Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra

Quedarse al margen es hoy el problema político

El reto de las sociedades actuales es buscar la manera de integrar a los que quedan fuera

Pablo Iglesias es aplaudido por los diputados de su grupo parlamentario después de que el Congreso rechazara la moción de censura que habían presentado contra Mariano Rajoy.
Pablo Iglesias es aplaudido por los diputados de su grupo parlamentario después de que el Congreso rechazara la moción de censura que habían presentado contra Mariano Rajoy. EFE

Hay un poema del argentino Roberto Juarroz que comienza con estos versos: “No se trata de elegir esto o aquello. / Tampoco de sumarlo. / Se trata de llegar a la resta / que permita el encuentro”. El libro estaba ahí, al alcance de la mano, justo en el momento en que los próceres de la nación se afanaban en el Congreso con la moción de censura.

Llegar a la resta. El libro de Juarroz que estaba ahí era la Decimotercera poesía vertical; el poema, el 84. Los versos siguientes dicen: “No conocemos bien las partes de la resta. / Tampoco la forma del encuentro. / Pero en el más o el menos que resulte / se abrirá el espacio que aguardamos”.

La resta y el espacio que aguardamos, cosas raras de poeta. La moción de censura produjo una catarata de concienzudos análisis, de comentarios de todo tipo: incisivos, irónicos, tremendistas, frívolos, críticos. Hubo un candidato a la presidencia de Gobierno al que le tocaba presentar su programa. Y fueron saliendo un montón de asuntos que preocupan a los ciudadanos: la corrupción, la cuestión territorial, la desigualdad. Lo malo del espectáculo es que se sabía desde el principio lo que iba a pasar al final, y eso no siempre resulta del agrado de todos. Pero existía buena voluntad y se seguían los lances como si de aquello fuera a salir algo distinto.

Hubo al final ese momento tan significativo en que todos los políticos aplauden. Aplauden a los suyos, se aplauden a sí mismos. ¡Qué bien lo hemos hecho!: se felicitan. Es cuando se empieza a tomar en consideración la idea de la resta de Juarroz.

Esos aplausos, los de los unos a los unos, y los de los otros a los otros, revelan en esta época una fisura que es mucho mayor que la de la simple (y lógica) desavenencia entre los partidarios de unas opciones frente a las de los que prefieren unas distintas. Y es una fisura —una grieta, un abismo— que no solo se produce en España. Un poco a bulto: es como si a un lado estuvieran los que aplauden un sistema en el que les ha ido más o menos bien, y en el otro, los que celebran a quienes quieren subvertirlo, porque les ha ido peor, porque no pueden cumplir sus expectativas, porque han quedado al margen.

Pero una fisura tan honda y tan grave en sociedades que han de enfrentarse a retos mayúsculos —el terrorismo yihadista, el cambio climático, la crisis de los refugiados— no anuncia nada bueno. Lo urgente es establecer puentes, facilitar el encuentro. Y ahí viene bien la resta. Se trata de quitar. Quitar a los corruptos y a los sectarios. Quitar a los vendedores de pócimas milagrosas y a los prepotentes que lo dan ya todo por solucionado. Etcétera.

Juarroz se refería a esa “resta que permita el encuentro”. Y terminaba el poema: “Y allí, en ese espacio, / no estaremos al margen”. Y es que seguramente el desafío más urgente de todos sea justo ese: incorporar (a los jóvenes, a los parados, a los que quedaron fuera con la crisis). Sin esto, lo demás será un fiasco.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.