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TRIBUNA

En memoria de Berta Cáceres: una mujer e indígena excepcional

En este 4 de marzo, ella debería estar celebrando su 45 cumpleaños. Berta no respira más, pero su lucha vive y miles de 'Bertas' más se levantarán para defender los derechos humanos

Berta Cáceres, a la izquierda, junto a Pedro Canales de la ADEPZA, Asociación para el Desarrollo de la Península de Zacate Grande.

Compa, aquí luchando y duro…”, me respondió Berta Cáceres cuando le pregunté cómo estaba. Eso fue el pasado lunes, justo dos días antes de su asesinato. Han pasado sólo cuatro días, pero parece que han pasado años.

Estaba en contacto con ella para mi estudio doctoral sobre el liderazgo de las mujeres indígenas en la defensa de los derechos humanos frente a mega-proyectos en América Latina.

Berta era una de esas mujeres indígenas cuyo liderazgo ha logrado romper barreras y desafiar lo que ella denominaba, con su lucidez característica, “el poder capitalista, racista y patriarcal”. Ella fue la activista que "le torció la mano al Banco Mundial y a China", tal como lo anotó la BBC en Español.

En 2015, Berta recibió el Premio Goldman, también conocido como el Nobel verde, en reconocimiento a su lucha en favor de los derechos del pueblo indígena lenca y de la madre tierra.

Bajo su liderazgo, los miembros de la organización que fundó, el Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH) y el pueblo lenca, lograron que la constructora de hidroeléctricas más grande del mundo –la compañía china Synohidro– se retirara del proyecto de construir la presa Agua Zarca en el cauce del río Gualcarque.

Berta ganó ese pulso con tan fuertes actores políticos y económicos. Ella defendió el río Gualcarque cuya importancia es vital para el pueblo lenca, ya que de él depende gran parte de su seguridad alimentaria y su identidad cultural, dos pilares de su existencia como pueblo indígena.

Pese a la retirada de Synohidro, el interés de construir esta presa hidroeléctrica siguió y con ello las amenazas e intimidaciones a Berta Cáceres y a los integrantes del COPINH. El miércoles, esta violencia cobarde que corroe a Honduras —uno de los países más violentos y con mayores niveles de pobreza y desigualdad del mundo— irrumpió en la casa de Berta para acallar su voz. Alrededor de la 1.00 de la madrugada dos hombres forzaron su entrada para acabar con su vida dándole cuatro disparos.

El nombre de Berta se unía así al de Tomás García, también de COPINH, y de otras docenas más de personas que han sido asesinadas por defender el medio ambiente, el territorio y los derechos de los pueblos indígenas en Latinoamérica. Pero la muerte de Berta no puede ser una más en esta larga lista. Ni la de Berta, ni la de nadie.

En el 2013 conocí a Berta en Tegucigalpa. Investigaba para Amnistía Internacional la situación de riesgo extremo en la que se encuentran quienes defienden los derechos humanos en Honduras. Ella me decía: “A los lenca, a los COPINHES nos dan con todo por defender nuestro río y nuestros derechos”.

Había viajado durante horas por carretera, junto con otros compañeros del COPINH, para acudir a reunirse con nuestro equipo de investigación. Pero no se la veía cansada, sino tan activa, comprometida y lúcida como siempre la vi después.

Bajo su liderazgo, se logró que la mayor constructora de hidroeléctricas del mundo –la china Synohidro– se retirara del proyecto de construir la presa Agua Zarca en el río Gualcarque

Ella fue objeto de una serie de amenazas y agresiones, incluidos dos procesos judiciales infundados en su contra. Pera esta vez fue distinto. El pasado 3 de marzo sus enemigos se aseguraron de que no volviera a respirar más, de que no volviera a alzar su voz para defender los derechos de su pueblo.

Sin embargo, como dijo su hermano horas después de su muerte: ¡"Miles de Berta Cáceres más se van a levantar!".

Se van a levantar para seguir exigiendo que se respeten y se protejan los derechos humanos. Para que, como dijo su hija Berta Isabel ayer mismo, “no se sigan financiando estos proyectos de muerte, de los que el asesinato de mi madre es uno más…”.

Siendo mujer, indígena y defensora de pueblos que han sido tradicionalmente empobrecidos y excluidos, Berta logró que se oyera la demanda de justicia, respeto y dignidad del pueblo lenca. Su vitalidad, su lucidez, su convencimiento, su compromiso y su valentía hoy están más vivos que antes. Su capacidad de seguir adelante incluso en los momentos más adversos es fuerza para avanzar para el pueblo lenca, para quienes integran el COPINH y para quienes defendemos los derechos humanos.

Que a Berta Cáceres, quien contaba con medidas cautelares de la Comisión Interamericana Derechos Humanos, el respaldo incondicional de redes y organizaciones nacionales e internacionales y a quien le habían otorgado el Nobel verde, la hayan asesinado con tal saña es una muy lamentable confirmación de la gran vulnerabilidad en la que se encuentra el pueblo lenca, el COPINH y quienes defienden los derechos humanos en Honduras.

Por ello, el Presidente de Honduras no puede simplemente salir a lamentar su asesinato como si fuera un ciudadano más. Es su responsabilidad tomar medidas efectivas para garantizar que se investigue y se lleve a los responsables tanto materiales como intelectuales del crimen ante la justicia.

También de que se proteja a quienes defienden los derechos humanos, al pueblo lenca y a sus compañeros que mantendrán levantada las banderas de su lucha y que ahora, tras la muerte de Berta Cáceres, están en un riesgo aún mayor.

Además de expresar mi dolor, indignación y solidaridad, en este 4 de marzo en el que ella debería estar celebrando su 45 cumpleaños, quiero alzar mi voz para celebrar su vida y su legado a favor de los derechos humanos. Berta no respira más, pero su lucha vive y miles de Bertas más se levantarán.

Nancy Tapias Torrado es consultora independiente, Abogada en derecho internacional de derechos humanos, género y justicia social en América Latina. Actualmente estudiante doctoral en la Universidad de Oxford, Reino Unido.

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