de influencias, pluriempleados en la economía sumergida y, entre otros virtuosos agentes del orden, emprendedores infatigables de negocios en la sombra. Entre todos ellos, junto con el guardia civil Armando Lorenzo, despunta cada vez más la figura de José Ramón Vázquez Río, el inspector de la Policía Local que supuestamente era socio del proxeneta José Manuel García Adán en la oficina central de la trama, el club Queen's de O Ceao.

En sus interrogatorios, la juez sigue trazando el perfil todavía incompleto del personaje, que dominaba la noche lucense desde su cargo de jefe de la brigada nocturna. Declaraciones posteriores al levantamiento, en 2011, del secreto sumarial inciden en las actividades paralelas del poliédrico inspector, aquellas que llevaba a cabo sin pudor también en horas de servicio, con uniforme y a bordo del coche oficial. Algunos compañeros lo describen como un entregado trabajador. Otros, aseguran que no cumplía los horarios, que hacía lo que le daba la gana y desaparecía cuando quería. De madrugada, cuando cerraba el burdel, y en horas para él de servicio, aparece descrito en la instrucción haciendo labores de taxista, transportando mujeres en retirada en el automóvil rotulado.

Cuando cerraba el prostíbulo, las mujeres iban a casa en el coche oficial

Ramón, como le conocen quienes frecuentaban los escenarios de la Carioca, es también uno de los principales imputados en la trama de las multas que le tocó investigar a la juez del número 3, Estela San José, que hoy instruye el sumario Campeón. En el de la Carioca también aparece retirando incontables sanciones a sus conocidos, pero además un exempleado del Queen's afirma que en el club estaba a diario sin pagar por los servicios, comiendo, bebiendo cubatas y probando a todas las chicas nuevas en cuanto llegaban. También, entre sus amigos más próximos estaba el ginecólogo que realizaba traumáticos abortos a las prostitutas a cambio de 500 euros, y había presuntos vendedores de droga y contrabandistas de Winston y Marlboro con máquinas expendedoras, como el popular Pepe Vending Palas (que, según su mujer, ocultaba el tabaco en un zulo en A Ulloa).

El contrato de luz del Queen's estaba a nombre de la empresa del inspector

Vázquez Río montó primero una correduría de seguros (Pumares y Río Lugo) que supuestamente tenía en su cartera de clientes a la flor y nata del hampa local; y una empresa inmobiliaria con dos amigos que únicamente se encargó de proporcionarle a Adán la finca y la nave para el prostíbulo. La parcela había sido de un quesero en horas bajas. Sus adicciones y la presión de la policía, que lo acribillaba a multas mientras se hacía la sueca con otros muchos ciudadanos, lo abocaron a la ruina y a la venta de su tierra y su fábrica. Los compradores, según se explica en la instrucción, fueron Manuel Santiso, gerente de Construcciones Sanle, y Javier Manuel Reguera Pérez, el funcionario responsable de la ORA y del servicio de grúas del Ayuntamiento. La magistrada sigue investigando si en realidad existe una tercera persona, un ex alto cargo socialista, detrás de las múltiples propiedades de las que es titular el funcionario municipal.

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El contrato de luz del Queen's, una vez inaugurado, siguió a nombre de la inmobiliaria de Vázquez Río, Rivamar, de la que también eran socios otros dos incondicionales de este burdel, J. C. P. y J. R., el constructor que hizo (según él sin lograr cobrar) la reforma ilegal del establecimiento para adaptarlo a las funciones de un prostíbulo. La inmobiliaria, según se concluye de las declaraciones de este contratista, nunca realizó ninguna operación de alquiler o venta más allá del arrendamiento del solar en cuestión. Al margen de esto, Rivamar abrió un bar que regentaba personalmente el policía local.

Según un empleado del burdel, al agente le gustaba probar a todas las chicas nuevas

El constructor amigo de Ramón y socio de Rivamar, por su parte, según declara un empleado del Queen's fue cobrando la obra del club en especie. La reforma de la quesería en prostíbulo, con habitaciones, barra y demás dependencias ad hoc fue valorada por J. R. en 150.000 euros, de los que asegura que recibió una cantidad menor en metálico y en negro, aunque él mismo no ha sido capaz de aclararse ante la juez acerca de la cifra. El contratista dice sospechar que entre Adán y el jefe de la brigada nocturna le tendieron una trampa: acordaron no pagarle la obra. Pero luego él (casado al igual que Ramón) siguió yendo al club, y según un testigo se ahorraba el precio de las copas (de 33 a 40 euros) y las cópulas (40 euros más los tres o cinco del kit de preservativo y sábana).

Según testimonios, Vázquez Río se veía prácticamente a diario con J. R.en el club y se apostaba siempre en la única esquina del salón que no recogían las cámaras de vigilancia que controlaba Adán desde el despacho. Todos los íntimos del proxeneta solían colocarse en ese ángulo muerto. En el sumario también se investiga si el policía local hacía dinero con la venta de ropa y de joyas a las trabajadoras de los clubes. Algunas declaraciones añaden que vendía bebidas por los bares de Lugo, e incluso que importaba desde Alemania coches de segunda mano para colocar en España. Un compañero del cuerpo apunta que podría haber estado almacenando los coches, a la espera de su venta, en el parque de la grúa municipal.

Cabo Armando Lorenzo: “Si quieres que te funcionen los clubs, paga”

Dos años y siete meses después del estallido de la Operación Carioca, de aquellos días en que Lugo desayunaba a diario sobresaltado por nuevas imputaciones y sórdidos capítulos de una mafia que estaba en todas partes, aún se presentan en el Juzgado de Instrucción número 1 testigos que tienen cosas que contar.

Una de las últimas declaraciones ha sido la de una mujer colombiana que pasó por varios clubes desde mediados de los noventa. La trajo a España, con una deuda de 900.000 pesetas, El Gato, uno de los proxenetas habituales de Lugo y Ourense, y después pasó por varios locales de alterne regentados por otros fenómenos del sector como Rico, El Melenas y El Increíble. Conoció a un Adán (principal, y brutal, imputado de la Carioca, jefe del Queen's y del Colina) que empezaba de camarero, y entre 1999 y 2003 fue pareja de otro proxeneta, un hombre que montó dos clubes en sendas localidades lucenses de mediano tamaño. La chica conocía a Armando Lorenzo Torre (cabo de la Guardia Civil que arreglaba los papeles a las extranjeras a cambio de favores sexuales) de todos los burdeles en los que había trabajado. Pero, según ha declarado ahora ante la juez Pilar de Lara, fue en los clubes que acababa de abrir su pareja cuando comprendió el verdadero negocio del cabo en el mundo de la prostitución: Armando dictaba la ley, era el chulo de los chulos, recaudador de impuestos donde corre el dinero negro que no paga impuestos.

La mujer ha contado que en varias ocasiones Armando extorsionó a su novio: “Ya sabes que si quieres que te funcionen los clubs y que te deje trabajar tienes que pagar. Ya sabes que son 100.000 y 150.000 pesetas mensuales por cada uno”, oyó ella que le dijo una vez al proxeneta. Pero este se negó a pagar, y a partir de ahí empezaron las denuncias, los registros, las detenciones. A ella, los agentes le propusieron que también denunciase a su pareja: “Nosotros te decimos lo que tienes que hacer y qué decir”, le insistieron. Ella no accedió y al final acabó igualmente en el calabozo.

Poco después, los dos volvieron a ser detenidos. Según la mujer, Lorenzo telefoneó antes al abogado del proxeneta para advertirle del inminente arresto y le propuso un trato, esta vez en la nueva moneda, porque ya corría el año 2003: dejaría escapar a su cliente a cambio de 30.000 euros.

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