Acento propio, lengua común: la poesía que llega de las antípodas

La traducción al español de los poemas de Judith Wright se suma a un interés creciente por la tradición lírica de Australia, de la que también forman parte Les Murray, Fay Zwicky o John Kinsella

'Ned Kelly' (1946), óleo del pintor australiano Sidney Nollan.
'Ned Kelly' (1946), óleo del pintor australiano Sidney Nollan.

Estar escrita en lengua inglesa y compartir, en buena medida, los códigos estéticos de la poesía estadounidense contemporánea no ha servido, sin embargo, para que la poesía australiana sea bien conocida fuera de sus extensas fronteras. Quizás la excepción más conocida, entre los poetas en activo, sea Les Murray (“el Usain Bolt de la poesía moderna”, en palabras del también poeta Daljit Nagra, y quizás la inteligencia visual más viva de esta poesía) de quien Lumen publicó aquí una antología hace veinte años y cuya obra sí es conocida y admirada en otros países del orbe anglófono. Otros casos serían Robert Adamson o John Kinsella. Es una pena esta escasez, pues poetas como Fay Zwicky (1933-2017) merecen un puesto de honor en el canon de la poesía del último siglo. Que nadie la busque editada fuera de Australia: sus Collected Poems los publicó The University of Western Australia en 2017. Más reconocida por su libro Kaddish, en el que trata sus problemas de identidad judía, es en libros posteriores como el esencial The Gatekeeper’s Wife donde su capacidad para desarrollar el poema de largo aliento que aúna la reflexión personal con la indagación histórica la sitúan a la altura de los grandes poetas de su tiempo.

Con todo, poco a poco algunos libros venidos de allá empiezan a hacerse un hueco en las colecciones de poesía de las editoriales españolas, siempre más atentas a la poesía en otras lenguas que sus colegas de otros países. Pre-Textos trae ahora una antología de Judith Wright (1915-2000). Más conocida por su perfil ambientalista en su país, ha sido fuera de él donde su poesía ha alcanzado más resonancia y un cierto número de traducciones. Su poesía, como la de tantos autores australianos, encaja a la perfección en lo que uno espera de un poeta contemporáneo estadounidense, como decía: línea clara, experiencia, corrección estilística. Wright entrega poemas sobresalientes por este camino, aquí fielmente traducidos por José Luis Fernández Castillo. Conmovedor es por ejemplo ‘Petición a un año’: “Si el año está pensando en hacerme un regalo, / quisiera que eligiera la actitud / de mi tatarabuela, / legendaria devota de las artes”. El poema desarrolla una anécdota: la abuela salva a un hijo a quien arrastraba la corriente de un río. ‘Año’, concluye: “Si ún no tienes regalo para el día de la madre, / de aquel entonces tráeme la firmeza de su mano”. Otras veces ensaya el poema de tema bíblico (como en el sutil ‘Eva a sus hijas’), pero sus mejores logros los halla por el lado de la poesía de la experiencia: ‘Recordando a una tía’, ‘Piel de serpiente en una cancela’: “Después, por fin, la vi, bajo el sol estirándose, / resplandeciente; su largo estampado de joya tallada. / Libre de oscuros verlos, su ojo fúlgido vio / sin temor sólo luz y movimiento. / Así, de nuestros cambios, sepamos, alma mía, bebamos renovación”. Línea clara, anécdota, ligero exotismo en paisaje y fauna, imagen reveladora: la Australia poética nos es, estéticamente, muy cercana. Y poetas como Judith Wright están sin duda a la altura de sus colegas de otros países angloparlantes más conocidos.

Uno de los autores que citaba al principio es John Kinsella (1963). En 2019, en traducción de Katherine M. Hedeen y Víctor Rodríguez Núñez, el sello de poesía La Garúa nos traía El silo. Este libro de Kinsella, por buscar una referencia más conocida, nos recuerda a un Seamus Heaney reducido al tronco de su experiencia campesina, podadas las ramas de la historia y la política; o a un beat con menos mística y más tecnología rural. El subtítulo del libro, Una sinfonía pastoral, no esconde ninguna ironía (algo bien curioso, siendo ese uno de los términos más denostados por la ecocrítica —Kinsella es también ambientalista— desde los pioneros tiempos de Raymond Williams). Los poemas del libro son también poemas de la experiencia, anécdotas de las que se intenta extraer una imagen que sirva como moraleja, como en “Intervención (o de un encuentro con un murciélago)”: “Caminábamos descalzos de Happy Valley / hacia el pueblo —como si fuera en peregrinación—”, comienza; “nos mantenemos alerta / por los pitones y los canguros”, hasta que llega el anunciado encuentro con el murciélago. Cuando el murciélago por fin desaparece, ya no lo ven pero “lo sentimos allí y nos mantenemos desafiantes, / aligerando nuestras almas antes de seguir / hacia el pueblo, pero que, eventualmente, // a nuestro regreso, podamos valorar / la noche rica en luna, y detectarlo -como un radar / harto de vuelo brillante, de descubrimiento”. Pese a lo dicho, la oda de Kinsella a la vida rural es sincera y no exenta de matices, escrita desde dentro y no desde la visión del dominguero.

Pese a esta estética común, ahondar en una perspectiva de la poesía australiana nos llevaría a la lectura de la escrita por los poetas procedentes de otras zonas del mundo. Los autores asiático-australianos han dado lugar a antologías específicas y un libro como Captive and Temporal, del vientamita-australiano Nguyën Tiên Hoàng, es uno de los más sobresalientes del último quinquenio. Poesía geográficamente en las antípodas, pero estéticamente tan cercana; sobre todo para un lector, el español, tan acostumbrado a la traducción de casi todos los poetas buenos, regulares y malos de los EE UU. Merece la pena ampliar el campo de búsqueda y acercarse a una poesía, la australiana, que mira el mundo desde la periferia extrema, con acento propio y en la lengua común.

Poemas escogidos

Judith Wright. Traducción de José Luis Fernández Castillo. Pre-Textos, 2021. 150 páginas.

Puedes seguir a BABELIA en Facebook y Twitter, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Normas

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS