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El ‘milagro’ del Instituto del Patrimonio

La restauración devuelve el esplendor al paso del Gran Poder

El paso del Gran Poder recién restaurado se muestra en Sevilla. Ampliar foto
El paso del Gran Poder recién restaurado se muestra en Sevilla.

Después del trabajo de 20 técnicos durante 10 meses, el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) ha obrado un milagro: hacer visible al paso de Jesús del Gran Poder, realizado a finales del siglo XVII por Francisco Antonio Gijón. Y es que esta obra, la más antigua en su género de cuantas se conservan en Andalucía, ha pasado casi inadvertida más de 300 años, ensombrecida por la popularidad de la talla de Juan de Mesa (1620) que porta durante la Semana Santa sevillana.

 La exposición Retablo en movimiento permite admirar, desde ayer y hasta el 25 de marzo, la cruz de guía y el paso restaurados en el patio de la sede de Cajasol en la plaza de San Francisco, la antigua Audiencia de Sevilla. La operación, realizada entre abril de 2001 y febrero de este año, ha costado 137.600 euros, de los cuales 100.000 euros los ha aportado la Hermandad del Gran Poder y, el resto, el IAHP.

"La obra es un verdadero retablo andante que se ha convertido en arquetipo en la tipología de pasos de la Semana Santa sevillana. La pieza ha servido de modelo para la construcción de los pasos de otras muchas hermandades", apuntó el viernes Antonio Cáceres, responsable de Gestión Técnica de la Obra Social de Cajasol.

"El paso estará mes expuesto y, después, volverá a recuperar su misión y se hará invisible, como lleva haciéndolo más de 300 años", apuntó Enrique Esquivias, hermano mayor del Gran Poder, para recordar que se trata de un bien patrimonial que está vivo y tiene aún valor de uso.

"Es la primera vez que se aborda una restauración científica y crítica y eso nos ha permitido desarrollar una tecnología concreta", afirmó Román Fernández-Baca, director del IAPH.

"Se ha realizado una restauración científica, lo que significa que hay que saber el máximo sobre la pieza antes de intervenir. Lo más complicado del proceso ha sido la canastilla portante porque es una pieza única de madera tallada y dorada de 205 x 400 centímetros. Una de las grandes cambios es que la canastilla ha recuperado el calado de la madera que estaba cubierto por una estructura metálica interior", comentó José Luis Gómez Villa, historiador del IAPH. El trabajo ha recuperado la belleza de las tallas de Francisco Antonio Gijón (Utrera, 1653- Sevilla 1720), un escultor muy valorado en el Barroco, autor de las tallas como el cristo del Cachorro —otra imagen procesional— o Simón de Cirene, una escultura que se encuentra en la iglesia de San Isidoro de Sevilla.