TRIBUNA

Sólo el diálogo puede cambiar la dinámica de confrontación

Ninguna autoridad, ni Gobierno, ni organización internacional, ha pensado intervenir en Venezuela

La crisis que hoy vive Venezuela revela divisiones profundas en el seno de esa sociedad, que sólo pueden ser resueltas por las autoridades, instituciones, fuerzas políticas y ciudadanos de ese país. Y hay un solo camino para cambiar la dinámica de confrontación: un diálogo abierto y franco, que involucre a los actores principales de Gobierno y oposición y busque acuerdos de fondo sobre los graves problemas económicos y políticos que aquejan a Venezuela.

Lo que hemos visto hasta ahora, la ausencia de conversaciones, la sordera política y la actitud confrontacional, sólo consigue prolongar el conflicto, incrementar la animadversión y aumentar día a día el número de ciudadanos muertos y heridos. Nadie quiere esto, ni los venezolanos, ni los que seguimos a distancia el drama de un país hermano.

Venezuela tiene un Gobierno elegido democráticamente, que cuenta con un importante y visible respaldo popular. Y tiene una oposición con un apoyo ciudadano masivo, que también se expresa a diario en la calle. El país está, pues, profundamente dividido, y eso sólo se puede modificar con la decisión de sus principales actores de cambiar de actitud.

Pero ese cambio no es el simple llamado verbal al diálogo, ni la convocatoria a algunos, dejando a otros de lado. Los actores son conocidos, tienen nombre y apellido y dirigen el Gobierno y las organizaciones políticas. Si todos esos actores son llamados a sentarse a la mesa, con una agenda clara y con disposición a conciliar y buscar acuerdos, el diálogo pasará de ser una consigna política a ser una realidad, que es lo que espera la mayoría de los venezolanos. Que el diálogo termine con la violencia y las barricadas.

La crisis no se ha generado, ni será resuelta, desde fuera

Ninguna autoridad, ni Gobierno, ni organización internacional, han pensado intervenir en Venezuela. Tampoco en interferir en sus asuntos internos. Pero esta actitud no revela indiferencia, ni cobardía, como a diario algunos afirman con liviandad en las redes sociales. Lo que ocurre es que los tiempos de la intervención ya pasaron en América, y esperamos que nunca vuelvan.

Sin embargo, toda la región mira con preocupación lo que está ocurriendo, porque un agravamiento de la situación en Venezuela tendría efectos económicos y políticos no menores, especialmente para los países más pequeños del Caribe y Centroamérica; y porque el hemisferio valora hoy, por sobre todo, la estabilidad y la convivencia democrática que hemos alcanzado.

Por ello la comunidad internacional ya se ha pronunciado muy claramente, llamando a mantener el Estado de derecho, a respetar los derechos humanos y la libertad de expresión, a evitar la violencia y, sobre todo, a resolver los problemas por medio del diálogo entre la oposición y el gobierno de Venezuela.

La crisis no se ha generado, ni será resuelta, desde fuera. Habrá disposición a asistir en todo aquello que cuente con la voluntad expresa de las partes. Pero las decisiones son de los venezolanos, como lo son también las responsabilidades.

Hace varios años, cuando la tensión entre Colombia, Ecuador y Venezuela, había escalado peligrosamente, uno de sus principales protagonistas, el presidente Hugo Chávez, cambió de actitud, en medio del debate, en una memorable reunión del Grupo de Rio, en Santo Domingo. Sorprendiendo a todos los presentes, dijo: “Hemos hablado mucho, nos hemos dicho muchas cosas. Pero ya ha llegado el tiempo de entendernos”. Un actor principal de la tensión cambió de tono y en pocos minutos se abrió camino a un diálogo que luego resolvería los temas de fondo.

Sin ningún ánimo de intervenir y con pleno respeto a la soberanía de Venezuela, pedimos a sus dirigentes esa misma disposición, ese cambio valiente de actitud, cuando el futuro de su Patria así lo exige.

José Miguel Insulza es secretario general de la Organización de Estados Americanos.