OPINIÓN

Nuestra gran apuesta de futuro

En los próximos 15 años, la vida de los habitantes de los países pobres del planeta mejorará como nunca antes.

Así lo afirman en su Carta Anual, Bill y Melinda Gates, en la que repasan los mayores logros en salud, agricultura, educación o innovación tecnológica

Un recién nacido en el hospital Rey Balduino de Dakar, capital de Senegal.

Hace 40 años, Bill y su amigo de la infancia Paul Allen apostaron por desarrollar un sistema operativo para ordenadores personales que iba a cambiar la forma de trabajar y jugar en todo el mundo. En realidad, aquello no era exactamente una apuesta. Fue una oportunidad de crear una empresa que conquistó a la gente por la magia de su software. Algunos pensaban que estaban locos. Pero su apuesta resultó ganadora.

Hace 15 años, nosotros hicimos una apuesta similar. En 2000, creamos una fundación con la idea de que, introduciendo medidas innovadoras en salud y educación, ayudaríamos a reducir drásticamente la desigualdad. Desde entonces hemos conseguido logros increíbles y estimulantes. Tanto que ahora queremos redoblar la apuesta de hace 15 años y fijar objetivos ambiciosos para los próximos 15.

Nuestra gran apuesta. En los próximos 15 años, la vida de los habitantes de los países pobres mejorará más rápido que nunca antes en la historia. Y sus vidas mejorarán más que las de cualquiera.

Tenemos ante nosotros una gran oportunidad y queremos aprovecharla al máximo. En esta apuesta estamos poniendo en juego nuestra credibilidad, nuestro tiempo y nuestro dinero —y pidiéndoles a otros que se sumen—, porque creemos que nunca hubo un tiempo mejor para acelerar el progreso e impactar todo el mundo.

Algunos dirán que estamos actuando de forma irracional. Un escéptico podría detenerse en los problemas del mundo y concluir que las cosas solo van a peor. Y nosotros no deberíamos perder de vista el hecho de que un puñado de los países en peor situación continuarán sufriendo.

Sin embargo, creemos que en los próximos 15 años veremos grandes avances para la mayoría de la población de los países pobres, pues vivirán más años y gozarán de mejor salud. Además, tendrán una oportunidad sin precedentes de recibir educación, alimentarse mejor y beneficiarse de los servicios bancarios a través de dispositivos móviles. Todos estos increíbles avances llegarán de la mano de la innovación y la tecnología —desde nuevas vacunas y cultivos más resistentes hasta smartphones y tabletas más económicas—, y es la innovación la que facilitará el acceso de estos productos a un mayor número de personas.

Cabe preguntarse si el progreso que predecimos se vendrá abajo a causa del cambio climático

Los países ricos continuará experimentando nuevos e increíbles avances, sí, pero las mejoras en las vidas de las personas pobres serán más cruciales, básicas para una vida saludable y productiva. Es estupendo que en los países ricos más gente pueda ver películas en pantallas de súper-alta definición. Pero aún lo es más que un mayor número de padres de países pobres sepan que sus hijos no van a morir.

Por otro lado, es justo preguntarse si el progreso que ahora estamos prediciendo se vendrá abajo a causa del cambio climático. Los considerables daños que éste causa durarán más de 15 años, la amenaza a largo plazo es tan seria que se deberían tomar medidas contundentes —de inmediato— para desarrollar fuentes de energía más baratas que puedan satisfacer la demanda de la población mundial y reducir a cero las emisiones de gases de efecto invernadero. Los próximos 15 años serán decisivos para poner en marcha esas fuentes de energía antes de que los efectos del cambio climático sean más graves. Bill está invirtiendo su tiempo en ese trabajo (no a través de nuestra Fundación), y continuará hablando sobre este tema.

Estamos ansiosos por ver cómo será ese mundo mejor dentro de 15 años. A continuación presentamos algunos de los avances que creemos se van a producir.

AVANCES

Salud

- Las muertes de niños se reducirán a la mitad y se erradicarán más enfermedades que nunca

Hasta hace bien poco, el mundo estaba dividido en dos.

En una mitad, la práctica totalidad de los niños estaban inmunizados, bien alimentados y disponían de tratamientos adecuados para las enfermedades comunes, como la diarrea y la neumonía. En esa parte del mundo, el número de ellos que moría antes de cumplir cinco años estaba muy por debajo del 1%.

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Mapa de la mortalidad infantil.

Y luego estaba el otro medio.

Aquí, la cobertura de vacunación era en el mejor de los casos irregular. Los pequeños sufrían malnutrición y quedaban sin tratamiento las enfermedades infantiles más corrientes. Alrededor del 15% de estos niños moría antes de cumplir los cinco años. En algunos países el porcentaje era aún mayor.

Cuando empezamos con nuestra Fundación, buscábamos medidas estratégicas que ayudaran a reducir la desigualdad entre esas dos mitades. Pensábamos que si añadíamos más innovación para intentar salvar las vidas de los niños pobres —por ejemplo, prácticamente la misma innovación que se dedica para fabricar ordenadores cada vez más pequeños y rápidos—, podríamos conseguir importantes avances.

Ahora, cuando observamos el progreso mundial logrado durante la última generación, desde 1990, sabemos que la equidad sanitaria global es un objetivo alcanzable. El aumento de inversiones en materia de atención sanitaria ha dado lugar a una mayor cobertura de vacunas y de tratamientos disponibles. Asimismo, impulsando programas de investigación y desarrollo se han conseguido producir nuevas vacunas y tratamientos. El porcentaje de niños que mueren antes de cumplir cinco años se ha reducido a la mitad.

Prevemos que en los próximos tres lustros estos logros aumentarán significativamente. El mundo va a experimentar un progreso sin precedentes en la salud global.

Estos son algunos de los increíbles avances que ya están al alcance de la otra mitad del mundo.

- Volver a reducir a la mitad el número de niños que mueren antes de cumplir cinco años

En 1990, uno de cada diez niños fallecía antes de cumplir cinco años. Actualmente, lo hace uno de cada 20. Y en 2030, será uno de cada 40. Casi todos los países contarán con programas de inmunización para administrar vacunas contra la diarrea y la neumonía, dos de las principales causas de mortalidad infantil. La mejora del saneamiento —mediante sencillas medidas como lavarse las manos, así como la instalación de nuevos inodoros diseñados especialmente para las regiones más pobres—, disminuirá de forma drástica la expansión de enfermedades. Y estamos estudiando cómo ayudar a más madres a adoptar prácticas como la lactancia natural y el contacto piel con piel con sus bebés para prevenir la muerte de los recién nacidos en su primer mes de vida (las muertes de los recién nacidos se han reducido a un ritmo más lento que los fallecimientos de los niños de más edad y actualmente representan casi la mitad de todas las muertes infantiles). En los últimos 25 años, muchos países pobres han construido sistemas sanitarios sólidos y en los próximos 15 otros países seguirán su ejemplo y facilitarán mejores cuidados sanitarios —y de mayor calidad— a los recién nacidos y a los niños pequeños. En última instancia, esto significará que millones de personas que podrían engrosar la lista de muertos, seguirán vivas y desarrollándose.

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Tanzania. Fatuma (en el centro), quien perdio a su bebé poco después del parto, posa junto a otros miembros de su familia. La mortalidad infantil en el país es muy elevada: 26 de cada mil nacidos muere en el pirmer día de vida.

- Reducir en casi dos tercios el número de mujeres que mueren de parto

En países de todo el mundo, cada vez hay más mujeres que dan a luz en centros de salud en lugar de en su casa. Desde 2005, por ejemplo, el número de madres que parieron en instalaciones sanitarias en Ruanda, aumentó del 31% al 72%. Y en Camboya, creció del 20% al 57%. Si continuamos asegurándonos de que el personal sanitario de estos centros esté bien entrenado y disponga del material apropiado, podremos aprovechar esta tendencia global y conseguir que las mujeres de todo el mundo traigan a sus hijos al mundo de forma mucho más segura. Es más, la mortalidad materna se reducirá a medida que más mujeres tengan acceso a los anticonceptivos y a información sobre la necesidad de mantener un intervalo de tiempo entre los embarazos. Cuanto mayor sea este, menor será el de las muertes maternas.

- Eliminar de la faz de la tierra la poliomielitis y otras tres enfermedades

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Una niña recibe una dosis oral de la vacuna contra la polio, en Somalia, en septiembre de 2013, en el marco de una campaña de inmunización en el país después de que en mayo de ese año se conociera el primer contagio desde 2007.

Eliminar una enfermedad es algo muy díficil de conseguir. Tanto, de hecho, que solo ha sucedido una vez a lo largo de la historia, cuando se logró erradicar la viruela en 1980. Pero si continuamos redoblando nuestros esfuerzos, de aquí a 2030 conseguiremos que desaparezcan cuatro enfermedades. Este año podremos erradicar la polio en África y lo mismo sucederá en todos los países del mundo en los próximos años. El gusano de Guinea, una enfermedad muy dolorosa que deja inválidos durante meses a los enfermos que la padecen a causa de larvas que pueden medir varios pies de largo y llegan hasta las piernas, también desaparecerá pronto gracias en gran medida al liderazgo del presidente Jimmy Carter y del Carter Center. También seremos testigos de la desaparición de otras dolencias como la elefantiasis y la oncocercosis o ceguera de los ríos, las cuales afectan a decenas de millones de personas en los países menos desarrollados. Con el fin de acabar con estas afecciones, las empresas farmacéuticas están actualmente donando grandes cantidades de medicamentos que se están utilizando de manera estratégica gracias a los avances en mapeo digital que muestran las zonas de prevalencia o mayor incidencia. El año pasado, 800 millones de personas se beneficiaron de estas medicinas gratuitas.

- Descubrir el secreto para destruir la malaria

No nos resultará posible erradicar completamente la malaria en 2030, pero tendremos todas las herramientas necesarias para hacerlo. Entre ellos, contaremos con una vacuna que impida a las personas que la padecen contagiarla a los mosquitos a través de la picadura, un tratamiento en una dosis única que elimina totalmente al parásito del cuerpo humano y una prueba diagnóstica que puede detectar de inmediato si una persona está infectada. Las primeras versiones de esta vacuna se encuentran actualmente en desarrollo. En 15 años estaremos en condiciones de enviar a la malaria por el mismo camino por el que se fue la viruela y se irá la poliomielitis.

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Incidencia de la malaria en el mundo

- Alcanzar un punto de inflexión con el VIH

Mientras progresamos hacia una vacuna contra el VIH o una cura definitiva, el número de personas que reciba un tratamiento en África subsahariana superará finalmente el número de nuevas infecciones. Cuando lleguemos a ese punto en la región donde se producen más casos de transmisión de VIH en el mundo, el número de ellos comenzará a reducirse globalmente por vez primera desde que la enfermedad fue descubierta hace ya más de 30 años.

Esta lista (parcial) de avances alcanzados retrata bien el progreso registrado en tan solo 15 años. La vida mejorará, más rápidamente, porque el número de innovaciones accesibles a las personas pobres será mayor que nunca antes.

Agricultura

- África tendrá capacidad para alimentarse a sí misma

Cada segundo que Joyce Sandiya no dedica a atender sus cultivos, lo emplea en acudir a la iglesia como voluntaria. Por eso, cuando Melinda visitó Tanzania en 2012, Joyce se dirigió a ella hablándole como un predicador que lanza su sermón. Aquel año, era el primero en que Joyce plantaba un nuevo tipo de semilla de maíz, preparada para soportar la sequía. Cuando esta llegó, la mayor parte de su cosecha se marchitó y murió, pero el maíz fue más productivo que nunca. Vendió el excedente para comprar frijoles, verduras y otros alimentos nutritivos para su familia, y hasta le sobró para pagar la matrícula escolar de sus hijos. “Esta semilla”, decía, “simboliza la diferencia entre hambre y prosperidad”.

La historia de Joyce, multiplicada por cientos de millones de agricultores africanos, demuestra cuán importante es la innovación en la agricultura.

Si continuamos redoblando nuestros esfuerzos, de aquí a 2030 conseguiremos que desaparezcan cuatro enfermedades

Siete de cada diez personas que viven en África subsahariana son agricultores (en Estados Unidos, la proporción es dos de cada cien). Y sin embargo, África depende de las importaciones y de la ayuda alimentaria para abastecerse. A pesar de ser el continente más pobre del mundo, gasta cerca 50.000 millones de dólares al año en comprar alimentos a los países ricos.

Esta situación se debe en parte a que los agricultores africanos obtienen solo una parte de los rendimientos que consiguen los agricultores estadounidenses. Por ejemplo, el rendimiento medio aproximado del maíz en África es de 30 bushels por acre (762 kilos por 4.047 metros cuadrados). En Estados Unidos, es cinco veces mayor.

Existe además un problema añadido. La comida de la mayoría de los africanos no es suficientemente variada o nutritiva para una dieta saludable. Muchos africanos comen casi exclusivamente alimentos a base de fécula —maíz, arroz o mandioca—. Como consecuencia, la malnutrición campa a sus anchas por un continente de agricultores, afecta al desarrolo cognitivo y físico y, por ende, a todo, desde la mortalidad infantil hasta el aprendizaje en la escuela o la productividad laboral en las ciudades.

En los próximos 15 años, sin embargo, las innovaciones agrícolas conseguirán acabar con esta cruel ironía. En el mundo ya se producen mejores fertilizantes, se logran cultivos hortícolas más productivos, nutritivos y resistentes a las enfermedades y las sequías. Si los agricultores africanos tienen acceso a estas y otras tecnologías existentes, podrán teóricamente duplicar sus rendimientos. Con una mayor productividad, también serán capaces de cultivar una gran variedad de alimentos, vender los excedentes y comprar verduras, huevos, leche y carne para complementar la dieta de su familia. Con las inversiones adecuadas, podremos proporcionar a suficientes granjeros de África la información e innovación necesarias como para que la productividad aumente en el continente alrededor de un 50%.

La extensión agrícola, proceso por el cual los agricultores obtienen información —sobre qué semillas plantar, cómo rotar los cultivos para mejorar las condiciones del suelo, cómo conseguir los mejores precios en el mercado— es un sistema complicado y costoso. Tradicionalmente, se requieren expertos en agricultura con alta cualificación que conozcan el lenguaje local y los cultivos más convenientes para cada región. Este sistema está orientado sobre todo a los hombres (por ejemplo, se centra en los cultivos que ellos tienden a plantar), a pesar de que en África las mujeres representan por lo menos la mitad de la mano de obra agrícola. Es por esta razón, por la que las agricultoras no son tan productivas como los hombres, aun teniendo un acceso similar a las semillas y los fertilizantes. Por tanto, invertir en este proceso que ayuda a cada vez más agricultores en más lugares —tanto mujeres como hombres, de pequeños propietarios a comerciantes— es la única manera de obtener el máximo beneficio de la innovación. Una de las tendencias más prometedoras es que, a medida que los granjeros poseen más teléfonos móviles, disponen de mayor capacidad para recibir todo tipo de información —desde datos meteorológicos hasta los precios diarios del mercado—, vía mensajes de texto.

Campesinos tanzanos interactúan con el móvil en un programa de radio agrícola. Este les proporciona la información necesaria sobre precios y el beneficio que podrán obtener por sus cosechas, algo que de lo contrario no conocerían hasta ir al mercado a venderlas, en ocasiones a decenas de kilómetros de su lugar de trabajo.

Debemos llegar al mayor número posible de agricultores ya que estos se enfrentan a desafíos cada vez más difíciles. El incremento de la población en África significa que habrá 200 millones de personas más que alimentar. Con el tiempo, y debido al fenómeno del calentamiento global, practicar la agricultura será una tarea cada vez más complicada, ya que habrá mayor riesgo de sequías e inundaciones. Las variaciones climáticas traerán consigo cosechas abundantes y cosechas pobres, por lo cual resulta crucial el hecho de aumentar la productividad y mejorar el almacenamiento. Si los agricultores pueden cultivar y almacenar más alimentos, estarán en mejores condiciones de sortear la época de vacas flacas.

Aparte de la productividad, hay otros obstáculos que impiden a África alimentarse a sí misma. La falta de infraestructuras en todo el continente, por ejemplo, significa que es prácticamente imposible transportar alimentos allí donde se necesitan (uno de los casos más extremos es el de la República Democrática del Congo, un país que tiene el mismo tamaño que Europa occidental y una población de más de 60 millones de habitantes. Y sin embargo, tiene menos de 3.000 kilómetros de carreteras asfaltadas, la misma cantidad de vías que cualquier ciudad de tamaño medio de Europa occidental). El comercio dentro del país puede resultar tan difícil que a menudo es más sencillo transportar los alimentos desde otros continentes que desde unos cientos de kilómetros.

Pero se están construyendo mejores carreteras. En Ghana se ha ampliado recientemente la carretera que une el corazón agrícola del país con el aeropuerto y los puertos marítimos, reduciendo considerablemente el tiempo de viaje entre esos puntos. Y Senegal ha eliminado los frecuentes puestos de control que tanto dificultaban el transporte por carretera.

Cultivando alimentos más nutritivos y variados y llevándolos a quienes lo necesitan en el momento adecuado, África puede alcanzar la seguridad alimentaria en 2030. Todavía importará comida cuando tenga sentido pero exportará mucho más, pudiendo llegar a conseguir una balanza comercial positiva. Las hambrunas golpearán con menos frecuencia al continente, y cuando lo hagan, serán los propios países africanos los que se ocuparán de dar una respuesta.

Uno de los actuales memes sobre el desarrollo que más se repite es “África avanza”. Las mejoras que se consigan en la agricultura, la espina dorsal de la economía africana, traerán consigo una importante reducción de la pobreza y mejorarán la vida del continente.

Operaciones bancarias

A pesar de ser el continente más pobre, África gasta cerca de 50.000 millones de dólares al año en comprar alimentos a países ricos

- Las operaciones bancarias a través de dispositivos móviles transformarán por completo la vida de las personas más pobres

Manejar las finanzas es un asunto muy complicado para los más necesitados. El interesante proyecto The Kenya Financial Diaries recopila durante un año los relatos de cientos de kenianos sobre esta materia. Cuenta innumerables historias de personas que se vieron obligadas a privarse de atención médica o a retirar a sus hijos del colegio sencillamente porque necesitaban algo de dinero.

La razón por la que los pobres tienen que afrontar estas elecciones agónicas no sólo es que no cuenten con suficientes bienes, tampoco tienen acceso a un banco que les ayude a sacar el mayor beneficio de sus activos. Si sus ahorros están invertidos en joyas o ganado difícilmente podrán obtener pequeñas cantidades para cubrir los gastos rutinarios.

Las personas pobres utilizan sistemas financieros que son tremendamente ineficaces. Sus planes de ahorro consisten en guardar dinero en efectivo en casa durante años o comprar productos que pierden valor con el tiempo. Cuando necesitan transferir dinero a sus amigos o familiares para ayudarles en tiempos difíciles, o bien se toman un día de descanso y les entregan el dinero en mano o bien confían en un tercero para que realice esa tarea por ellos. Si necesitan pedir dinero en caso de emergencia, se ven obligados a pagar tasas de usura a un prestamista. El hecho de no tener acceso de manera cómoda y sencilla a una serie de productos financieros dificulta enormemente la vida de estas personas.

Pero en los próximos 15 años, la banca digital les aportará mayor control sobre sus activos y les ayudará a transformar sus vidas.

La clave de todo esto serán los teléfonos móviles. Algunos países desarrollados disponen actualmente de un marco regulador de telecomunicaciones que permite realizar transacciones a través del móvil como si se tratara de una tarjeta de débito. En 2030, 2.000 millones de personas que hoy día no disponen de una cuenta bancaria podrán utilizar sus móviles para comprar cualquier tipo de producto. Para entonces, los proveedores de dinero móvil ofrecerán una gama de servicios financieros como por ejemplo cuentas de ahorro que generan intereses e incluso créditos y seguros.

Para los bancos tradicionales el coste de dar servicio a los más pobres es demasiado alto. Esa es la razón por la que actualmente hay 2.500 millones de personas en los países pobres que no tienen una cuenta bancaria. En los pueblos donde la gente pide prestado pequeñas cantidades o tiene ahorros escasos crear o mantener un banco no tiene sentido. Cuando la gente piensa en productos financieros para las personas de los países en desarrollo, lo primero que les viene a la cabeza son los microcréditos a pequeños empresarios. De hecho, estos han ayudado a millones de personas en múltiples ocasiones, pero son sólo uno de los servicios financieros que las personas pobres necesitan, los intereses son relativamente altos y sólo han alcanzado a una pequeña fracción.

A las empresas pioneras en aplicaciones de banca móvil les resultará muy ventajoso prestar sus servicios en los países pobres, ya que las transacciones a través de Internet tienen un coste cero. Y como ahora ya son numerosas las personas de los países en desarrollo que manejan teléfonos móviles —más del 70% de los adultos en muchos países tienen contratos de telefonía móvil—, el volumen de operaciones puede resultar bastante rentable. Por tanto, los proveedores de telefonía móvil pueden obtener grandes beneficios estableciendo pequeñas comisiones en cada una de las millones de operaciones que se realicen y de ese modo conseguirán atender las necesidades de los más pobres al igual que hacen los bancos en los países ricos. Una vez que se presten estos servicios y gracias a la innovación, aumentará la competitividad y se ofrecerán cuentas de ahorro y créditos a los agricultores o préstamos para estudios.

En Bangladesh, la empresa de servicios financieros que ha experimentado un crecimiento más rápido es un proveedor de dinero móvil denominado bKash. Desde su lanzamiento, hace ya casi cuatro años, realiza aproximadamente dos millones de transacciones diarias que se resumen en una facturación mensual total de casi 1.000 millones de dólares.

Esta visión de futuro no se materializa por sí sola. Hay barreras por sortear, y en ello están trabajando muchas personas sobre el terreno. El acceso a la telefonía móvil sigue siendo bastante desigual. Solamente el 46% de las mujeres de Bangladesh tiene teléfono móvil, por un 76% de los hombres, lo cual significa que ellas tienen menos posibilidades de acceder a servicios como los que proporciona bKash y apenas podrán aprovechar las ventajas que la economía digital aportará a la sociedad bangladesí.

Aún queda mucho por hacer hasta lograr que los organismos reguladores de los países ricos y desarrollados revisen reglamentos financieros. En la medida que existan limitaciones en la economía digital, como ocurre en la mayoría de los países, los mecanismos innovadores de financiación no tendrán cabida.

Otro factor clave para conseguir que se utilice el dinero electrónico es asegurarse de que hay suficientes lugares donde la gente pueda convertirlo en efectivo y este en dinero electrónico. Si esta condición no se cumple, la economía digital no se pondrá en marcha. Una cuestión importante sería garantizar que en cada barrio hay suficientes tiendas que admitan este método de pago. Todos estos requisitos permitirían a la economía digital introducirse con fuerza en la vida cotidiana.

Otra interesante característica de las finanzas digitales es que algunas innovaciones se están produciendo antes en los países pobres. Si esperásemos unas cuantas décadas, los bancos de los países desarrollados inventarían herramientas para utilizar la banca digital que finalmente llegarían poco a poco a los países en desarrollo. Pero como los actuales países pobres están demandando cada vez más servicios bancarios y pueden convertirse en clientes potencialmente rentables, los emprendedores de algunos de estos países están haciendo un trabajo apasionante, que en ocasiones llegará a los países desarrollados.

Educación

- Mejores programas de software revolucionarán el aprendizaje

El pasado otoño, Bill se reunió con un grupo de estudiantes de Arizona que iban a recibir sus títulos universitarios después de estudiar en escuelas online. Uno de ellos, Shawn Lee, es un antiguo trabajador de la construcción que regresó a la universidad con el fin de ofrecer una vida mejor a su hijo. Shawn explicó a Bill las dificultades que había tenido en un centro de enseñanza tradicional y cómo el aprendizaje online hacía más sencillo conciliar estudio y trabajo.

Sin embargo, si viajáramos a un país pobre y preguntáramos a una vendedora ambulante si seguiría un curso online, se echaría a reír. La idea parecería ridícula.

Pero no debería ser así. Y, en el futuro, no lo será.

En Estados Unidos, nuestra Fundación dedica más dinero a la educación que a ninguna otra causa porque es la mejor herramienta que hemos encontrado para ofrecer a todos los niños estadounidenses una oportunidad para aprovechar al máximo sus vidas. Una parte de las causas que financiamos se centra únicamente en los estudiantes y profesores de Estados Unidos. Pero una parte fundamental de esta causa, los cursos online, serán un activo mundial que estará disponible para todos los que dispongan de un smartphone o una tableta.

A medida que las redes móviles de alta velocidad aumenten y los smartphone sean tan económicos como los actuales teléfonos móviles, más se desarrollará la educación online. Para los habitantes de los países ricos, será un importante paso hacia adelante. Pero para el resto del mundo, especialmente en lugares donde el crecimiento económico está creando una demanda de trabajadores con formación, supondrá una revolución.

La educación online supondrá una revolución, especialmente en lugares donde el crecimiento económico demanda trabajadores con formación

Pensemos en lo que ocurría hace 15 años, cuando la educación online empezaba a ganar terreno. Suponía poco más que apuntar una cámara a un profesor de universidad y apretar el botón “grabar”. Los estudiantes no podían hacer exámenes online ni conectarse entre sí. No era nada interactivo.

La tecnología ha recorrido ya un largo camino, tal como se puede ver en páginas web como Khan Academy y avanzará aún más en los próximos 15 años. Incluso antes de que una niña comience en la escuela primaria, podrá utilizar el smartphone de su madre para aprender los números y las letras, lo cual le proporcionará una gran ventaja inicial. Los programas de software serán capaces de darse cuenta de que la pequeña está teniendo problemas con una materia que está estudiando y la adaptará a su ritmo. Esta niña colaborará con sus profesores y sus compañeros de clase de una forma mucho más enriquecedora. Si está estudiando un idioma, podrá pronunciar palabras en voz alta y el software le corregirá o le felicitará por su pronunciación (algunas páginas web lo hacen actualmente, pero la tecnología hará que estas aplicaciones mejoren mucho).

Muchas  de las actuales enseñanzas online están desconectadas del mundo laboral, pero esto también cambiará. Supongamos que quieren convertirse en profesionales de la salud. Podrán averiguar qué nivel de matemáticas, química y otras materias necesitan para cumplir los requisitos y podrán hacer gran parte del trabajo online. Parte del contenido tendrá que estar adaptado para lugares e idiomas diferentes. Pero la idea básica no cambia. El álgebra funciona de la misma manera en todas partes.

Sin embargo, los programas de software nunca conseguirán algo: sustituir a los maestros. Incluso el estudiante más motivado necesita asesoramiento y ayuda. Pero los programas de software pueden jugar un papel fundamental, por ejemplo, conectando a los profesores entre sí. Estos podrán subir sus propios vídeos y recibir consejos de sus homólogos, ver cómo trabajan los mejores del mundo y recibir comentarios de sus alumnos en tiempo real. Estos avances serán importantes en Estados Unidos y tendrán un impacto incluso mayor entre los docentes de los países en desarrollo donde las matriculaciones son altas, no así los logros académicos.

Para aprovechar al máximo estas innovaciones, necesitamos reducir la brecha social por cuestión de género. En África, las mujeres tienen un 24% menos de posibilidades de tener un teléfono móvil. En el sur de Asia, el porcentaje es del 37%. Y, tal como Melinda ha visto claramente en sus viajes, la brecha no solo existe en lo que se refiere a la tecnología. El año pasado, ella y nuestra hija Jennifer se alojaron con una familia en su granja de Tanzania. La hija de 13 años de la familia, Grace, no podía empezar a hacer sus deberes hasta las diez y media de la noche ya que estaba demasiado ocupada cortando leña, transportando agua, haciendo la colada, preparando la cena y lavando los platos. Su hermano gemelo, que tenía mucho tiempo para estudiar, ya había aprobado los exámenes necesarios para seguir con sus estudios.

Cuando Melinda y Jennifer se iban a marchar, Grace les preguntó: “¿Puedo quedarme con su linterna?”. Quería utilizarla para estudiar por la noche.

La educación tiene un efecto igualador. Pero si no se lucha contra los factores que impiden que las niñas estudien y si el acceso a la educación no es igual para todos, ésta, en lugar de ser una solución, se convertirá en otra causa de desigualdad.

Una niña etíope carga con un contenedor de agua en su espalda.

Esto es especialmente importante porque cuando una joven consigue una formación, se produce un efecto dominó. Cuando sea adulta, ganará más dinero. Si tiene hijos, estos tendrán el doble de probabilidades de cumplir más de cinco años. Sus hijas tendrán el doble de probabilidades de ir a la escuela. No se puede eludir el hecho de que es necesario que más niñas vayan a buenos colegios por más tiempo. Pero la educación online ofrecerá nuevas oportunidades a las niñas que tengan los medios y la motivación necesarios para sacar el mejor provecho de la misma.

A medida que los costes se reduzcan y los ingresos aumenten, más personas dispondrán de los medios necesarios para estudiar y estaremos en el buen camino para ofrecer una educación de calidad para todos.

CONCLUSIÓN: Llamamiento al ciudadano global 

Por tanto, ¿qué necesitamos hacer para estar seguros de que nuestra apuesta dará sus frutos y para que la vida de los habitantes de los países desfavorecidos realmente mejore en los próximos 15 años a mayor velocidad de lo que nunca antes lo ha hecho? Como hemos dicho anteriormente, será necesario invertir en innovación y en tecnología, y ofrecerla a la gente que más la necesita. Esto es precisamente lo que intenta nuestra Fundación.

Hay otro elemento fundamental: las personas apasionadas y bien informadas que trabajan codo con codo con el objetivo de crear movimientos eficaces para promover los cambios necesarios. Personas a quienes les importa ayudar a los más pobres a mejorar sus vidas. Nosotros los llamamos "ciudadanos del mundo". Y con esta carta estamos intentando crear una iniciativa a la que nos gustaría que se unieran decenas de millones de personas.

Convertirse en un ciudadano del mundo no significa que tengan que dedicar su vida en ayudar a los pobres. Significa que les preocupan los asuntos que se suceden a diario a nivel mundial, ya sea una causa sobre la que escribimos en esta carta, u otra, como los derechos humanos o la gobernanza. Significa que dedican unos minutos de su tiempo para informarse sobre la vida de las personas más necesitadas (de hecho, si ha llegado hasta aquí leyendo esta carta, es muy probable que usted sea un ciudadano del mundo). Significa también que están dispuestos a actuar por compasión, bien para conseguir crear conciencia o bien para dedicar parte de su tiempo a tareas de voluntariado o hacer pequeñas donaciones.

Hay pruebas apabullantes que demuestran que la gente se preocupa por los que sufren (cuando ven su sufrimiento). Pensemos tan solo en la avalancha de solidaridad que se produce a escala mundial cuando un tsunami o un terremoto devastador son noticia. El problema es que tanto las tragedias como las enfermedades que causan muertes y la pobreza no son noticia. Son invisibles para muchos de nosotros. Y por eso, millones de personas en todo el mundo carecen de asistencia.

Nosotros esperamos poder ayudar para que esta situación cambie. Con este esfuerzo queremos que todos estos problemas sean visibles. Queremos ofrecer a los ciudadanos del mundo una forma de aunar sus voces y pedir a los gobiernos, a las empresas y a las organizaciones sin ánimo de lucro que conviertan estos asuntos en una prioridad.

Esta iniciativa recibe el nombre de Global Citizen y si lo desean, pueden inscribirse en GlobalCitizen.org. Podrán obtener información sobre cómo contribuir para que surja una nueva conciencia social, prestar su ayuda y ponerse en contacto con otras personas y organizaciones que se preocupan por cuestiones similares. Pero ser ciudadano del mundo no significa únicamente colaborar con una organización. Significa también formar parte de un movimiento creado por un grupo de organizaciones entre las que se encuentran Civicus, Save the Children, ONE Campaign, ActionAid, Oxfam y Greenpeace, así como también otras nacionales más pequeñas que actúan en países como Sri Lanka o Sudáfrica. Esperamos que nuestra iniciativa ayude a aumentar la capacidad de estas organizaciones y a crear este movimiento. Sus millones de miembros son también ciudadanos del mundo que trabajan por solucionar muchos problemas globales.

Este año, los ciudadanos del mundo tienen un papel importante que desempeñar. En septiembre, tendrá lugar una reunión muy especial en las Naciones Unidas en la que se hablará sobre una serie de objetivos y planes para ayudar a los más desfavorecidos durante los próximos 15 años. En 2000 ya se celebró en la ONU una reunión similar y fue una de las mejores ideas para la ayuda al desarrollo que ninguno de nosotros haya visto jamás. En aquella reunión se establecieron una serie de objetivos fundamentales cuya finalidad era que muchas personas pudieran tener una vida productiva, es decir, mejorar su salud, tener la oportunidad de recibir educación y aprovechar al máximo las oportunidades económicas.

Esperamos que los objetivos que se adopten este año continúen en esa misma línea. Cerca de mil organizaciones de 130 países se han reunido para lanzar la campaña mundial Action/2015 con el objetivo de reclamar a los líderes mundiales que adopten medidas urgentes para detener el cambio climático, erradicar la pobreza y atajar la desigualdad. Pero aún necesitamos más voces y si finalmente se deciden a formar parte de Global Citizen, podremos sumar las suyas. Junto con otros grupos, Global Citizen pedirá a los dirigentes políticos que se responsabilicen de los objetivos que firmarán en septiembre, especialmente aquellos relacionados con la reducción de la mortalidad infantil y la mejora de la salud materna.

Cuantos más ciudadanos globales haya y más activos y eficaces sean, más avanzará el mundo. Esperamos que puedan contribuir con nosotros a que surja una nueva conciencia social porque estamos convencidos de que las personas pueden y deben trabajar juntas para conseguir que el planeta sea un lugar más justo donde vivir. De hecho, nosotros hemos apostado por ello.

Traducción de Virginia Solans.