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“La enfermería es un zulo con un botiquín solo con aspirinas y paracetamol”

Los CIE carecen de reglamento interno, lo que da lugar a arbitrariedades

Un policía vigilando, ayer, en el centro de   internamiento de extranjeros de Barcelona.
Un policía vigilando, ayer, en el centro de internamiento de extranjeros de Barcelona.

"Todos los días, en los turnos de mañana y tarde, hay personal de asistencia. A veces hay médicos, otras veces enfermeros, y en ocasiones están los dos profesionales juntos", subrayó el portavoz policial. Los agentes que atendieron a Ibrahim, remachó, han recibido cursos de reanimación cardiopulmonar básica (RCP), de modo que están preparados para atender una eventualidad.

Pero abogados, expertos y entidades rechazan ese argumento y consideran que la cobertura es insuficiente para un centro que puede acoger a más de 250 personas. Lo cierto, concluyen, es que no hay asistencia sanitaria las 24 horas. "Los médicos van a determinadas horas, pero es injusto que no haya un servicio permanente", dice Hernández. No es solo una cuestión de tiempo, añaden, sino también de calidad asistencial.

Cuando un interno cae enfermo, explican, no se le traslada a un espacio confortable, sino que se le mantiene junto a sus compañeros de celda. La enfermería es "un zulo" donde apenas hay "un botiquín como el que cada uno de nosotros puede tener en casa, con aspirinas, paracetamol y poca cosa más", dice la abogada, que ha visitado el CIE en más de una ocasión.

Las condiciones de vida en estos centros son difíciles de evaluar. Son espacios opacos, cerrados. Los internos tienen limitada su movilidad y, por ejemplo, no se les permite usar teléfono móvil. No están detenidos, pero tampoco son libres. Están en el limbo. Han cometido una infracción administrativa —vulnerar la Ley de Extranjería—, pero no un delito. Las instituciones y los organismos oficiales sí pueden inspeccionar la Zona Franca y, de hecho, "es uno de los centro más controlados de España, tenemos una o dos visitas al mes de organizaciones de todo tipo", afirma el portavoz policial.

El pasado diciembre, el síndic de greuges, Rafael Ribó, aseguró que en el CIE se dan condiciones para que haya malos tratos, ya que existen deficiencias sanitarias, alimentación insuficiente y hacinamiento. Aunque lo ha pedido, Ribó no ha podido visitarlo porque el centro depende del Gobierno central. A las tradicionales y constantes denuncias de las organizaciones se han sumado las de otros organismos.

Las condiciones de vida de los centros de extranjeros son difíciles de evaluar

El informe de la Fiscalía General del Estado de 2010 se refiere a la "preocupante sensación de inseguridad" en el CIE de Algeciras. Y estas Navidades, cuando Ibrahim cumplía su tercer día en la Zona Franca —después de haber pasado por el CIE de Melilla—, un juzgado de Madrid criticó el “palmario hacinamiento”, las “habitaciones inapropiadas”, las “estancias sin cuarto de aseo” y la inexistencia de “una habitación de enfermería donde los internos enfermos puedan estar aislados de los sanos” en el CIE madrileño de Aluche. Unas condiciones que recuerdan a las de Barcelona.

El juez de Madrid se pronunció de esa forma tan contundente tras la muerte en el centro de la congoleña Samba M. por meningitis. La muerte del joven guineano no es la única registrada en las dependencias de la Zona Franca. En mayo de 2010, Mohamed Abadi, de 22 años, apareció ahorcado. “Tenía problemas mentales, se quedó solo y se suicidó”, denuncia Hernández, cuya asociación ejerció la acusación particular en aquel caso.

La ausencia de un reglamento de régimen interno para los CIE explica en parte esta situación. A pesar de que la nueva Ley de Extranjería prevé la creación de esa normativa, aún no se ha aprobado. Esa falta de reglas claras da lugar a arbitrariedades de las que los internos pueden ser víctimas. “Hacen lo que les da la gana”, dice Hernández. La ley también prevé la creación de un juzgado de guardia en las nueve ciudades que acogen centros de internamiento. En el caso de Barcelona, aún no se ha designado ninguno.