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Sin nieve no hay negocio

La ausencia de precipitaciones en las estaciones de esquí desde que empezó la temporada y las temperaturas más altas en tres lustros provocan caídas en la economía de la sierra, con pérdidas de hasta el 40%

AUTORES: MARÍA HERVÁS / LUIS ALMODÓVAR / BEATRIZ BORGES

“¿Va a hacer algún pedido?”, pregunta un distribuidor de refrescos a Justa Hernández, la dueña del restaurante Barondillo. “No, porque este fin de semana no habrá nadie”, contesta Hernández. “Quizá nieve el domingo”, le replica el surtidor. “A ver si es verdad y cae un buen nevazo, que es lo que necesitamos”, sentencia la hostelera.

Esta conversación tuvo lugar el pasado viernes en el municipio madrileño de Rascafría, pero se repite en cualquier punto de la sierra de Guadarrama, tanto en las estaciones de esquí como en los pueblos aledaños a las mismas. El negocio de la nieve se está viendo seriamente afectado por la ausencia de precipitaciones desde que empezó la temporada de invierno el pasado mes de diciembre. La estación de esquí alpino del puerto de Navacerrada solamente ha podido abrir dos de las siete pistas que tiene, lo que le ha supuesto unas pérdidas económicas de un 40% con respecto a las mismas fechas de 2011. La Venta Arias, un restaurante a los pies de la estación que tiene también una escuela, una tienda y un alquiler de esquí, pierde 70.000 euros mensuales y ha tenido que reducir su plantilla. La estación de Valdesquí ni siquiera ha abierto. Tampoco la de esquí de fondo de Navafría, cuyas pérdidas se sitúan alrededor de los 80.000 euros. Y, cada día con el cielo despejado, siguen contando.

El miércoles pasado, Valdesquí parecía una estación fantasma. Ramírez miraba con resignación a su alrededor: en las laderas no se veía ni un ápice de blanco, los remolques estaban parados; los cañones de nieve artificial, sin funcionar; la cafetería, vacía, y los esquís brillaban por su ausencia. La afluencia media de un sábado de temporada con nieve sería de 2.500 personas. Ahora, los únicos que pisan la tierra baldía son los nueve trabajadores de la plantilla, encargados de las tareas de mantenimiento y reparación. “No tener mucha nieve en los últimos años es hasta normal, pero lo que es muy extraño son las altas temperaturas que no permiten que la artificial se mantenga”, comenta Agustín Ramírez, director de la estación, situada a unos 70 kilómetros de distancia de la capital.

La temperatura necesaria para producir nieve es -2,5º C, y la semana pasada la mínima en la sierra superaba los 0º C. “El problema es que hay un anticiclón de bloqueo asentado en el país desde el pasado 10 de diciembre, el cual impide la entrada de borrascas y frentes sobre la Península”, explica Ana Casals, delegada de la Aemet (Agencia Estatal de Meteorología) en Madrid. “Ha sido un año muy seco; en la sierra cayeron 49,8 litros en diciembre cuando la media eran 176”.

Las temperaturas no son lo normal y ello se debe a un fenómeno de “inversión térmica”, es decir, hace más calor en las zonas de montaña que en la llanura, según la meteoróloga. “El pasado martes, por ejemplo, la mínima en Aranjuez fue de -5º C, mientras que en Navacerrada se llegó a los +4º C”, comenta Casals. No se ha registrado una situación tan seca en España desde el año 1988. Laura Pereda, presidenta del Club de Navacerrada Esquí, no recuerda haber visto una situación similar. “El negocio de la nieve nunca estuvo muy boyante, pero lo de este año es lamentable”, asegura Pereda.

Los esquiadores madrileños se sienten muy frustrados por la situación. La Federación Madrileña de Deportes de Invierno ha tenido que suspender tres competiciones de esquí y nadie les asegura que se puedan celebrar las previstas para los próximos meses. “Además, si no hay nieve la gente no se federa”, lamenta Felipe Aguirre, presidente de esta organización, que cuenta con unos 2.000 afiliados. “De momento, hay una disminución cercana al 30% con respecto a 2011, lo que demuestra cierta desafección a la práctica del esquí en Madrid, sobre todo el competitivo”. Aguirre se queja de que los aficionados a los deportes de invierno de Madrid tengan que irse a otras regiones de España o Europa, donde, a pesar de la ausencia de precipitaciones, las estaciones garantizan al menos la presencia de nieve artificial.

De las siete pistas que hay en Navacerrada, por ahora solo dos están abiertas al público gracias a los cañones de nieve y son azules, es decir, de pendiente media. En opinión de Aurora Guerra, directora financiera de la estación, con estas pistas el esquiador experto no se queda totalmente satisfecho. Por este motivo y gracias a la bajada de temperaturas, la estación activó ayer los cañones en la del Bosque, de pendiente fuerte. “Como la estación no está al 100% de sus capacidades, hemos hecho un descuento de siete euros en el precio del forfait (tarjeta de acceso a todas las pistas y remontes abiertos con seguro de accidentes cuyo coste oscila entre los 20 y 30 euros) tanto para adultos como para pequeños”.

Sin nieve, no hay trabajo. Lo saben muy bien los habitantes de Rascafría, una localidad situada en la sierra de Guadarrama, próxima a Valdesquí. También sus vecinos de Lozoya o los de Navacerrada, entre otros pueblos aledaños. La única montaña de la sierra que tiene algo de nieve en su cumbre es Peñalara, a 2.428 metros de altitud. Estos municipios veían cómo cada temporada de invierno los restaurantes y hoteles estaban repletos de turistas, aunque en los últimos cuatro años también se ha notado la crisis. El pasado viernes, en cambio, no había ni rastro de visitantes por las calles de Rascafría. “Aunque los esquiadores madrileños suben a la sierra y se vuelven a casa, nosotros hacíamos negocio con las familias que venían a pisar la nieve con los niños”, relata Justa Hernández, dueña del restaurante y hotel rural Barondillo.

Pero no solo sufre la hostelería, sino también los comercios y los parados del pueblo. “Más de un centenar de trabajadores temporales de la estación son de Rascafría y ahora se encuentran sin trabajo, a la espera de que el tiempo cambie”, argumenta Ana García Masedo, alcaldesa del municipio. Es el caso de María del Mar Ferreras, una soltera de 43 años y madre de tres hijos que trabajaba en la cafetería de la estación. Sentada en uno de los bancos de la céntrica Plaza de la Villa, mira al cielo y se indigna: “Estoy desesperada. Es increíble que no haya caído ni un copo de nieve”.

Enclavado en el valle alto del río Lozoya, el paisaje de Rascafría estos días de enero nada tiene que ver con la estampa navideña a la que están acostumbrados. Como Ferreras, Vanesa García, de 28 años, también vivía de lo que ganaba en la temporada. Aunque la Aemet pronostica nevadas para hoy y mañana en la sierra, la joven se muestra pesimista: “Si no ha nevado cuando lo tenía que hacer, entre diciembre y enero, poco se puede esperar ya”.

En la carnicería Granero, Benito Aguirre, uno de sus dueños, cuenta a sus clientas que, como proveedores de carne de la cafetería de la estación, están perdiendo una facturación de 10.000 euros este invierno. “Hicieron un pedido para diciembre y ahí está, parado en las cámaras frigoríficas”, lamenta. Quién sabe, quizá en los próximos días esa carne se pueda servir en el comedor de Valdesquí. Pero si se cumplen las predicciones meteorológicas y el martes vuelve el anticiclón, Abel Pérez y Blanca Márquez, una pareja de senderistas residente en la capital, lo tiene claro: “Si no hay nieve, subiremos a caminar. Lo importante es disfrutar de la sierra de Madrid”.

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