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Puig aglutina el frente contra Alarte y se convierte en líder del PSPV

El alcalde de Morella, con un 61%, logra el apoyo de todos los sectores enfrentados a Alarte

El derrotado líder socialista mantuvo su candidatura pese a ver rechazada su gestión el viernes

Rubalcaba clausura este domingo el congreso de los socialistas valencianos

Jorge Alarte felicita a Ximo Puig, nuevo secretario general del PSPV.
Jorge Alarte felicita a Ximo Puig, nuevo secretario general del PSPV.

Nada evitó el choque de trenes. Ni las voluntariosas intervenciones de la dirección federal, ni la no menos voluntariosa retórica mantenida por los candidatos sobre la integración mientras dirimían una batalla interna que el secretario general del PSPV-PSOE, Jorge Alarte, ya no tuvo reparos en calificar este sábado como un “congreso 11 bis”, o sea, una repetición de la contienda del mes de septiembre de 2008, con los mismos actores de entonces, solo que con resultados distintos. Esta vez Ximo Puig, que perdió por estrecho margen hace casi cuatro años, logró hacerse con el control del partido. Para ello, aglutinó un frente antialartista de sectores diversos del partido que le deparó 321 de los 525 votos de los delegados (un 61%) frente a 179 (un 34%) del secretario general saliente.

Nada más conocerse el resultado, un Puig eufórico agradeció a los otros candidatos (Jorge Alarte, Manuel Mata y Francesc Romeu) su trabajo, reivindicó las raíces del PSPV-PSOE para citar a Joan Lerma y Ciprià Ciscar, presentes en la sala, y explicó que el suyo es “un proyecto que no puede perder a nadie”.

En un aula del campus de la Universidad de Alicante, donde se celebra el congreso, Alarte reunió a los suyos y confirmó que dejará de ser portavoz parlamentario. “Mi futuro pasa por ser diputado y militante del PSPV y poder llamaros todos los días”, les dijo. Mientras, Romeu, cuya inclinación final por Puig decantó el resultado, se declaró satisfecho de “participar en la mayoría”, aunque no quiso confirmar si ha pactado con Puig ser vicesecretario general y portavoz de la ejecutiva, cuya composición se conocerá este domingo y que debe permitir al nuevo líder sumar más apoyos.

Alarte, sabedor de que se lo jugaba todo frente a un pacto de prácticamente todas las familias y sectores de la organización, asumió en el último momento, al dirigirse por la mañana al plenario del congreso, el fracaso de su discurso conciliador para situar a Puig en una vía de resistencia a la renovación y el cambio en el PSPV-PSOE. Fue un discurso en el que, por primera vez, dibujó un retrato que se parece a la situación real de “crisis interna” que vive el partido de los socialistas valencianos desde la derrota de 1995, incapaz de encontrar una estabilidad que le dé oportunidades de disputar la hegemonía al PP.

"Aquí no vamos a parar a la derecha, vamos a ganar a la derecha", proclamó Puig

Descartados Romeu y Mata para la votación porque no alcanzaron el mínimo de avales exigidos (eran necesarios 105, un 20% de los 525 delegados con derecho a voto), solo Puig y Alarte se dirigieron en la mañana del sábado a los socialistas reunidos en el paraninfo de la Universidad de Alicante.

El orden de las intervenciones previas a la votación de la que saldría el nuevo secretario general del partido se decidió por sorteo. Y le tocó comenzar a Puig, quien entró en el salón de actos entre los aplausos de los suyos, que no podían contener la euforia tras amarrar durante la noche su acuerdo con Francesc Romeu. “El socialismo es optimismo por definición”, proclamó, para citar a continuación a Pablo Iglesias y a Ramón Rubial. Mencionó después a Felipe González (con él se redujo la jornada laboral, recordó), y habló de conquistas de los socialistas como la sanidad pública o la educación gratuita. “No somos un club de fans, sino un partido de izquierdas consciente”, explicó Ximo Puig, que recordó a fallecidos como Antonio Godoy, Antonio Moreno y Loli Huesca y elogió a los jóvenes que protestaron por las calles de Valencia como “un ejemplo de rebeldía”.

El dirigente saliente asumió el fracaso de su discurso conciliador

Puig se refirió a la lucha contra la corrupción, que “está en el ADN de los socialistas” y que no es patrimonio de nadie. Tras hablar de Asturias y Andalucía, calvario de derrotas electorales de los últimos tiempos al conseguir frenar al PP, aseguró: “Aquí no vamos a parar a la derecha, aquí vamos a ganar a la derecha”. El candidato propuso “una alternativa socialdemócrata, valencianista, europeísta y feminista”. Se refirió a la deteriorada imagen de la Comunidad Valenciana y dijo: “Los corruptos son los de la derecha, no el pueblo valenciano”.

Puig no eludió el cuerpo a cuerpo, aunque lo hizo puntualmente. Tras apelar a la unidad y a la democracia interna, lanzó una puya a Alarte, sin citarlo, por oponerse en el congreso del PSOE a la elección por los militantes del secretario general: “No se puede decir una cosa aquí y otra en Sevilla”. Pero acto seguido, tras asegurar que “Rajoy quiere borrar a la Comunidad Valenciana y es hora de que Rubalcaba la ponga en el mapa”, hizo un guiño a Mata, Romeu y Alarte, a quienes calificó de “activos fundamentales del partido”.

Ximo Puig, abrazado a la exministra de Sanidad Leire Pajín.
Ximo Puig, abrazado a la exministra de Sanidad Leire Pajín.

Jorge Alarte subió al estrado a continuación y reconoció que “no ha sido posible un pacto por el socialismo”. Y sorprendió a los delegados con un discurso formalmente suave pero muy duro en el choque con la cultura política interna de la que procede Ximo Puig. Tras afirmar que hay que superar el síndrome de la derrota de 1995 —cuando los socialistas valencianos, después de más de una década al frente de la Generalitat, fueron desalojados por el PP—, elogió el periodo de Lerma en la presidencia de la Generalitat, pero insistió en que hay que mirar al futuro y advirtió, en una clara referencia a la plataforma promovida por los lermistas, contra las opciones que “solo sirven para construir alternativas internas de poder”.

Alarte pidió respaldo para el trabajo del grupo parlamentario del que es portavoz en las Cortes y reivindicó a los “nuevos alcaldes”, como los de Vila-real, Mislata, Alcoi y otros.

El todavía secretario general del PSPV defendió que hay que sintonizar con el PSOE de Rubalcaba, sin matices. Y afirmó que se alegra de que Puig diga que la lucha contra la corrupción está en el ADN del partido, pero recordó: “Algunos han criticado que luchemos tanto contra la corrupción”. Alarte se mostró frustrado por la evolución del debate y señaló que la división de los socialistas valencianos causa efectos en la sociedad. “Este congreso 11-bis no es un mensaje coherente para los valencianos”, aseguró, tras reivindicar que, aunque el PSPV perdió las elecciones, el diagnóstico que hizo de la situación valenciana “es cierto”.

Alarte insistió una y otra vez en que lo que había dicho Puig formaba parte del “programa compartido” por todos, pero marcó las diferencias de análisis y de actitud con su adversario. Así, dejó caer que no se puede estar 30 años con lo mismo —una puya directa a su rival, encuadrado en el lermismo desde los años ochenta— y recordó que, en cambio, él procede del movimiento estudiantil. Tras asegurar que su objetivo sigue siendo ganar las elecciones, no “estar en un cargo”, Alarte se dirigió a los delegados de Mata y Romeu, a cuya libertad apeló para pedirles el voto. “Desde la conciencia de haberlo intentado generosamente”, aseguró estar dispuesto “solo a una componenda: el futuro del socialismo valenciano”.

El 12º congreso de los socialistas valencianos será clausurado en la mañana de hoy por el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, que felicitó a Ximo Puig.

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