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Es la pasta, idiota

A Mas y a los suyos les da igual si te sientes catalán o español. Lo que les importa

es que votes por su independencia

Una de las causas del aumento del independentismo en Cataluña es el despiste y la indigencia argumental de muchos detractores públicos del independentismo. Esta gente comete a menudo dos errores –disculpen que por una vez no me incluya en el pelotón de los torpes: no se repetirá–. El primero consiste en pensar que todos los independentistas catalanes son tontos, una panda de pueblerinos encerrados en el famoso narcisismo de la diferencia de Freud y la famosa nostalgia de la tribu de Popper, unos provincianos a quienes sólo cabe mirar con un rictus de suficiencia desde nuestra atalaya cosmopolita. El segundo error es un complemento del primero: consiste en pensar que las razones del independentismo son sobre todo de identidad, culturales y lingüísticas, y que todo esto va de si nos sentimos catalanes o españoles (o más catalanes que españoles o más españoles que catalanes), de si la cultura catalana puede manifestarse con plenitud y de si el catalán está o no oprimido en Cataluña. Bobadas.

Una de las causas del aumento del independentismo es el despiste y la indigencia argumental de muchos detractores públicos

Todo esto va de la pasta. ¿Alguien piensa que Artur Mas y los suyos se han convertido de un día para otro al independentismo y han montado el pollo que han montado porque consideran que la lengua catalana está en peligro o que corre riesgo el acervo cultural catalán o que ya no se puede ser catalán en Cataluña? Hay desde hace mucho en Cataluña independentistas que, con razón o sin ella, piensan ese tipo de cosas, pero ¿Mas? Según todos los indicios, a Mas y los suyos esas cosas se la soplan; pero, contra lo que creen algunos de sus críticos, son cualquier cosa menos tontos (y más cosmopolitas que muchos): de Jordi Pujol aprendieron que, para mantenerse en el poder en Cataluña, hay que atribuir todo lo bueno a Cataluña y todo lo malo a España, pero también que la identidad, la cultura y la lengua – en las que Pujol creía de verdad, al menos al principio– son la fachada perfecta de sus intereses y los mejores banderines de enganche para los idealistas. Algunos de estos sueñan con una Cataluña donde se hable sólo catalán y se pueda ser sólo catalán, pero Mas y Junqueras ya han dicho que una Cataluña independiente sería bilingüe y que harán lo posible para que, en ella, conservemos la ciudadanía española. Yo les creo, sobre todo a Mas y los suyos, a quienes –como a casi cualquier poder– sólo interesan la cultura, la lengua y la identidad como instrumentos para conseguir todo el poder: en cuanto lo tengan, dejarán de interesarse por ellos (o se acordarán otra vez de ellos sólo cuando vuelvan a serles útiles, cosa que es difícil que ocurra con la lengua).

Así que basta ya de dar la lata con el conflicto lingüístico, por favor: es un conflicto artificial, inventado; no puede haber un conflicto real entre dos lenguas que, como el catalán y el castellano –o el francés o el italiano o el portugués–, en el fondo son la misma lengua: latín mal hablado. Y basta ya de dar la lata con todo lo demás. Se trata, repito, de la pasta: a Mas y los suyos les da igual si hablas o escribes en catalán o en castellano, si te sientes catalán o español y si te importa un rábano la cultura catalana; lo que les importa es que votes por su independencia; lo que les importa es poder cerrar la barraca. España, no hay duda, es un país corrupto; pero Cataluña no: Cataluña es una cleptocracia. Esta disparidad se explica en parte porque cuando el PP se corrompe, el PSOE lo denuncia, y cuando se corrompe el PSOE, lo denuncia el PP; en Cataluña no: aquí, como sabemos desde Banca Catalana, quien denunciaba la corrupción de Pujol y los suyos, quien denuncia la de Mas y los suyos, no ataca a Mas o Pujol, sino a Cataluña. Por desgracia para Pujol, Mas y los suyos, la cleptocracia no ha sido perfecta y algunos jueces españoles han venido a incordiar; solución, pensaron los cleptócratas: nos independizamos, cerramos la barraca y lo controlamos todo, empezando por los jueces. Y colorín colorado etcétera.

Así que basta ya de dar la lata con el conflicto lingüístico, por favor: es un conflicto artificial

Exagero. Ya sé que todo es más complejo y que no todos los independentistas son como Mas y los suyos y que hay razones respetables para el descontento, aunque nada que no pueda arreglarse con una buena negociación. Ya lo sé. Pero, por favor, detractores del independentismo, dejemos de hablar de lo que no es y hablemos de lo que es. Y lo que es es la pasta.

elpaissemanal@elpais.es