La vida en el limbo, los inmigrantes de Felipe Romero Beltrán

El fotógrafo colombiano se adentra en los recuerdos, los sueños y el día a día de un grupo de expatriados que espera la regularización de su estatus dentro de un centro de acogida de menores

De la serie 'Dialecto', 2020-2022.
De la serie 'Dialecto', 2020-2022.Felipe Romero Beltrán

Harraga es un neologismo utilizado en el Magreb para designar a los inmigrantes que destruyen su documentación con el fin de dificultar su repatriación. Deriva de la palabra árabe haraqa, quemar. Algunos historiadores defienden que esta costumbre se remonta al año 711, cuando el general bereber, Tariq ibn Ziyad, se adentró en la España visigoda, y al desembarcar en Algeciras, mandó quemar sus naves para imposibilitar la retirada a sus tropas. No quedaba otra; vencer o morir. Así, hoy siguen siendo muchos los que queman su identidad en busca de un sueño, lejos de la tierra que los vio nacer. Muchos son menores, como los protagonistas de Dialecto, una serie fotográfica en curso con la que Felipe Romero Beltrán (Bogotá, Colombia, 1992) ha resultado ganador del Premio Aperture al Mejor Portfolio 2022.

Aunque por separado, todos salieron de Tánger, en patera, menos uno que lo hizo en kayac. Sus motivaciones para dejar atrás una familia y unas costumbres eran distintas, procedían de pequeñas comunidades rurales y aspiraban a una vida mejor, ante la dura realidad que proyectan las altas cifras de desempleo de jóvenes en su país, Marruecos. Una vez en la costa de Cádiz, iniciaron su andadura hacia el interior de la península. Unos a pie, los más afortunados en coche o en autobús. En Sevilla les sorprendió la pandemia. Fue allí donde los conoció el fotógrafo, dentro de un taller organizado por el Teatro TNT, donde él mismo había sido invitado para narrar su experiencia como migrante (el autor colombiano reside en Madrid desde hace siete años). Durante aquel contacto inicial, los jóvenes posaron para él, con el único fin de que las imágenes sirviesen a sus modelos para su uso particular.

Adolescentes en su mayoría, los jóvenes viven en un centro de acogida. Aunque a cargo del Estado, el centro es el encargado de su custodia y tutela hasta su mayoría de edad. A partir de entonces, el inmigrante deberá esperar allí de uno a tres años sin documentación para regularizar su situación legal en el país. “Para declararse menores tuvieron que someterse a varias pruebas, entre ellas una radiografía de mano que determina su edad”, cuenta el fotógrafo. “En un principio, decidí dejar pasar algún tiempo antes de empezar a plantearme hacer una serie fotográfica con ellos como protagonistas. En España fotografiar a menores es un tema legalmente complicado y, personalmente, me resultaba complejo acercarme a esa realidad tan vulnerable”.

Meses después surgió una nueva oportunidad de contactar con ellos, algunos ya habían cumplido la mayoría de edad. Fue entonces cuando Romero Beltrán comenzó a dar forma a su proyecto “Contaba con que el trabajo se iba a expandir a lo largo de tres años, el periodo máximo de espera en adquirir la residencia por arraigo. Tiempo durante el cual permanecen en un limbo legal, donde no pueden salir de España ni volver a su país. Tampoco pueden trabajar legalmente, ni participar en ningún tipo de altercado, ya que serían deportados”. Es en ese periodo de intermedio donde se reafirma el fotoensayo. Un ejercicio que va más allá de la aproximación documental al día a día de estos chavales e introduce recreaciones de algunas de las peripecias que tuvieron lugar en su periplo de Tánger a Sevilla, así como de sus sueños. Un juego entre realidad y ficción que no se conforma con la solución binaria de verdad o mentira con la que con frecuencia se identifica la fotografía documental.

En el momento del rodaje los chavales aprendían español, y en cada pieza se aprecia la lucha por el aprendizaje del lenguaje

Bajo una luz pálida, en contraposición al fulgor de la ciudad andaluza, el fotógrafo echa mano de la naturaleza muerta, del retrato y del paisaje, para dar paso a una extraña atmósfera, tan desconocida como la tierra que el inmigrante pisa por primera vez, donde lo nuevo y lo viejo conviven, y la historia queda desposeída de su significado como una antigua columna aprisionada entre el cemento. Allí, como en un escenario, la fotografía adquiere un carácter de performance, mientras Aziz, Bilal, Zakaria, Hamza, Yousseff, y otros más, escenifican el momento en el que Bilal se desmayó durante el trayecto y sus compañeros lo llevan a hombros. Las ideas que daban lugar a las fotografías iban surgiendo de forma espontánea. De esta forma, el intercambio entre los modelos y el autor se extendía hasta el proceso de selección de imágenes, de manera que cualquier fotografía que no fuera del agrado de los jóvenes quedaba desechada. Entre todos ellos, y en ese tiempo de espera, construirán un dialecto vertebrado por sus recuerdos, sus anhelos y fantasías, y sus actuaciones. El proyecto se complementa con tres piezas de vídeo donde Yousseff, Yaviv y Bilal leen las páginas de la Ley de Extranjería de España, el documento que regula sus vidas —y la del propio autor—, así como las somete a control. En el momento del rodaje los chavales aprendían español, y en cada pieza se aprecia la lucha por el aprendizaje del lenguaje.

No es esta la primera vez que Romero Beltrán trata con conflictos fronterizos. Su fotografía se ha desarrollado en Colombia, Argentina e Israel y ha estado muy vinculada a la fotografía política y social. Así, a lo largo de 2014 y 2015, becado por la Academia de Arte Bezalel, en Jerusalén, trató el tema de los conflictos en la frontera israelí-palestina. Reducción surgió tras una experiencia personal; un arresto policial en el barrio de Lavapiés de Madrid, debido a un retraso burocrático para la obtención de sus papeles. De ahí que el autor se propuso registrar ese momento de requerimiento de papeles y el procedimiento de reducción de los detenidos. Para ello tuvo que recurrir a la performance contando con la participación de jóvenes migrantes del barrio, así como la de un policía en activo, quien les enseñó a poner en práctica el Manual de Defensa Policial de la Policía Nacional, donde quedan detalladas las técnicas de combate para reducir al arrestado.

En la actualidad, el fotógrafo trabaja en Río Bravo, una serie que se desarrolla en una región fronteriza entre el norte de México y Estados Unidos, cuyos habitantes, paisajes y arquitectura quedan sometidos a las indefiniciones que traen consigo las tensiones fronterizas. El elemento fluvial ya había sido motivo de otro de sus proyectos, Magdalena (Ediciones Anómalas), con el que resultaría ganador de la cuarta edición del IV Concurso Fotocanal Libro de Fotografía, en 2019. En él, alude al río más importante de Colombia, en cuyo curso, en una zona conocida como Magdalena Medio, con frecuencia aparecen, en sus remolinos, los cuerpos de las personas asesinadas por las mafias locales, las guerrillas y los paramilitares. Oficialmente, han sido encontrados más de 80.000 cuerpos.

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