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Paco León: "Soy producto de la tele y me moriré como Chanquete"

Pronto no quedará nadie que le llame Luisma. Protagoniza 'Embarazados' (hoy estreno), prepara una zarzuela y anuncia: "El 'seso er güeno"

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Ni siquiera tras el estreno de Carmina y amén consiguió tomarse un descanso. Paco León (Sevilla, 41 años) lleva dentro una fuerza centrífuga que le hace salir disparado en todas las direcciones posibles. “Soy ansiedad pura. Mis Orfidales me cuesta descansar, porque tengo mucha prisa, muchas ganas y mucho todo”, cuenta el sevillano, que acaba de estrenar (el 29 de enero) película como actor (Embarazados), el 1 de abril lo hace como director (Kiki, el amor se hace) y no sabe si luego protagonizará otro proyecto, aunque entre medias anuncia: “Dentro de esa voluntad de no aburrir y no aburrirme, voy a hacer una zarzuela dirigida por Miguel del Arco, ¿cómo te quedas? No soy de los que espera a que suene el teléfono. Soy hiperactivo y me autogestiono. Cuando hay proyectos, bien, y si no, me los invento”.

En Embarazados no hace de mujer, ni de entrañable extoxicómano, sino de varón en las postrimerías de la treintena con unos espermatozoides tan perezosos a la hora de enfrentarse a la paternidad como él mismo. De esos hay muchos.

He tenido que interpretar a una persona completamente normal, algo a lo que no estoy acostumbrado, así que he trabajado a un nivel interpretativo no explorado. Lo que pasa es que mi chica es una de las guionistas, y la directora, Juana Macías, es amiga, así que ha sido un proyecto muy familiar. Me lo propusieron y me parecía que tenía un temazo, todo eso de los padres tardíos, que les dan galletitas de fructosa a sus hijos y les abren un Pinterest.

Me hace gracia que me vean como una folclórica. Vine de Sevilla a Madrid sólo porque aquí es donde más trabajo hay. Pero, ¿conoces a mi hermana? Si yo soy así, ella es un maricón de 50 años en el cuerpo de una de 30

Usted mismo pasea a su hija [Manuela, de cinco años] en un carrito Bugaboo. Y a día de hoy, quien no tiene uno no es nadie. Y sobre eso precisamente trata la película. Ojalá fuera un exitazo y pudiésemos hacer una segunda parte, ya no sobre el embarazo sino sobre la maternidad-paternidad en sí. Madre mía. Hay que desmitificarlo porque realmente es durísimo. Por mucho que te avisen, es inevitable que cuando te encuentras con todo el pastel pienses: “A mí nadie me había dicho nada de esto”.

Su siguiente proyecto tras la cámara, la comedia sexual Kiki, el amor se hace, es una película de encargo. No es que ande usted a vueltas con el sexo. Viniese de donde viniese, la iba a aceptar porque la vi como algo cercano, interesante y que podía hacer mío. Es una película muy vital, descarada y disfrutona, que no deja de ser una comedia romántica porque, al final, la componen cinco historias de amor.

¿Resulta más productivo entonces tomarse el sexo en clave de humor? Aquí desde luego se trata de un enfoque nada oscuro. Si tiene el subtítulo de El amor se hace es porque apunta en la dirección de que el sexo es el lenguaje universal que nos salva de todo. El seso er güeno. Hay que quererse, que estamos aquí tres días, así que mejor rocémonos. En ese sentido, el mensaje de la película es el de “haz el amor y no la guerra”, algo bastante hippy que a mí me sigue pareciendo subversivo.

¿Y cómo ve el asunto del sexo hoy en día gracias o por culpa de las aplicaciones para ligar? Porque está claro que las reglas del juego han cambiado. Ahora mismo estamos como niños con juguete nuevo, disfrutando de todos esos medios. Es verdad que ha cambiado el ritual. Ya no hace falta ir a un bar a echar horas para ligar, o que un amigo haga de intermediario presentándote a alguien que cree que te puede gustar, pero la esencia es la misma. Supongo que hay más oportunidades. Y a mí, si hay más interacción, me parece bueno. Si la gente folla más, pues olé.

Dentro de esa voluntad de no aburrir y no aburrirme, voy a hacer una zarzuela dirigida por Miguel del Arco, ¿cómo te quedas?"

En su inevitable comparación con Almodóvar late el retrato costumbrista. A usted no le duele España. Siempre me acuerdo de la canción de Mecano esa de “a mi me tocó nacer en Madrid y no es un trauma ni un orgullo para mí porque no me dejaron elegir”. Soy mucho de “con mi familia me meto yo, no tú”. Y para mí, lo más honesto es hablar de lo que tienes cerca, por eso creo que, cuanto más particular seas, más universal resultas y, cuanto más básico, más moderno. No intento hacer juicios de valor sino instantáneas sociales. Cuando me dicen que Carmina es muy española, pues pienso: “Será”.

Incluso hablando, usted es mucho de esa manera de sentenciar que tienen las folclóricas. Es que me he reconciliado mucho con mis raíces a partir de las Carminas. No es que me viniera a Madrid huyendo de Sevilla para vivir el sueño de la capital sino porque aquí es donde más trabajo hay. Y luego es que hay una edad en la que uno vuelve. Cuando eres joven quieres ser todo lo contrario de tus padres, pero llega un momento en el que dices: “No, es que soy ellos. No es que me parezca, es que lo soy, a nivel genético, celular. Cómo pongo la mano, cómo hablo…”. Y eso es sano. Pero me hace gracia que me vea así. ¿Conoce a mi hermana [la actriz María León]? Porque si yo soy así, ella directamente es un maricón de 50 años metido en el cuerpo de una de 30.

¿Por qué ya no se traviste? Con lo guapa que salía con sus personajes de Homo Zapping. Yo es que de mujer gano. Pero no, ya no me queda tan bien la pestaña postiza. No me veo ya, me da mucha pereza. Además, creo que hay que matar a los Frankenstein porque si no todavía podría estar haciendo de Raquel Revuelta o del Luisma perfectamente.

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Paco León posa con traje Acne para Mini, camiseta Diesel y gafas Persol.

Y al Luisma, ¿lo ha matado ya socialmente? Es heavy lo que voy a decir, pero depende del nivel cultural de la gente. Los que sólo ven televisión me identifican con el Luisma aunque sepan que me llamo Paco León. Y para la gente que lee revistas o va al cine soy Paco León. Pero no me peleo con ninguna de las cosas. Yo soy producto de la tele y me moriré como Chanquete.

Después de haber contado la historia de su familia, ¿le ronda alguna otra por la cabeza? He abierto tantos campos que reconozco que ahora mismo no sé por dónde tirar. Hay tantas opciones que de repente se me hace bola. Me da mucha nostalgia lo de la primera Carmina, la verdad, lo de trabajar el low cost.

¿Ese low cost de la primera no fue un camino para poder ser más ambicioso en la segunda? No te creas, yo volvería gustoso a aquello. Para mí, el verdadero lujo no es el dinero sino la libertad. Esto me ha quedado de titular de aplauso, ¿eh? No, lo pienso de verdad. El auténtico lujo es hacer lo que te dé la gana. Yo no me puedo quejar porque lo hago en un porcentaje muy alto, pero quiero hacerlo más. Tengo proyectos muy chulos en mente pero que no puedo hacer porque son muy caros o porque todavía no me dan el crédito artístico de decir: “A este, lo que pida”.

Y su familia, ¿qué tal tras la catarsis de las Carminas? Se ha naturalizado todo mucho. Primero, porque ha nacido una estrella, que es mi madre, que no te creas que está recogidita en casa. Está haciendo Allí abajo (Antena 3) con mi hermana, acabamos de rodar un anuncio dirigido por mí y protagonizado por ella y ahora en enero lanzamos un canal de YouTube.

“Soy vanidoso, pero voy al límite, provoco.

No soy políticamente correcto, y el gamberreo me da mucho morbo. Pero luego soy bastante tímido. Por eso hago cosas desde mi profesión o las redes que en persona nunca haría

¿Y si su madre se hace más famosa que usted? Ya lo es. Al menos, en Sevilla. Cuando vamos juntos y nos para un fan por la calle, este me pide a mí que les saque una foto juntos, no que salga yo en ella. Y hacemos sesiones fotográficas y rodajes y todo, pero siempre a nuestra manera. No te creas que mi madre deja de fumar en ningún plató.

Es que las señoras a cierta edad son ingobernables. Eso sí que es libertad.

Hablando de libertad, usted no sólo nos ha puesto en bandeja su universo personal, sino que no tiene ningún pudor a la hora de mostrarse en otro sentido más prosaico, el del desnudo. Se quita la ropa muy alegremente para celebrar el aumento de seguidores en Twitter o Instagram. Me sorprende que lo sigan considerando noticiable porque es algo muy sano que no compromete mi libertad personal. A mí, como vanidoso que soy, me preocupa mucho lo que piensen de mí, pero también quiero ser honesto. Y en esa honestidad está el descaro y el “me da igual”. Voy al límite, provoco. No soy políticamente correcto, y el gamberreo me da mucho morbo. Pero luego soy bastante tímido. Por eso hago esas cosas desde mi profesión o las redes que en persona nunca haría.

Y todo eso sin haber sacrificado su vida privada por el camino. Es que intento ser muy generoso en un sentido para ser muy rácano en otro.

Y la gente se lo consiente. Lo íntimo lo puedo hacer público, pero lo privado está en otro paquete distinto.

 

Maquillaje y peluquería: Kley Kafé (COOL) para Bioderma y Kérastase. Agradecimientos: Bar Corazón (C/ Valverde, 44. Madrid). Producción Mayca Márquez.

 

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