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OPINIÓN

Por qué la derrota de Carlos Lozano en 'Gran Hermano VIP' no eclipsará su leyenda

Aunque perdió, la participación de este hombre lujuriosamente televisivo es una oda a las segundas oportunidades en la vida

GH VIP
Carlos Lozano, con su sonrisa encantadoramente televisiva, con otras dos concursantes de 'Gran Hermano VIP 2016, Belén, y Liz.

Si le cuentas a un adolescente que en 1999 Carlos Lozano (Madrid, 53 años) evocó razonablemente a Marlon Brando en Todo sobre mi madre le resultará difícil de creer. De hecho, es posible que no sepa quién es Marlon Brando, pero seguro que conoce a Carlos Lozano. Su participación en Gran Hermano VIP ha fagocitado a los demás concursantes con los ingredientes esenciales para cualquier reality show: polémica, carisma y episodios esperpénticos que el resto de programas de la cadena puedan convertir en vídeos comentables.

Tanto Bertín como Carlos son ese amigo que te dice cómo pedir el gin-tonic, pero Carlos es también el que acaba la noche apurando los culines de las copas de los demás

Muchos cantantes venidos a menos declaran su rechazo hacia aquella canción que les hizo míticos, llenando su repertorio de nuevos temas ante la frustración de un público que solo ha ido a escuchar el hit clásico en cuestión. Carlos Lozano ha hecho todo lo contrario. Él conoce el medio y sabe para lo que le han fichado, comportándose como un animal televisivo que pone el "VIP" en Gran Hermano VIP.

Lozano ha sido el único concursante con narrativa, explotando su condición de estrella semi-acabada que por un lado tiene lo que se merece, pero por otro es sensible y vulnerable. Es casi inevitable ponerse de su lado. Él sabía perfectamente lo que estaba haciendo cuando paseaba por la casa hablando solo (acompañado del rótulo aclaratorio "CARLOS HABLA SOLO") o cuando cantaba emocionado Mi música es tu voz, aquella canción que interpretaron todos los concursantes del primer Operación Triunfo (2001), cuyo presentador fue él. Carlos sabía que los espectadores querían ver ese momento y él se lo iba a dar, reivindicando además su papel en el mayor fenómeno televisivo del siglo XXI en España, OT.

En uno de los momentos del concurso, que ha durado 99 días.
En uno de los momentos del concurso, que ha durado 99 días.

La explosión (de nuevo) de Carlos Lozano en Gran Hermano VIP coincide con el fichaje de Bertín Osborne por Telecinco. No puede ser casualidad. Ambos representan la actual resurrección del galán más ibérico, pero el carácter de Lozano es más autocompasivo y (forzadamente) empático con sus semejantes. Tanto Bertín como Carlos son ese amigo que te dice cómo pedir el gintonic, pero Carlos es también el que acaba la noche apurando los culines de las copas de los demás. O al menos de eso le acusaron sus compañeros. A medio camino entre Osborne y Jesús Vázquez, el apuesto Carlos Lozano forma parte de la memoria sentimental televisiva de este país y el público no ha querido resistirse a su encanto residual.

Durante aquel sainete que supuso la inscripción de Rosa López en Eurovisión 2002 a última hora (literalmente, pocos minutos antes de que se cerrase el plazo), Lozano demostró no tener miedo a nada cuando se puso a traducir a Pilar Tabares y al delegado de la Unión Europea de Radiodifusión. "Este es el acta", dijo Tabares. "This is the acta", aclaró Lozano sin pudor alguno. Esa disposición, con actitud de "aquí hemos venido a jugar", ha marcado el entusiasmo con el que Carlos ha conquistado a casi todos en Gran Hermano VIP. Su energía bailando el "piki-piki", a medio camino entre un cuerpo de baile de Valerio Lazarov y un cuñado borracho en una boda, levantó tantas pasiones como su obstinación por ayudar a Sema a decidir si quería ser hombre o mujer.

Cincuentón, con entradas y más sudoroso de lo que cabría esperar, Lozano afronta la segunda etapa de su vida con verdadera lujuria por la televisión

"Gracias, Súper", repetía Carlos sin parar a la menor oportunidad. Su genuina emoción al ser recibido con aplausos en una modesta rueda de prensa dentro del concurso evidenció que ante todo estaba eufórico con su recién recuperada fama reciclada. Rodeado de estrellas de papel creadas por la propia cadena, Lozano es el único concursante que ha conocido la gloria y también la crueldad del estrellato. Él se ha tomado esta segunda oportunidad como un casting de 24 horas para conseguir su propio programa. "Vas a reunirte con la gente que te quiere", consolaba a los expulsados como si fuesen David Bustamante. Carlos Lozano ha sido concursante, maestro de ceremonias, showman, galán y polemista. Por algún lado le tiene que salir trabajo. De hecho, ya le ha salido, ya que, como lo confirmó Jordi González anoche, en la final, Mediaset quiere proponerle un programa en Telecinco

Carlos Lozano con Antonia San Juan en la oscarizada película de Almodóvar, 'Todo sobre mi madre' (1999).
Carlos Lozano con Antonia San Juan en la oscarizada película de Almodóvar, 'Todo sobre mi madre' (1999).

Ni siquiera sus ramalazos machistas han perjudicado su éxito en el programa, amparados por el infalible paraguas de "es que a su generación la educaron así". A pesar de tener una novia fuera (la peruana Miriam Saavedra, de 22 años) ha cortejado a la mayoría de chicas de la casa. Cuando le preguntaron si se habría acostado con alguna de ellas en caso de estar soltero Carlos no dudó en afirmar que "sí, con todas". Todos los periodistas rieron. Al fin y al cabo, ha sido fiel a su novia y al parecer eso es lo que importa. "No te portes mal", advertía Carlos a Miriam durante una conexión. La casa de Gran Hermano, donde ya sabemos que todo se magnifica, tiene sus propias reglas y aplaudimos que Carlos dé momentos televisivos tirándole los tejos a cualquiera que pase por la cocina (por aquello de que los galanes no pueden evitarlo), pero le respetamos por no consumar nunca sus insinuaciones.

Aunque haya perdido (triunfó Laura Matamoros), no se eclipsará su leyenda. Porque hay una cosa segura: lo que sin duda se ha magnificado en esa casa es la leyenda de Carlos Lozano, forjada con entusiasmo, encanto y una autenticidad perturbadora. Son las mismas características con las que Will Smith conseguía en un episodio de El príncipe de Bel-Air entrar en Princeton resolviendo un cubo de Rubik. No es de verdad, pero nos gusta creer que sí. Cincuentón, con entradas y más sudoroso de lo que cabría esperar, Lozano afronta la segunda etapa de su vida con verdadera lujuria por la televisión. Quizá nada de lo que pasa dentro de esa caja es real, pero es toda la vida que conoce.

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