100 días de relaciones con la Venezuela de Maduro, el vecino incómodo

Petro ha puesto la diplomacia de Colombia al servicio de la paz y reclama al mundo nuevos enfoques frente a las drogas y el cambio climático

Gustavo Petro y Nicolás Maduro reunidos en el Palacio de Miraflores, en Caracas, el 1 de noviembre.
Gustavo Petro y Nicolás Maduro reunidos en el Palacio de Miraflores, en Caracas, el 1 de noviembre.Miguel Gutiérrez (EFE)

Con Gustavo Petro y Francia Márquez en el poder, Colombia marca por primera vez el camino de la izquierda latinoamericana. En el frente de la política exterior, tiene el viento a favor. El presidente llega a sus primeros 100 días con el propósito de poner la diplomacia colombiana al servicio de la paz y el respaldo de un eje progresista consolidado por la victoria de Lula da Silva en Brasil, mientras la normalización de las siempre difíciles relaciones con la Venezuela de Nicolás Maduro, un vecino incómodo, avanza a pesar de los obstáculos.

Junto al chileno Gabriel Boric, Petro encabeza la nueva camada de líderes progresistas, pero debe relacionarse con la vieja izquierda. El presidente ha volcado la Cancillería a su idea de “paz total”, con la que se propone implementar con mayor decisión el acuerdo con las FARC, dialogar con el ELN y adelantar una política de sometimiento para grupos criminales. Esos renovados esfuerzos pasan también por Cuba y Venezuela. Bogotá encarriló muy pronto el restablecimiento de relaciones con Caracas, completamente rotas desde 2019, y las recompuso con La Habana, muy maltrechas ante la hostilidad diplomática que caracterizó el periodo de Iván Duque. El papel de ambos países es fundamental en la naciente negociación con el ELN: La Habana será la sede de los diálogos, como ya lo fue con las FARC, y Venezuela uno de los países garantes.

La “normalización gradual” de relaciones con Venezuela, luego de años de diferencias irreconciliables, ha sido uno de los principales focos de la activa diplomacia colombiana, bajo la atenta mirada de Washington. Con sus respectivos embajadores posesionados, la reapertura de la extensa y porosa frontera de más de 2.200 kilómetros está en marcha, el tránsito de carga por los puentes binacionales se ha restablecido a cuentagotas y hay una incipiente reconexión aérea entre Bogotá y Caracas. Petro y Maduro ya sostuvieron su esperado primer encuentro en la capital venezolana. El colombiano promueve que Venezuela regrese al sistema interamericano de derechos humanos y se ha sumado a la ofensiva diplomática para convencer al heredero de Hugo Chávez de sentarse de nuevo a negociar una salida con la oposición.

La reanudación de relaciones con Caracas es la “dimensión más sobresaliente” de la política exterior, valora la internacionalista Sandra Borda. “Faltan muchas cosas, pero la decisión difícil, que era abrir la frontera, reunirse con Maduro, poner la agenda, se ha logrado con éxito”, señala sobre lo que califica como “un buen comienzo”. Advierte, sin embargo, que la diplomacia colombiana también ha dado pasos en falso, como los acercamientos fallidos con el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua, un país con el que Colombia mantiene un dilatado litigio sobre aguas limítrofes.

Petro y Francia Márquez se sumaron a un bloque progresista latinoamericano muy diverso y heterogéneo, pero llegan con la novedad de incorporar una marcada agenda ambiental y postular un modelo económico que da prioridad a las energías limpias. “Colombia aportará al mundo todo su esfuerzo para superar la crisis climática y del mundo esperamos todo el esfuerzo para superar nuestra violencia endémica”, señaló Petro cuando anunció que Álvaro Leyva, un veterano político involucrado en múltiples esfuerzos de paz, sería su canciller, antes incluso de posesionarse.

En sus dos discursos con más eco internacional, ante la Asamblea General de Naciones Unidas y la cumbre climática de Egipto, Petro ha calificado de fracaso tanto la lucha contra el cambio climático como la guerra contra las drogas, dos temas de alcance global que le obsesionan. “Yo les demando desde aquí, desde mi Latinoamérica herida, acabar con la irracional guerra contra las drogas”, dijo en septiembre desde el atril de la sede de la ONU en Nueva York. El líder de izquierdas propone un vuelco en los esfuerzos antinarcóticos que esta semana obtuvo el respaldo tanto de la Comisión Global sobre Política de Drogas como del Grupo de Puebla, que reúne a dirigentes progresistas de Iberoamérica.

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“Estos primeros pasos que ha dado el presidente Petro en política internacional suponen el fin de la diplomacia ideológica que caracterizó al Gobierno del presidente Duque, según la cual no tenía relaciones sino con los países que pensaban igual”, señala el expresidente Ernesto Samper, uno de los coordinadores del Grupo de Puebla. “Se abre una etapa de diplomacia regional, diplomacia de entendimiento, alrededor de unos temas comunes como pueden ser el de la propia integración regional, el tema de la paz, de la transición ecológica, la defensa del Amazonas o la política alternativa en materia de lucha contra las drogas”, valora Samper. “Esos temas que ha puesto sobre la mesa el presidente Petro son una dirección clara de una política exterior que está dirigida a influir y a ser influidos por lo que podríamos llamar la agenda global y la agenda regional”.

Colombia es un aliado histórico de Estados Unidos. En ese nuevo mapa geopolítico de América Latina, en el que la izquierda avanza posiciones, Bogotá es también clave para Washington por el papel que pueda desempeñar frente a Venezuela, el mayor foco de inestabilidad. En las líneas estratégicas de la política exterior colombiana está una nueva inserción en la región, con una evidente sintonía con otros líderes progresistas como Boric o el propio Lula, pero sin sacrificar por ello la relación privilegiada con Washington. El Gobierno de Joe Biden, por lo pronto, se ha comprometido a respaldar la implementación del capítulo étnico del acuerdo de paz, uno de los más olvidados. A la espera de la nueva configuración del Congreso estadounidense, donde se definen asuntos presupuestarios que pueden llegar a afectar la cooperación con Colombia, la relación se mantiene sin grandes sobresaltos.

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