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La cara y discreta seguridad de las estrellas de Silicon Valley

Facebook ha gastado 14 millones de euros en cinco años para proteger a Mark Zuckerberg

La protección del responsable de Amazon costó 1,4 millones en 2015, y la del de Apple, 217.000 euros

Zuckerberg corre junto a su equipo de seguridad por las calles de Berlin el pasado marzo.

Cuanto más expuesto, más caro. La factura por proteger al creador de Facebook le cuesta cada vez más a la red social. Pero no parece importar. La seguridad de Mark Zuckerberg tuvo una factura de cinco millones de dólares (unos 4,3 millones de euros) el año pasado. Cifra inferior a los 6,2 millones que pagaron en 2014 por guardaespaldas, análisis de espacios y vuelos privados. Algo que contrasta con su famoso sueldo de un dólar anual. Contar en la compañía con una figura pública tan relevante como un jefe de Estado le ha costado a Facebook casi 14 millones de euros en los últimos cinco años. Pero se muestran orgullosos por ello: “Él es sinónimo de Facebook, en consecuencia, cualquier comentario o sentimiento malicioso sobre la empresa o sus productos se transmite también a él. El señor Zuckerberg tiene que viajar con frecuencia para apoyar la misión de la empresa, que no es otra que hacer del mundo un lugar más abierto y conectado. Algo que entraña grandes riesgos de seguridad”.

Estas medidas chocan con la aparente normalidad del día a día del genio de Menlo Park. Lleva a su hija Max a natación, él mismo fue a vacunarla y mostró la imagen con orgullo en su red social a modo de ejemplo para los que cuestionan estas medidas sanitarias. Aunque cuando nació su hija, el pasado mes de diciembre, pasaron cuatro días hasta que salió a la luz su llegada al mundo y el anuncio de que él donará en vida el 99% de sus acciones a causas benéficas. Tanto en Barcelona y Berlín en febrero, como en Beijing pocas semanas después, salió a cumplir con su promesa -cada año se marca una meta- de salir a correr a diario. Aunque de manera discreta, le acompañan hasta 16 guardaespaldas por las calles.

Un despliegue que contrasta con su situación diaria en Silicon Valley. Dentro de las oficinas, que simulan una pequeña ciudad o una nave, según si es la antigua sede o el nuevo edificio, a Zuckerberg se le ve relajado, en un despacho acristalado al que llaman la pecera. Un aislamiento que él se toma con humor con un cartel que pone “no tirar cacahuetes a los monos”, en referencia a los muchos visitantes que le observan trabajar.

A pesar de su inicial temor al establecerse en Palo Alto, Zuckerberg se ha ido relajando. Hace cuatro años no solo compró su casa, sino las cuatro de alrededor y ofreció a los anteriores dueños seguir como inquilinos pagando un alquiler moderado a cambio de su discreción. Hace año y medio, debido al trabajo de su mujer Priscilla Chan, se hizo con una nueva propiedad muy cerca de Dolores Park, la zona más hipster de San Francisco, y cerca del hospital que ahora lleva el nombre de ambos tras una generosa donación. A pesar del recelo inicial, apenas hay curiosos alrededor de su vivienda.

Facebook también se toma en serio la seguridad de su número 2, Sheryl Sandberg. El año pasado apareció en la comunicación a los accionistas por primera vez. Su seguridad costó 1,25 millones de dólares (unos 900.000 euros). Nadie lo cuestiona. Sobre todo si se tiene en cuenta que en la documentación de la salida a Bolsa de la red social se especifica de manera concreta que el negocio puede peligrar si falta alguno de los directivos.

No son los únicos que engrosan las facturas de su compañía por garantizar su seguridad. Larry Ellison, fundador de Oracle, una de las grandes fortunas de Estados Unidos, al que los hijos de Steve Jobs se referían como “el amigo rico de papá” debido a su gusto por la ostentación, pasó una factura de 1,5 millones de dólares por mantenerse a salvo en 2015. La seguridad de Jeff Bezos, según la nota oficial de Amazon, se quedó en 1,6 millones de dólares (1,4 millones de euros). A Apple, en cambio, solo le costó 217.000 euros mantener a salvo a su máximo responsable Tim Cook.

Tim Cook paseando por Sun Valley, Idaho, en 2014.
Tim Cook paseando por Sun Valley, Idaho, en 2014.

Eso sí, hay una fiesta en el que la seguridad se relaja especialmente. Pasear en Halloween entre downtown Palo Alto y Atherton, dos de los barrios más selectos de la región, es una experiencia extraña. Se corta el tráfico y los niños visitan los hogares de las estrellas tecnológicas. Marissa Mayer, consejera delegada de Yahoo, se disfraza y reparte caramelos personalmente. Larry Page y Sergey Brin, fundadores de Google, abren el jardín, crean laberintos de ambiente tétrico con diferentes paradas amenizadas por acróbatas y trucos de circo. Hasta el jardín de Steve Jobs se puede pisar sin miedo a recibir una multa y Laurene Powell, su viuda, se presta a hacer trucos y bromas como si fuese un barrio más de Estados Unidos.