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Lenguaje bélico en Corea

Dada la imprevisibilidad de Trump y el fanatismo de Kim Jong-un, cabe temer que el juego de amenazas se desborde

Tillerson posa en la frontera entre las dos Coreas con oficiales de Estados Unidos y Corea del Sur. EFE

El secretario de Estado norteamericano, Rex Tillerson, no ha podido desmentir de forma más rotunda a quienes le acusaban de mantener un perfil bajo y ser un peso ligero en la Administración de Trump.

Con motivo de su visita a Corea del Sur, no ha dudado en certificar el fracaso de la estrategia diplomática seguida por las sucesivas Administraciones estadounidenses en los últimos 20 años y señalar que la paciencia de EE UU está llegando a su fin.

No le falta razón a Tillerson al señalar que tanto Kim Jong-un, el actual líder máximo de la república norcoreana, como su difunto padre, Kim Jong-il, han violado todos los acuerdos alcanzados en torno al programa nuclear de ese país. Corea del Norte no solo no ha emprendido el camino de la desnuclearización sino que sigue empeñado en construir misiles capaces de llevar sus cabezas nucleares al territorio de Estados Unidos.

El aviso de Tillerson de que “todas las opciones están encima de la mesa” (refiriéndose a la posibilidad de un ataque preventivo estadounidense sobre Corea del Norte) tiene un importante componente disuasorio: intenta advertir a Kim Jong-un de que no podrá seguir adelante sin enfrentar graves consecuencias. Pero dada la naturaleza fanática y paranoica del régimen norcoreano y la imprevisibilidad del propio Trump, cabe temer que este juego de amenazas se desborde, provocando un enfrentamiento de terribles consecuencias.

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