El 'cholismo' como filosofía de vida

"Hay que creer", "partido a partido"... Cómo trasladar los preceptos de Simeone, basados en el tesón y el esfuerzo, al mundo real

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Algún día alguna central eléctrica denunciará esa sonrisa por competencia desleal CORDON PRESS

Suma adeptos y pasiones sin parar. Diego Pablo Simeone ha conseguido erigirse, título de Liga mediante y tanto para hinchas del Atlético como para todo lo contrario, en una de las sorpresas más agradables de una temporada futbolística impredecible. Templado ante el torrente de victorias, prudente ante una derrota que cada vez supondría una pérdida mayor, el técnico rojiblanco lleva ya meses ejerciendo un magnetismo basado en una filosofía, el cholismo, protagonizada por ese mantra engañosamente simple que es el "partido a partido". Esta clarividencia, inédita en muchos de nuestros autoproclamados líderes colectivos, le da un aire de referente espiritual.

Pero para que alguien sea referente, su filosofía debería ser adaptable a todas las esquinas de la vida. Si sirve para que un equipo como el Atlético de Madrid, sin jugadores con fichas estratosféricas acaricie su primera Champions, ¿nos puede decir algo sobre nosotros mismos? A continuación, un ejercicio que pone a prueba la versatilidad del cholismo. ¿De qué áreas nos puede informar?

La maldita crisis

Ante la desesperación generalizada, siempre hay que estar seguros de que hay luz al final de un túnel. Que, antes o después, llegará. Si suena a tópico es porque lo es. También es uno de los mensajes más importantes que le puede dar un ser humano a otro. La dación de esperanza de uno con autoridad a otro en apuros es el corazón de gran parte de la comunicación pública, de novelas a discursos políticos. Por eso fueron tan importantes las últimas palabras que Simeone pronunció en la celebración del título de Liga en Neptuno: “Es algo más importante lo que estos chicos le transmiten a ustedes, que si se cree y si se trabaja, se puede”.

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El problema del desempleo y la emigración juvenil

En una entrevista en El País Semanal, el bonaerense hablaba de su infancia en Palermo de la siguiente forma: “Sabía que iba a volver. Únicamente me dediqué a prepararme. Sabía que me llamarían en un momento de dificultad. Iba a ocurrir. Todo lo que me está pasando lo quise, lo busqué”. Una nueva variación en su tema mágico –ese "hay que creer"– que recuerda a un mensaje trascendental: las fases oscuras tienen sentido cuando terminan. Él lo tuvo en cuenta. Su equipo lo tuvo en cuenta. Millones de jóvenes frustrados por circunstancias ajenas a ellos podrían tenerlo en cuenta también.

Ante la desidia social

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A nadie se le sorprende ya hablando del desgaste social que han provocado años de crisis. De la desconfianza en las instituciones y la pérdida de la confianza nacional. La tentación es rendirse y caer en el nihilismo más irremediable. Pero el tesón, la constancia y la batalla siempre pueden dar la vuelta a cualquier situación. ¿Suena fácil? Porque no lo es. “El esfuerzo no se negocia”, enuncia el Cholo.

Los problemas entre dos (y más)

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Aplíquese esta cita a los problemas de pareja, de familia, de empresa y a todos los demás. “Creo mucho en la piel, en lo que uno transmite, en lo que el otro está preparado para recibir. Ellos querían salir de las dificultades en las que estaban. Cuando la mente y el corazón están unidos, todo es posible”.

Las dudas del qué me pongo

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El Cholo resuleve las cuestiones estéticas fácilmente. El negro siempre es elegante. Tanto como para hacer de este color el único de tu outfit de gala. Ya se sabe, traje negro slim fit, camisa negra y corbata fina también negra. Y si la ocasión es importante, haz como él y utiliza la camisa de ganar. El técnico, muy “cabulero” (o supersticioso, en este lado del charco), ha reconocido que siempre lleva la misma desde que disputó la final de la Europa League ante el Atlethic. Y le ha dado muy buena suerte.

El conflicto existencial del ser humano

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Resulta que en el cholismo ilustrado la existencia precede a la esencia. Es un Machado. Un Kavafis que en su Viaje a Ítaca pidió que el camino fuese largo y lleno de aventuras, lleno de experiencias. Que no temió a los lestrigones, ni a los cíclopes sino que, al contrario, se hizo amigo del colérico Poseidón. Quizás a base de visitarlo en los últimos años. Su “partido a partido” y, después, “su final a final” son un canto al machadiano “caminante, son tus huellas/el camino y nada más;/ Caminante, no hay camino/ se hace camino al andar”.