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“Los niños son exigentes y debes ser claro y contundente”

Maite Carranza, Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil ha charlado con los lectores

La escritora no cree perdida la batalla por fomentar la lectura entre los jóvenes en la era digital

Maite Carranza durante la entrevista digital con los lectores.
Maite Carranza durante la entrevista digital con los lectores.

A los dos años le dijeron que ya era mayor. Se lo creyó y empezó a imitar a los adultos. Ellos leían y ella también quería libros. En la adolescencia, con el virus de la lectura inoculado y buena parte de la biblioteca familiar -incluidos los libros “prohibidos” del abuelo, obras eróticas de principios del siglo XX de Felipe Trigo- devorada, decidió que de mayor se dedicaría a escribir, porque, dice, “la literatura es lúdica y fuente de placer a cualquier edad”. Quizá porque ha experimentado que la pasión por la lectura empieza desde la niñez y porque, por experiencia, sabe bien que un niño “no puede leer todo tipo de textos, ni comprender todo tipo de historias”, Maite Carranza (Barcelona, 1958) se dedica a escribir para niños y jóvenes, y, aunque afirma que fue “una decisión azarosa”, reconoce que resultó “acertada”. La ganadora del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil por la novela Paraules emmetzinades (Palabras envenenadas, Edebé) ha confesado en una charla que ha mantenido con los lectores de EL PAÍS que este tipo de literatura le permite mostrarse más sincera y no ocultarse tras la palabrería. Los niños son exigentes y debes ser claro y contundente. Me compensa el contacto que puedo establecer con ellos y sus sonrisas”.

Escritora disciplinada -“es bueno tener reglas, costumbres, rutinas”, asegura-, Maite Carranza se ajusta la altura de la silla para tener los antebrazos paralelos a la mesa y no cargar los hombros y, a ritmo vertiginoso (a un escaso minuto y medio por respuesta: 41 en una hora), ha repasado sin distracción la gestación de la obra por la que ha sido galardonada y sus fuentes de inspiración, así como el oficio de escribir. “Leer mucho, escribir sin ansias de publicar y esperar a estar maduros y convencidos para aventurarse en un relato largo. La precipitación de algunos jóvenes en publicar puede ser su sentencia de muerte”, ha recomendado a los aspirantes a escritores.

El maltrato a las mujeres y la incapacidad de estas para defenderse fueron inicialmente los motivos que llevaron a Carranza a escribir Paraules emmetzinades, la primera novela para jóvenes que trata de manera abierta y clara el tema de los abusos sexuales infantiles. “La obra es una puerta abierta para otros que vengan luego y quieran hablar sobre temas que hasta ahora estaban vedados. Pueden utilizarla como referente. Pasa en todos los ámbitos, siempre hay un antes y un después. Soy optimista”, reconoce.

¿Cómo habituar a los niños a la lectura? La escritora lo tiene claro: leer con ellos en voz alta y declamar, hacerles participar poco a poco en la lectura. “Interesarles por una historia narrada ya supone que les estás interesando en la lectura”, señala. No cree que la batalla por fomentar la lectura entre los más jóvenes se haya perdido en la era de los soportes digitales. “Leer en voz alta en el aula y el fomento de los juegos relacionados con la lectura acostumbran a funcionar”, recomienda a una profesora de lengua en apuros. “La prescripción pura y dura es vista a veces como una imposición”, le advierte.

Se confiesa una lectora “voraz” que aprecia todo tipo de géneros y como escritora no duda en probarlos. “Me gusta variar y sorprenderme a mí misma”, advierte. Cambiar de registros y formatos para no encallarse ni repetirse es su máxima, aunque confiesa que el género humorístico, que marcó sus comienzos en el mundo de la literatura a mitad de la década de 1980, es su favorito a la hora de escribir para los más pequeños. “Me siento más cómoda y puedo hablar con más libertad de temas serios”, asegura. Su criatura más reciente, Víctor, un niño travieso de 11 años con el que es imposible aburrirse, pertenece a él. Para crearlo se ha inspirado en su hijo pequeño que le pedía tener libro propio. Confiesa que el personaje de Víctor y las novelas La princesa Julia (1994, Cruïlla) y ¿Quieres ser el novio de mi hermana? (2002, Edebé) son biografías de sus hijos y de sus experiencias como madre. “Negaré siempre hasta la tumba que mis libros sean autobiográficos”, advierte.