Un frijol con 700 millones de letras

Un grupo iberoamericano de científicos ha descifrado el genoma de este tipo de legumbre

Un plato de feijão en Brasil, una ración de huevos rancheros en México o una porción de gallo pinto en Nicaragua y Costa Rica. Todas estas comidas tienen un ingrediente en común: el frijol, también conocido como judía común o alubia mesoamericana. Cada grano de esta fuente de proteína, que consumen alrededor de 500 millones de personas en el mundo, tiene un ADN, como cualquier ser vivo. A través del estudio de la información genética de esta semilla, un grupo de científicos iberoamericanos ha logrado descubrir su genoma, coincidiendo con la celebración del Año Internacional de las Legumbres.

Frijoles de cuatro variedades distintas.

Según los investigadores, el descifrar la secuenciación de esta legumbre ayudará a mejorar los cultivos, su producción y la preservación de las variedades iberoamericanas.

Pero, ¿qué es el genoma? Es el conjunto genético (ADN) que determina las características biológicas de un ser vivo. “En el caso de la judía hablamos del tamaño de las semillas, de la forma, la rapidez del crecimiento, la resistencia a determinados parásitos, y enfermedades”, explica Roderic Guigó, coordinador de bioinformática y genómica en el Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona y colíder de la investigación.

El científico cuenta que se trabajó con hojas y semillas para extraer el material biológico. De estas muestras se extrajeron cromosomas (moléculas de ADN) para determinar su secuencia. “Este ADN es una molécula química que está constituida por la repetición muchas veces de cuatro elementos básicos, que son los nucleótidos (adenina, citosina, guanina y timina, que representan cuatro letras: A, C, G y T)”, precisa.

Guigó ilustra el hallazgo y afirma que, con un poco de imaginación, se podría decir que el genoma del frijol es una palabra de 700 millones de letras, A, C, G y T repetidas alternativamente. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, el frijol es uno de los granos que más se comen y representa el 50% de todas las legumbres que se consumen en el mundo. Este cultivo se produce en regiones y ambientes tan diversos como América Latina, África, el Medio Oriente, China, Europa, los Estados Unidos, y Canadá. En Latinoamérica, es un alimento tradicional e importante, especialmente en Brasil, México, Centroamérica y el Caribe.

El proyecto fue impulsado después de ver la importancia que tiene para los pueblos americanos, explica Alfredo Estrella-Herrera, colíder de la investigación y especialista en genética y biología molecular del Laboratorio Nacional de Genómica (Langebio) de Irapuato, en México.

Con la secuencia del genoma disponible, a partir de ahora será posible identificar las características biológicas del frijol. Esto aportará y ayudará a la producción del grano desde una perspectiva agrícola y comercial, precisa el especialista mexicano.

“Ahora se puede lograr una producción mayor, semillas más grandes, una mayor resistencia a la sequía, mayor resistencia a los parásitos. Si somos capaces de identificar en qué regiones del genoma residen esas características, podemos acelerar el proceso de creación de variedades que sean más productivas para la agricultura, para que se que produzcan frijoles de mayor calidad a un coste menor”, añade Estrella-Herrera.

El horizonte del descubrimiento es todavía lejano, según Estrella-Herrera. Lo que sigue a continuación es un análisis aún más grande que se está empezando a realizar en México. Dice que el genoma que se acaba de liberar debe servir como “molde” para comparar las variaciones genéticas de este tipo de frijol con los diferentes granos que existen en México. Es un trabajo que todavía requiere años, dice Estrella-Herrera. Sin embargo, es consciente de que el reto más grande es que los fitomejoradores, quienes llevan la producción de semillas mejoradas, sepan utilizar esta información.