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Ni pies ni cabeza

En el medio marino podemos encontrar muchos animales anatómicamente asombrosos

¿Por qué asociamos el concepto de vida animal con la capacidad de movimiento de un organismo?

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, “animal es un ser orgánico que vive, siente y se mueve por propio impulso”. Por tanto, una de las características intrínsecas de los animales es su capacidad de realizar movimientos y de desplazarse, pero sobre esto hay que hacer algunas consideraciones.

La locomoción no es un atributo específico del reino animal, puesto que muchas de las especies que pertenecen al reino de los protistas también lo poseen. Se trata de un un grupo muy amplio de organismos que no pueden incluirse entre los animales, plantas u hongos. En él predominan los seres unicelulares, muchos de los cuales pueden desplazarse activamente mediante cilios, flagelos o seudópodos.

En el ambiente seco del medio terrestre, una hipotética especie animal cuyos individuos carecieran de la capacidad de movimiento activo tendría muy difícil la supervivencia. La imposibilidad de moverse, por ejemplo, para ir a buscar el alimento necesario, encontrar a otros individuos y reproducirse, huir en situaciones de peligro o buscar las condiciones ambientales más adecuadas, impediría que pudieran desarrollar un ciclo vital normal y, probablemente, acabarían desapareciendo.

El medio acuático es distinto. Por sus propiedades físicas el agua puede transportar partículas en suspensión y muchas substancias disueltas, entre ellas gases como el oxígeno o el dióxido de carbono. Esto es un factor clave para entender muchos aspectos de la vida marina.

En el ambiente seco del medio terrestre, una hipotética especie animal cuyos individuos carecieran de la capacidad de movimiento activo tendría muy difícil la supervivencia

Al igual que los terrestres, muchos animales marinos de vida libre tienen capacidad para desplazarse de un sitio a otro. No obstante, el medio acuático también permite la existencia de organismos que están permanentemente unidos al fondo.

Algunos de ellos tienen estructuras corporales muy simples; un buen ejemplo son las esponjas, los corales, las anémonas o las gorgonias. Éstos son animales pluricelulares muy primitivos. Comparados con otros organismos su estructura es muy simple y, en todos los casos, carecen de una cabeza o de una región cefálica y de elementos que les permitan desplazarse. Aparentemente podríamos decir que no tienen ni pies ni cabeza.

Estos animales viven unidos permanentemente al sustrato, es decir, son sésiles. Se les puede encontrar adheridos a una roca del fondo, a algas o a la concha de un animal. Tan solo en algunos casos, como en las anémonas, pueden realizar algunos desplazamientos muy cortos. A pesar de su simplicidad pueden llegar a construir estructuras tan grandes y complejas como los arrecifes de coral, algunos de centenares de kilómetros de longitud.

La circulación del agua

Alrededor de los organismos se produce una circulación continua de agua debido a la presencia de corrientes de mayor o menor intensidad. Esto permite que el medio se renueve continuamente y facilita la llegada de alimentos, de pequeñas presas y del oxígeno necesario para respirar. Simultáneamente el agua dispersa los excrementos, los restos metabólicos y los gases producidos por la respiración.

La eficacia de estos mecanismos ha hecho que especies acuáticas pertenecientes a otros grupos zoológicos más evolucionados también se hayan adaptado a la vida inmóvil, es el caso de ciertos moluscos, entre ellos muchos bivalvos, o de algunos tunicados, como las ascidias.

En muchas especies sésiles, tan solo las larvas poseen capacidad de locomoción. Es el periodo de su ciclo vital en el que tienen vida libre y durante el cual suelen estar formando parte del plancton. Aquí pueden desplazarse de una manera más o menos activa, pero siempre están dentro de las grandes masas de agua que se mueven por efecto de las corrientes marinas.

Estos animales viven unidos permanentemente al sustrato. Se les puede encontrar adheridos a una roca del fondo, a algas o a la concha de un animal

Pasado un cierto tiempo o cuando se dan las condiciones favorables estas larvas se dirigen hacia el fondo donde buscarán un sustrato al que fijarse y al que van a permanecer unidas de una manera más o menos permanente. Mediante procesos de metamorfosis acabarán transformándose en individuos adultos

Tal como vemos, el medio acuático permite que no todos los animales sean móviles y que, como el caso de muchos protistas, haya organismos móviles que no sean animales.

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