El papel del Rey

Los partidos deben negociar antes de que Felipe VI designe candidato

Felipe VI, durante la reunión con el presidente del Congreso, Patxi López, el 25 de enero.

El Rey cumplió escrupulosamente su mandato constitucional y su deber de neutralidad el pasado 2 de febrero al designar a Pedro Sánchez como candidato a la investidura a presidente del Gobierno, tras dos sesiones de consultas con los representantes de los grupos parlamentarios y dos renuncias de Mariano Rajoy a aprovechar su oportunidad como líder del partido más votado. Una vez fracasado el intento del líder socialista, las miradas se vuelven hacia Felipe VI en la reunión que celebrará mañana con el presidente del Congreso, Patxi López.

Como jefe del Estado le corresponde el papel de designar un nuevo candidato, previa consulta con los líderes políticos. Así lo establece el artículo 99 de la Constitución, que, sin embargo, no especifica ni plazos ni metodología para llevar a cabo ese mandato. El sentido común y la experiencia del último mes aconsejan que el Rey deje pasar un tiempo razonable antes de volver a convocar una nueva ronda de consultas. Un tiempo en el que los partidos políticos deben asumir su responsabilidad e intensificar los contactos en busca de un acuerdo que permita la elección de un candidato, sea el que sea.

La fragmentación del espectro político tras las elecciones del 20-D ha llevado a una situación inédita en la historia democrática española. Nunca se habían necesitado tantos apoyos diferentes para formar Gobierno y nunca había fracasado ningún candidato a la investidura. Son nuevos tiempos que exigen una actitud muy diferente de los líderes políticos, más abierta y dialogante, para cumplir con el mandato de los electores, que han determinado que no quieren mayorías absolutas y sí acuerdos amplios de gobernabilidad.

En esta tesitura, y sin negar la función que le corresponde al Rey como jefe del Estado, hay que exigir a los partidos que se presenten con los deberes hechos a la nueva ronda de consultas. En los anteriores encuentros se produjeron diversas anomalías protagonizadas por dos de los principales líderes políticos.

El presidente del Gobierno en funciones, que un día antes había dicho que iba a aceptar el mandato para la votación de investidura, dejó al Rey con los papeles (que ya estaban preparados) colgados. Por su parte, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, cometió la impostura de ofrecerse, tras la reunión con Felipe VI, a ser investido como vicepresidente del Ejecutivo con un presidente que ni siquiera había sido designado como candidato. Dos acciones imprudentes e irresponsables.

Las dos sesiones de debate sobre la investidura de Sánchez han subido el tono de la discusión y han roto casi todos los puentes para lograr una mayoría suficiente para formar Gobierno. Por eso, sería recomendable que en la reunión de mañana el Rey opte por dar un tiempo al presidente del Congreso y a los partidos para que baje la espuma de los enfrentamientos y vuelvan a sentarse a negociar.

Quedan más de siete semanas para que se cumpla el plazo límite para convocar de nuevo las elecciones y es mejor reiniciar los contactos con parte del camino andado que forzar los tiempos y repetir una investidura fallida.