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Griñán pierde el congreso

Los socialistas intentan cerrar a toda prisa las heridas para afrontar las elecciones del 25-M

Viera apuesta por dejar atrás "los momentos de tensión"

Juan Pablo Durán, Mario Jiménez y Susana Díaz, ayer en el congreso. Ampliar foto
Juan Pablo Durán, Mario Jiménez y Susana Díaz, ayer en el congreso.

Nadie quiso ayer hurgar en la herida, volver la vista atrás, releer las hemerotecas e insistir en lo obvio, porque lo que se juegan los socialistas de toda España, empezando por el nuevo secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, es mucho en las elecciones andaluzas del 25 de marzo. Pero, aunque nadie lo dijo, ni hubo reproches en público, el perdedor del 38º congreso federal, después de Carme Chacón, ha sido el presidente de la Junta y líder de los socialistas andaluces, José Antonio Griñán.

Griñán jugó muy fuerte en favor de la diputada catalana y embarcó en ese objetivo a gran parte de su ejecutiva y a cinco de los secretarios provinciales (los de Córdoba, Granada, Málaga, Almería y Huelva).

Estos reunieron a sus delegados, sumaron votos antes de que estos se hubieran depositado en las urnas y ese recuento de papel le valió a la secretaria de Organización, Susana Díaz, la artífice de esta operación, para proclamar la víspera del congreso que Chacón tenía el apoyo mayoritario de Andalucía.

Ahora de lo que se trata es de

juntar las piezas rotas del jarrón

Esta estrategia dividió por la mitad a la agrupación de Cádiz y destrozó la mayoría de Sevilla. Han volado las denuncias de "presiones ilegales", como las suscritas por José Antonio Viera, quien acusó al equipo de Griñán de "engañar" a los dirigentes con su afirmación de que se iba a mantener en posición de neutralidad activa. Tras la votación, Viera apostó inmediatamente por dejar atrás los "momentos de tensión" vividos.

Griñán quería a Chacón como secretaria general —aunque él siempre podrá decir que nadie se lo ha escuchado en público— porque consideraba que le sumaba más con vistas a las novenas elecciones andaluzas. La foto con Rubalcaba no le gustaba después de que este encabezara una candidatura el 20 de noviembre que perdió en Andalucía 700.000 votos. También quería una dirección federal que supusiera un cambio generacional y, como dijo Susana Díaz, un liderazgo en el PSOE que fuera de futuro y no de transición.

Los delegados que apoyaron al nuevo líder no ocultaron su entusiasmo

 

 

Estos planes no le han salido. Griñán, en vez de caminar sobre las aguas, se ha sobreexpuesto, ha tomado partido por el caballo perdedor y ahora de lo que se trata es de juntar las piezas rotas del jarrón. Además, le ha dado a su contrincante, Javier Arenas, otro argumento para debilitar su liderazgo.

Aunque es muy difícil saber con exactitud cómo votaron los 234 delegados andaluces, la división del PSOE andaluz diluyó su poderío como delegación más numerosa. Si el equipo de Griñán confió en que, al anunciar el apoyo a Chacón, se produciría un efecto de arrastre en el resto de las federaciones, erraron en su pronóstico. La experiencia de Rubalcaba pesó más que la renovación de Chacón en las preferencias de los delegados y el aparato del PSOE andaluz perdió por 22 votos de diferencia su apuesta. "Se han roto muchos puentes, pero ahora lo que tenemos que hacer es salvar la cara a Griñán", afirmó una fuente de la dirección federal.

Chaves apela a la cohesión y da por seguro que las heridas se restañarán

Esa era la preocupación de la mayoría de los dirigentes, la de apretar los dientes y empujar todos a una para no perder el Gobierno andaluz el 25 de marzo. Pero hasta llegar a esa fecha hay muchas pruebas que superar. Una de ellas, y no menor, va a ser la de elaborar las listas electorales al Parlamento andaluz. Pueden saltar chispas en cualquier momento, porque la pérdida de confianza no se recupera en dos días. Y en el punto de mira de los que han ganado el congreso está la secretaria de Organización, Susana Díaz, que es la responsable de la campaña electoral más difícil para los socialistas en la historia autonómica.

Los dirigentes andaluces que apoyaron a Pérez Rubalcaba no ocultaron su entusiasmo. El sevillano Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, que es director general de Vivienda y actuó como interventor de Rubalcaba, daba saltos por los pasillos. El jiennense Gaspar Zarrías, exultante, se hizo ver por primera vez en el congreso. Sus palabras fueron conciliadoras. "Vamos a volcarnos en Andalucía. Nadie sobra. El congreso lo ha ganado el partido socialistas". En esta línea se pronunció el gaditano Luis Pizarro, quien apeló a la responsabilidad del partido, aunque cuestionó la estrategia de neutralidad activa del candidato socialista a la Junta.

También Manuel Chaves, expresidente de la Junta y que promovió que su sucesor fuera Griñán, templó los ánimos, pese al encontronazo con el equipo del PSOE andaluz por haber intentado vetar su intervención en la sesión inaugural, algo que el presidente andaluz niega. "Las heridas se restañarán", subrayó Chaves, para quien la cercanía electoral es un "acicate para la cohesión". Respecto al enganchón de la primera jornada, aseguró: "Llevo muchos años en política y estoy acostumbrado a aguantar todas las críticas, reproches y ataques".

Los gestos de unidad entre Pérez Rubalcaba y el PSOE andaluz se vieron muy pronto. El nuevo líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, se acercó al presidente de la Junta y recorrió unas decenas de metros abrazado a él, delante de cámaras y periodistas.

Luego, Griñán se sometió a preguntas de los periodistas. Él dijo que no se sentía debilitado tras la votación y aseguró que hacer esa interpretación era erróneo. "Todos nos sentimos ganadores", proclamó rodeado de micrófonos y cámaras de televisión.

Implícitamente, el secretario general del PSOE de Andalucía reconoció no estar en condiciones de presionar a Rubalcaba para la conformación de la nueva ejecutiva federal, que se conocerá hoy. "Le daré lo que él quiera sin condiciones, ya que no es el momento de fracturar el partido por territorios, aunque voy a insistir en que sea un equipo paritario e intergeneracional", afirmó.

La pretensión de Griñán antes de entrar en el 38º congreso federal era situar en la dirección de Ferraz a alguien muy próximo, claramente identificado con él, en uno de los puestos ejecutivos más importantes. Acariciaba la secretaría de Organización, algo que tras el triunfo de Rubalcaba se consideraba imposible, indicaron fuentes próximas al nuevo secretario general.

Los dirigentes provinciales que apoyaron a la exministra de Defensa también adoptaron la actitud de quitar trascendencia a la derrota interna, ensalzando la grandeza de la democracia de su partido. "No ha sido un error apoyar a Chacón", dijo Juan Pablo Durán, líder del PSOE cordobés, quien, como casi todos, apeló a la unidad del partido.

La secretaria del PSOE de Granda, Teresa Jiménez, vio el resultado sin dramatismo, sin que hubiera ganadores y perdedores y recordó que en el 35 congreso Manuel Chaves apoyó a un candidato distinto de José Luis Rodríguez Zapatero y acabó presidiendo la dirección federal.