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¿Es la solidaridad un lindo cuento de Navidad?

Organizaciones y ONG desvelan si los ciudadanos toman o no más conciencia de la realidad social cercana o lejana en estas fechas

En un panorama de creciente desigualdad mundial, en España tres millones de personas viven con menos de 307 euros al mes

Millones de luces que titilan mientras tres millones de españoles viven con menos de 307 euros al mes. Rasgueo de papeles y olores intensos desde la cocina mientras uno de cada tres niños viven en la pobreza o en riesgo de exclusión. Abrazos, brindis, reencuentros, mientras 4,5 millones no tienen trabajo. La Navidad trae decenas de cosas. También la conciencia de los que pueden celebrarla de que hay otros a los que les es imposible. El típico tópico paz, amor y solidaridad de estas fechas se cumple en el último caso, sobre todo si esa ayuda se canaliza a través de organizaciones descentralizadas.

Para fundaciones, organizaciones no gubernamentales, servicios sociales y bancos de alimentos, el mes de diciembre no conlleva las mismas cifras. Edurne Rubio, responsable de márquetin de Amnistía Internacional en España, asegura que aunque la fecha es idónea, no supone un repunte en su balance mensual: “Estos días dan para apelar a determinados sentimientos que están en el aire, pero las cifras de captación de fondos y altas de socios demuestran que este mes no destaca excesivamente sobre el resto”.

En diciembre de 2013, Amnistía Internacional consiguió el 10,9% de sus socios de todo el año. Este 2014 esperan llegar al 7,5%. “Para nosotros, el apoyo de la gente se reparte por igual a lo largo de 12 meses. Depende de las campañas que tengamos en cada momento y de cómo de identificados se sienten los ciudadanos”, explica Rubio. Para ellos, los mejores datos de 2014 se dieron en mayo, junio y julio. Y durante los últimos años, diciembre no ha sido el más solidario. “Sí se nota mucho, por ejemplo, con las campañas de emergencia por catástrofes. Se disparan las donaciones”.

Las organizaciones más descentralizadas y los bancos de alimentos son los que alcanzan las mejores cifras en Navidad

El director de Márquetin y Fundraising del Comité español de ACNUR, Francesco Siacca, asegura que, en parte, se debe la mediatización de esos desastres: “Notamos que cuando los medios convierten una emergencia, conflicto o desastre natural en mediático, y apoyan la difusión de nuestras causas y noticias, hay mejores resultados. Esto sucedió por ejemplo con el tifón Haiyan de 2013 en Filipinas”. La agencia de la ONU para los refugiados ve cada año crecer los socios y donantes, “a pesar de la horrible crisis y el desempleo que atraviesa España”, asegura el portavoz, que secunda la visión de Amnistía Internacional y a la que se une Raquel Fernández, Directora de Comunicación del comité español de Unicef. "Con mucha diferencia son las emergencias las que reciben más apoyo cuando los medios dan difusión. Sin embargo, ahora tenemos algunas muy grandes y muy graves como el ébola que, como no tienen foco en los medios, no reciben tanta respuesta".

Unicef ha sido una organización históricamente unida a estas fechas, según su directora de comunicación: "Nuestra estrategia de captación de fondos había estado siempre unida a la venta de tarjetas de Navidad, ahora hemos tenido que evolucionar hacia otras cosas porque ya apenas nadie envía por correo postal felicitaciones, pero seguimos notando que en diciembre y en la época prenavideña se funciona mejor". El pasado año, sus ingresos totales fueron 60,2 millones de euros, de los que 10,8 corresponden a diciembre.

Algo que no le ocurre a ACNUR, según su director de márquetin: "No pensamos que haya épocas o meses en los que la gente done más, nuestros donantes son muy regulares y recibimos mensualmente más o menos las mismas aportaciones". Para ellos, una campaña navideña puede suponer una mejora en los resultados de un 10%, “no es mucha la diferencia y tampoco ocurre siempre”. Sin embargo, su causa recibe un apoyo importante y relativamente constante. Los refugiados son una población verdaderamente frágil y vulnerable. “Se trata de una realidad muy dura y compleja que la ciudadanía española apoya siempre. También es verdad que los españoles hemos sido inmigrantes e incluso ahora lo seguimos siendo aunque nuestras circunstancias y causas sean muy diferentes, pero sabemos lo difícil que es dejar tu casa y llegar a otro país sin nada y empezar de cero".

Aun así, las altas de socios y captación de fondos para estas organizaciones no crecen exponencialmente por Navidad a no ser que se trate de campañas muy específicas. Dos factores son los responsables, según la portavoz de Amnistía Internacional: “Si hablamos de cuotas, siempre se hace un esfuerzo porque entren antes en el año; por otro lado, en diciembre se redoblan los esfuerzos para poder cerrar el ejercicio por encima de lo planificado. Ambas cuestiones afectan a los resultados de este mes”.

En 2013, las donaciones de particulares de Cáritas española durante noviembre y diciembre supusieron en torno a un 40% del total anual

Donde sí se refleja el sentimiento general de estos días es en la mercadería. Para Amnistía Internacional, las ventas de estos días suponen entre un 20% y un 22% del total anual; en 2013 alcanzó el 27,5%: “La gente compra más en diciembre y opta por productos solidarios. No obstante, hay que tener en cuenta que algunos de nuestros productos más vendidos son el calendario y la agenda, que se ponen a la venta en noviembre”.

En Cruz Roja, la percepción es la misma. Jaime Gregori, responsable de captación, habla de sensaciones: “Notamos que hay mayor sensibilidad. Pero también se debe en parte a la saturación de nuestro sector, y de televisiones y radios, en la publicidad…”. Ellos llevan a cabo acciones de enero a diciembre y este último les supone, aproximadamente, el 10% de todo el año. En 2013 su recaudación total fue de 178 millones de euros, “95 millones solo de socios”. La única excepción en Navidad es un correo electrónico general que envían con el resumen de la actividad durante 2014. “Con hitos y datos de lo que hemos conseguido. Eso sí genera un incremento en las cuotas o donativos puntuales”.

Banco de Alimentos de Oiartzun (Gipuzkoa) en la gran recogida de este año.

En el corazón de Madrid, en ese radio que sale del kilómetro 0, un vistazo rápido confirma esa impresión por parte de Amnistía Internacional, ACNUR y Cruz Roja. Ese algo intangible y totalmente subjetivo forma parte de la velocidad a la que camina la gente, de las conversaciones y también del tiempo que alguien se para frente a esos reconocibles captadores de donantes con chalecos de colores según la organización. Josefa Martín está escuchando atentamente a un joven desgarbado que le explica para qué valdría que ella se hiciera socia. A los diez minutos, ella ha facilitado su número de cuenta y se marcha, cargada de bolsas, a esconder el contenido en el armario de su habitación hasta la noche del 5 de enero. “Quizás nos pese un poquito la conciencia salir a comprar, llevar las manos llenas de bolsas, y decirle al que te para que no tienes para ayudar. Pero la verdad es que yo también ahorro durante meses para poder hacer esto en Navidad”.

No todos los que pasan por la efervescente calle de Princesa responden como Josefa Martín. “A veces ni nos miran, otros hacen un donativo puntual. Aunque sí es cierto que a la gente le cuesta más decir no a ayudar a otros cuando ellos vienen de gastar una pasta en comprar cosas que en realidad no necesitan”, concluye el joven desgarbado mientras intenta detener a una pareja de sexagenarios.

Ese esfuerzo extra, —ya sea por conciencia, por altruismo, o por una mezcla de ambos— lo condensa Cáritas, una de las organizaciones en España más descentralizadas y con más puntos de atención, alrededor de 5.000. Beatriz García es su responsable de captación de fondos y afirma que tanto empresas como particulares dan un empujón a los proyectos que desarrollan estas semanas. “En Navidad redoblamos nuestros esfuerzos porque la gente se acerca más hasta nuestras oficinas. Necesitan de un contacto presencial más cercano a la realidad y que les cuentes qué estás haciendo”. El pasado año, las donaciones de particulares de Cáritas española durante los meses de noviembre y diciembre supusieron en torno a un 40% del total anual de esa ayuda individual.

El alto porcentaje que alcanza Cruz Roja no es, en cualquier caso, lo habitual. Carmen Gallo, directora de comunicación de Acción Contra el Hambre, explica que ese repunte que hace diez años suponía la Navidad, ahora se reparte de forma más lineal a lo largo de los 365 días. “Para nosotros, alrededor del 25% se hace en noviembre. En nuestro caso hay que tener en cuenta que en octubre es el día de la alimentación y eso mejora las cifras del último trimestre. Por supuesto que hay un mayor número de donaciones, pero también hay un mayor número de campañas”. Insiste en que las donaciones son regulares, el pasado año, de los 73.355.666 euros conseguidos, 7.069.410 euros fueron recaudados de socios y donantes. Diciembre representó un 10% del total.

La solidaridad debe ser complementaria, pero no puede sustituir la obligación del estado de proteger a sus ciudadanos

Ana Lima, presidenta de CGTS

La crisis, para Gallo, ha demostrado una solidaridad más cercana. “Se ha acentuado el apoyo a nuestro propio país. Existe un compromiso económico”. Esa ayuda despunta más en cuestión de donantes. Para Ayuda en Acción, la presencia en diversas galas de televisión durante las últimas semanas ha supuesto más de 2.000 socios nuevos, “muy por encima de lo que se consigue cualquier otro mes”, cuenta Eduardo Guijarro, director de recursos.

Índice Gini de desigualdad.

La diferencia para ellos no es cuantitativa —su media mensual es lineal, unos 18 euros al mes por donante—, pero sí cualitativa. “En el mes de diciembre la gente está más sensibilizada y la colaboración es más espontánea”. El año pasado, 39 millones de euros con una base social de aproximadamente 115.000 personas que sí dejan su huella en Navidad a través de la fidelización: “La campaña anual para retener socios suele ser por estas fechas. Este año un 17% de nuestra base social ha incrementado su aportación, y en años anteriores, el porcentaje es similar".

Fidelidad es lo que han conseguido, en apenas unos años, los bancos de alimentos españoles —premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 2012—, que cada año ven crecer las toneladas que llegan hasta sus almacenes, 118.331 en 2013. Durante la última Gran Recogida de este 2014 (que se celebra cada año en toda Europa el último fin de semana de noviembre con vistas a tener llenas las estanterías para diciembre y enero), tiendas y supermercados de Guipúzcoa vieron como sus estantes se vaciaban. José Ignacio Sánchez, el secretario del banco de alimentos de la provincia vasca, narra cómo desde primera hora de la mañana los locales se quedaban sin existencias: “Este año ya no solo ha sido leche, pasta y arroz, también legumbres, aceite y alimentos infantiles. Es espectacular cómo se vuelca la gente”. En esta última edición superaron los 575.000 kilos, recogidos por 1.000 voluntarios que irán a parar a 25.000 personas, aproximadamente. “200.000 kilos más que la media nacional”.

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Desplazados somalíes hacen cola para recibir comida del Programa Mundial de Alimentos en un campamento de refugiados de Mogadiscio (Somalia).

Desde Barcelona, Belén Giménez explica la solidaridad masiva que supone la Gran Recogida para el banco de alimentos de la ciudad. “Es masiva solidaridad la que se pone en marcha. Y la crecida fue espectacular con el estallido de la crisis. Hemos pasado de ayudar a 57.000 personas en 2008, a 153.000 en 2014”. En términos de voluntariado, han pasado de 520 en 2009, a 22.000 este año; y en kilos de comida recogida, la cifra de 2009 fue 212.500, este año han llegado a los 4.686.000. Giménez, emocionada al recapitular las cifras que ponen de manifiesto la voluntad de los ciudadanos, se diluye en un tono sombrío cuando observa que si ocurre todo esto es porque la pobreza ha aumentado. “Siempre ha habido pobreza estructural, pero está creciendo y se hace más feroz”.

Quizás pocos lo vean y analicen tan de cerca como Ana Lima, presidenta del Consejo General del Trabajo Social, que pone sobre la mesa dos problemas que subyacen a la marea de cifras y a la solidaridad. El primero es, según Lima, la difusa línea entre caridad y solidaridad: “La caridad posee cierta connotación negativa para los trabajadores sociales que tiene que ver con la acepción y la visión histórica del término, en parte por su relación con la religión y la filantropía de mujeres ricas. La caridad es una ayuda puntual vista desde una perspectiva en la que una persona está por encima de otra. No se profundiza en las causas de esa situación, ni se quiere cambiar nada”. No hay objeto de transformación social en la caridad; en la solidaridad, sin embargo, las personas se adhieren a una causa común de un colectivo en el que se mira desde el mismo nivel y se comparte el proceso, según la trabajadora social.

El segundo problema es que la garantía de derechos ha empezado, en muchos casos, a depender de la solidaridad. “Eso debería estar garantizado por el Estado, que debe ser responsable de cubrir las necesidades básicas”, explica Ana Lima en referencia a las recogidas de alimentos que ciertos servicios sociales han puesto en marcha durante estas navidades para ayudar a los vecinos de sus poblaciones. “Nos parece cuanto menos chocante que pongan en marcha acciones que tienen que ver más con la beneficencia que con la garantía de derechos”. Para ella, la protección de esas necesidades básicas debe hacerse con dignidad. “La buena voluntad es obvia, pero lo que subyace es que los políticos tienen en la cabeza el cambio de modelo de los servicios sociales. La solidaridad debe ser complementaria, pero no puede sustituir la obligación del estado de proteger a sus ciudadanos”.

Mientras los números pasan, las ONG luchan por conseguir más socios y los ciudadanos donan, la realidad es palpitante: solo el 34,3% de los españoles vive de forma normal, un 40,6% va sumergiéndose en el lodo de la precariedad, el 24,2% ya está en situación de exclusión moderada y un 10,9% está inmerso en la marginalidad, según el último informe de la Fundación FOESSA, el más exhaustivo hasta ahora de la realidad del país. Esas cifras son la España de hoy, con nombres, rostros y sonrisas que, cada vez, se diluyen más.