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España lidera el abuso de Orfidal y Trankimazin

Una encuesta a 22.000 europeos revela un uso imprudente de medicamentos con receta a espaldas del médico

Una mujer coge pastillas de lorazepam de su bolso.

Danilo González tomó durante varias semanas Rubifen, un medicamento empleado para niños con trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Pero Danilo (nombre ficticio) ni es un niño, ni tiene déficit de atención, ni sufre hiperactividad. “El Rubifen te pone a tope y te sientes más lúcido, es como la cocaína pero menos dañino en general”, explica este treintañero español. Él es una de las cientos de miles de personas que hacen un uso inapropiado de los medicamentos de prescripción en España. Son fármacos como los opioides, los estimulantes y los tranquilizantes, cuyo uso al margen del médico ya es un problema de salud pública en EE UU y empieza a conocerse en la UE.

Una encuesta a 22.000 personas de entre 12 y 49 años, en cinco países europeos, muestra ahora el alcance del desafío para las autoridades. La mayor proporción de uso inapropiado de opioides aparece en España. Un 18% de los encuestados ha recurrido a ellos al margen del médico a lo largo de su vida y casi un 7% lo ha hecho durante el último año. Los opioides son analgésicos como el tramadol y la codeína. Su uso inapropiado se puede dar cuando alguien con dolor los consigue a través de un amigo para automedicarse, pero también para su empleo en fiestas. “La codeína y el tramadol son ahora la droga chic en Rusia. Una sobredosis provoca un efecto excitante”, señala uno de los coautores del estudio, José Martínez Raga, psiquiatra del Hospital Doctor Peset de la Universidad de Valencia.

El 18% de los encuestados españoles ha consumido tranquilizantes al margen del médico

España también lidera el consumo inapropiado de sedantes, como el alprazolam (vendido con el nombre comercial de Trankimazin), el lorazepam (Orfidal), el diazepam (Valium) y el bromazepam (Lexatin). “Algunas personas los mezclan con cocaína o alcohol. Su uso es muy frecuente entre los adictos a la cocaína”, apunta Martínez Raga. El 18% de los encuestados reconoce haberlos tomado al margen del médico a lo largo de su vida y más de un 9% lo ha hecho durante el último año. El uso imprudente de fármacos de prescripción se refiere tanto a la automedicación como a su empleo para alcanzar estados de euforia.

El nuevo estudio se publica hoy en la revista especializada BMC Psychiatry, con datos de Reino Unido, Alemania, Dinamarca y Suecia, además de España. Reino Unido encabeza el consumo inadecuado de estimulantes, como el Rubifen, cuyo uso suele estar relacionado, más que con la fiesta, con un intento de aumentar la concentración para estudiar en época de exámenes. El 9% de los encuestados británicos admite haber consumido estimulantes al margen del médico a lo largo de su vida. El 4% lo ha hecho durante el último año. En España, con 5.500 encuestados, estos porcentajes alcanzan el 6,8% y el 2,4% respectivamente.

“En EE UU disponen de muchos datos sobre este fenómeno, pero hasta ahora no se había estudiado ni en España ni en el resto de Europa”, afirma Martínez Raga. Su trabajo ha calculado la proporción de ciudadanos de los cinco países que ha empleado opioides (13,5% durante su vida y 5% a lo largo del último año), tranquilizantes (11% y 6%) o estimulantes (7% y 3%) al margen del médico. El nuevo estudio está dirigido por Scott Novak, de RTI International, una organización científica estadounidense sin ánimo de lucro. En EE UU, el 20% de los encuestados ha tomado a lo largo de su vida uno de estos fármacos de prescripción.

"En las series españolas se habla de tomar Orfidal o Trankimazin como si fueran caramelos", lamenta el psiquiatra José Martínez Raga

En el abuso de estos medicamentos, como en otros temas de salud pública, el código postal es más importante que el código genético. El equipo de Novak subraya que este fenómeno es más habitual entre personas que no son de raza blanca y entre desempleados. Haber recibido una prescripción de un fármaco en el pasado también se asocia, lógicamente, a un mayor riesgo de hacer un uso inapropiado de ese medicamento. Ese riesgo es 10 veces mayor en el caso de los tranquilizantes, ocho veces mayor para los opioides y siete veces mayor para los estimulantes, si se compara con el riesgo de personas a las que nunca se les ha recetado uno de esos fármacos. Este abuso iniciado con fármacos originalmente prescritos adecuadamente se conoce como adicción iatrogénica.

Martínez Raga manda un mensaje a las autoridades sanitarias: “En España hay mucha ligereza a la hora de utilizar medicamentos. En las series españolas se habla de tomar Orfidal o Trankimazin como si fueran caramelos. Dentro de las campañas de prevención de las adicciones habría que incluir no solo el tabaco y el alcohol, sino también estos fármacos de prescripción. La adolescencia es una época fundamental. Y aquí vemos que los problemas empiezan de niños”.

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