EL LIBRO DE LA SEMANA

Obama: memorias de decepción y esperanza

En el primer tomo de su biografía, el expresidente estadounidense relata su vida desde su entrada en política hasta su decisión más comprometida como presidente: matar a Bin Laden

Barack Obama y Donald Trump, en la Casa Blanca en 2016.
Barack Obama y Donald Trump, en la Casa Blanca en 2016.Win McNamee (Getty Images)

Aquel relato hizo cambiar el país. Y en cierta forma el mundo. Barack Obama alcanzó la presidencia de Estados Unidos en 2007 gracias a su talento narrativo. Lo había demostrado en su primer libro, Sueños de mi padre, una historia sobre sus orígenes familiares, africanos y americanos, que se convirtió en best seller mucho antes de alcanzar la presidencia. Siguió demostrándolo en sus discursos, como senador local de Illinois, senador en Washington y finalmente candidato presidencial y luego presidente. Y lo demuestra sobradamente ahora en el primer volumen de sus memorias presidenciales, ejercicio obligado para todo presidente, que muchos, no es este el caso, han resuelto con el uso de plumas de alquiler.

No ha cambiado el argumento de sus libros y de sus discursos, sintetizado por su biógrafo David Remnick (El puente. Vida y ascenso de Barack Obama): “Contando su propia historia: su pasado familiar, su evolución como estudiante y trabajador social, su agradecimiento a las generaciones anteriores, su evolución como servidor público, aprendió a transformarla en una historia emblemática: mi historia es vuestra historia y es una historia americana”. No alcanzó la presidencia únicamente por su talento literario, sino por su capacidad para convertirse él mismo en el protagonista y a la vez narrador de la historia de emancipación que culmina con el momento central de su nuevo libro, que es la entrada por primera vez de un ciudadano negro en el Despacho Oval.

Por encima del balance político moderadamente positivo y suavemente optimista de su presidencia, hay un hecho singular que cierra un ciclo de la historia. Obama es el primer ciudadano de color que se aloja como presidente y no como subordinado en la primera mansión del país, construida y servida en sus orígenes por esclavos negros. La Casa Blanca es también protagonista de esta narración. El edificio, su historia, los colaboradores del presidente, el personal subalterno que la hace funcionar, negros, asiáticos e hispanos en su mayoría, reciben una especial atención de un memorialista consciente y detallista respecto al significado de todo lo que le concierne. “Aquellos que ocupaban el despacho del presidente se sentían más cómodos cuando en su intimidad les servían personas a las que no consideraban sus iguales y que por lo tanto no podían juzgarlos”. Uno de ellos le dice a Obama: “No sabe lo que significa realmente para nosotros, señor presidente, tenerle a usted aquí. No tiene ni idea”.

Su llegada fue el momento de pasar de las palabras a la acción, narrado con minuciosidad a veces excesiva en este primer volumen. Una tierra prometida abarca desde la entrada en política hasta la decisión más comprometida de su presidencia, como fue la orden de acabar con Bin Laden. Las explicaciones son completas y argumentadas. Siempre hay más dudas que certezas. Sopesa los pros y los contras. Todo exige una vuelta más antes del punto de no retorno. Abunda el anecdotario y destacan los retratos con frecuencia malintencionados de los protagonistas de la política mundial. También las escenas de tensión y dramatismo en momentos cruciales de la campaña electoral y de la presidencia. La prolijidad es inevitable: un político menos articulado y dubitativo no hubiera necesitado 900 páginas solo para llegar hasta la mitad de su primer mandato.

El cambio se produjo. También la decepción. Y no fue para tanto. Václav Havel se lo había advertido: “Has sido maldecido con la carga de las altas expectativas de la gente. Esto implica que los decepcionarás pronto. Es algo que me resulta muy conocido. Me temo que puede ser una trampa”. Estas son memorias de la decepción y de la esperanza. Impregnadas de un optimismo cauto y en sordina. Propias de un creyente. Obama tiene fe en la promesa de igualdad formulada por los textos fundacionales de Estados Unidos, aunque su cumplimiento esté lejos, quizás demasiado lejos. El único cambio ostensible, al final, es el propio Obama. Que alguien como él, con el color de su piel, su historia, sus ideas y sus convincentes relatos, haya pasado por la Casa Blanca. Y la dolorosa factura del cambio es Donald Trump.

El poso amargo de su presidencia es el contraste entre la guerra sin cuartel que le organizan los republicanos, especialmente por su reforma sanitaria, y la única ocasión de consenso auténtico que consigue con la muerte de Bin Laden. “Me imaginé cómo sería Estados Unidos si pudiéramos unir al país para que nuestro Gobierno invirtiera el mismo nivel de experiencia y determinación en educar a nuestros hijos o dar cobijo a los indigentes que en atrapar a Bin Laden”.

No es fácil este ejercicio memorialístico, especialmente después de descender del pedestal más alto. Obama lo supera como un atleta de alta competición. Su autocontrol es admirable. Ante todo, del ego. La modestia y la humildad no son virtudes morales en su caso, sino disciplinas de una mente racional, fría y realista. El hombre que más poder ha tenido conoce los límites del poder y sabe gestionarlos. Todo pasa factura, que a veces hay que pagar de forma vergonzosa. Nunca se avanza sin renuncias. Obama exhibe una conciencia agudísima de quién es, cuál es su papel y hasta dónde podía llegar en sus atribuciones presidenciales.

La lectura de estas memorias sería desgarradora si Trump hubiera ganado otra vez el pasado 3 de noviembre. En las nuevas circunstancias confirman la sentencia de Martin Luther King, con tanta frecuencia citada por Obama: “El arco del universo moral es largo, pero tiende hacia la justicia”.

Una tierra prometida

Autor: Barack Obama.


Editorial: Varios traductores. Debate, 2020.


Formato: 1.129 páginas. 27,90 euros.


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Sobre la firma

Lluís Bassets

Escribe en EL PAÍS columnas y análisis sobre política, especialmente internacional. Ha escrito, entre otros, ‘El año de la Revolución' (Taurus), sobre las revueltas árabes, ‘La gran vergüenza. Ascenso y caída del mito de Jordi Pujol’ (Península) y un dietario pandémico y confinado con el título de ‘Les ciutats interiors’ (Galaxia Gutemberg).

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