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Yo no tengo un Goya

La lista la lidera David Trueba con 11 candidaturas. Le sigue Javier Cámara con seis.

Este es un tributo a grandes actores y directores que nunca han ganado el premio más importante del cine español, cuya gala anual se celebra esta noche.

Desde Ana Belén hasta Juan Diego Botto, 10 maestros confiesan qué supone quedarse a las puertas del ‘cabezón’.

Javier Cámara y David Trueba suman 17 nominaciones. Fotogalería
Javier Cámara y David Trueba suman 17 nominaciones.

Interior, día. La escena transcurre a primera hora de la mañana en un estudio de fotografía. Hay hileras de vestidos y trajes colgados en burros de metal y un par de estilistas trajinan entre ellos. El equipo del retratista Nico afina la iluminación, y David Trueba, director y guionista de cine, se encuentra sentado a una mesa con la novela Saber perder bajo las manos pálidas. La publicó en 2008, y que la haya traído no es casual. De hecho, charla con el actor Javier Cámara sobre el asunto. Entre ambos suman 17 nominaciones a los premios de la Academia de Cine. Nunca lo han ganado. Esta noche vuelven a competir, ambos por la película de Trueba Vivir es fácil con los ojos cerrados, finalista en siete categorías. Quizá en 2014 se revierta su suerte. Quizá no. El País Semanal ha querido reunir a un selecto grupo de maestros sin Goya. Un tributo a quienes son habituales en las porras, pero jamás han salido victoriosos. Una decena de “¡fucking loosers!”, como grita Cámara cuando se deja caer por el estudio alguno de los eternos finalistas: desde Ana Belén hasta Jordi Mollà, pasando por Najwa Nimri. Entre todos suman 54 nominaciones sin premio. Trueba lidera la clasificación, con 11. Y en la lista se ha colado por los pelos Gracia Querejeta, cuya película 15 años y un día es otra de las favoritas esta noche, con 7. La cineasta ganó en 1991 el premio a mejor corto documental. Pero recibió el galardón exaequo con otro cortometraje y, además, su película la había codirigido. Ni olió el cabezón. Lo contará en un rato. De momento, Cámara y Trueba charlan en una mesa. De esto hablan quienes se quedan a las puertas del Goya:

David Trueba. El premio suele consistir en que sale un tío joven y dice: “Yo me cago en el cine español, son todos unos gilipollas y tal”. Entonces le dan el Goya. Y al año siguiente ya cambia [pone voz de pito]: “Pues este año esperamos todos juntos que bajen el IVA”.

Javier Cámara. Es algo que pasa en las escuelas de arte dramático: ves actores impresionantes y guapos. Pero luego te das cuenta de que no solo es cuestión de talento o de premios. Sino de perseverar, de disciplina. La suerte de la profesión supone que eligen a la chica gordita porque la necesitan en esa ocasión. Todo es mucho más aleatorio.

Si hiciera el vestuario tampoco me lo darían

David Trueba

D. T. Es la persistencia la que domestica el azar. Si persistes, el azar pasa por ti. Una vez se lo oí a Serrat: “¿Cuál es el secreto de una carrera tan larga? No moverte”. El disco gira y gira y, de vez en cuando, pasa por donde estás haciendo tus cosas. El disco que podríamos llamar el éxito o la suerte va siempre un centímetro por delante. Te pones en un sitio. Y ya vendrá. Siempre que hay un premio y no te lo dan, dices: “Ya vendrá”. Y quizá llegue cuando mejor te viene, que es cuando no vas a caer en la estupidez de pensar que te lo mereces o que lo has hecho mejor que los demás. El premio tiene el peligro de que te convierte en un idiota con facilidad –y entonces, de alguna manera, eres un finalista idiota; el otro ya es un consagrado–. Yo siempre digo que deberían estar prohibidos los premios hasta los 80 años. Ya no puedes hacer nada, estás jodido, has hecho seguramente tus mejores cosas, así que recoger premios, pues… te congratula. Yo he perdido la cuenta de los que he perdido.

J. C.Pero llevamos… cuántos: ¿25, 30 años? [la primera ceremonia se celebró en 1987] Es poco tiempo. Los Oscar llevan 75 u 80…

Aparece entonces Gracia Querejeta. Ha dormido poco. Anoche asis­­tió a la gala de los Premios José María Forqué, votados por los productores de cine. Su cinta 15 años… figuraba entre las candidatas a mejor película, igual que Cámara era uno de los aspirantes a mejor interpretación masculina. Ninguno se llevó nada. Las principales categorías las ganó La herida, ópera prima de Fernando Franco, que esta noche aspira a seis goyas –mejor película, entre ellos–. En cuanto ven a su colega Querejeta, Trueba y Cámara gritan su nombre en inglés: “¡Greis, Greis, Greis Quereyet!”.

D. T. Greis, ¡por fin competimos! ¿O ya competimos una vez?

Gracia Querejeta. No me acuerdo… Pues no me esperaba yo lo de La herida. Esto es como el rollito Rosales. Ya os digo yo que…

La soledad, de Jaime Rosales, fue la sorpresa de la XXII edición de los Goya (2008): ganó el premio a mejor película y mejor dirección. Querejeta competía con Siete mesas de billar francés y fue uno de los cadáveres que Rosales dejó a su paso. Otro fue Emilio Martínez Lázaro, el realizador con más nominaciones sin premio (tres) junto a Trueba y Querejeta. Emilio, de 69 años, competía como mejor director por Las 13 rosas. Pensó que le había llegado el momento. Pues tampoco. “Se la dieron a un tío que salió por allí desconocido. Que de pronto dices: ¡Hostias! ¡Mejor director y mejor película!”. Mientras, en el estudio, aparece Tristán Ulloa, cinco veces nominado.

Tristán Ulloa. ¿No dais un Goya aquí? ¿Dónde está mi Goya?

D. T. Un año, me acuerdo de que estabais nominados juntos.

J. C. ¡El primero! A mejor actor revelación.

T. U. Con Ernesto Alterio y Miroslav Taborsky.

D. T. Ese año [1999] fui a comer con Miroslav, el de La niña de tus ojos, y le dije: “Mira, Miroslav, yo creo que La niña… va a ganar muchos, menos dos: el de mejor guion, porque estoy yo y no me lo van a dar, y el tuyo, porque eres extranjero. Y compites con tres actores buenísimos: Javier Cámara, Tristán Ulloa y Ernesto Alterio”. El tío no se lo creía. “Es que eres checo y los Goya no se los dan a un checo”. Tuvo mucha suerte: os robasteis los votos entre vosotros, quedó él y ganó.

Tengo un master en cara de perdedor

Juan Diego Botto

J. C. Es la única vez que me ha dolido, porque Santiago Segura me hizo la campaña a mí [Cámara fue finalista por su papel en Torrente, el brazo tonto de la ley]. Me repetía: “Te lo van a dar”. Ya durante el rodaje. Me puso la cabeza así. Llegué a la gala pensando: “Pues debe de ser que él sabe que me lo dan”. Y cuando dijeron: “El Goya es para…”. Hay que recuperar la hemeroteca para ver la cara de imbécil, que es la única vez ya que se me ha puesto.

La “cara de imbécil” de la que habla Cámara es uno de los temores recurrentes. Para dominar la situación existe lo que Ana Belén, cinco veces nominada, define rostro de “qué-alegría-me-da-que-te-lo-den-a-ti-fulanita-y-cómo-te-lo-mereces”. Hay que ponerse en situación: para el espectador vale tanto el rostro del ganador como el del perdedor. Una cámara se sitúa a un palmo del aludido. “Parece que te quieren hacer una radiografía de tu pensamiento”, dice Jordi Mollà, finalista en cinco ocasiones. Juan Diego Botto, que compite este año como actor de reparto por Ismael(su quinta nominación), asegura que tiene un máster en cara “de perdedor alegre”. En sus palabras: “Hay que trabajarla. Porque ocurre un fenómeno que he vivido todas las veces. Estás convencido de que no vas a ganar hasta que empiezan a leer nombres, y de repente hay algo, un instinto animal, que se levanta y dice: ‘¿Y si…?’. Por eso tienes que estar preparado. La peor cara de perdedor en unos premios la puso River Phoenix el año en el que Kevin Kline se llevó el Oscar como actor de reparto. Era tan absolutamente exagerada la alegría que sentía por otro compañero, que dices: ‘No puedo creer que te alegres tanto por no habértelo llevado”.

Pero hablábamos de Torrente.

D. T. Santiago es muy querido por la Academia. Se lo dieron por un corto. Luego, como actor revelación por El día de la bestia. Y a mejor director novel por Torrente. Ganó tres en sus primeras tres. Yo, lo que quiero ser es Randy Newman, mi músico favorito, que tenia 17 nominaciones y nunca se lo habían dado, y luego se lo empezaron a dar. [Entre 1982 y 2002, Newman fue nominado al Oscar en 16 ocasiones. Lo ganó ese año por Monstruos SA y en 2011 con Toy story 3].

J. C. Molaría saber quiénes tienen un Goya y quiénes no. Por una eficiencia lógica. Es decir, la próxima vez que salga Terele Pávez, por ejemplo… Aunque cuando uno hace Los santos inocentes (1984) como ella lo hizo, da igual.

D. T. Ya, pero no había Goyas. Lo raro es que no lo ganara por El día de la bestia. Pero este es su año.

J. C. Cuidado que las secundarias…

D. T. Gracia, tú eres una falsa perdedora. Tienes uno nada más empezar.

G. Q. Tengo un cacho. Tengo, fíjate, una tercera parte de la mitad de un Goya.

D. T. ¿De corto documental?

J. C. ¿Pero esto qué es?

G. Q. Esto es rarísimo.

D. T. ¿Y luego cuántas veces te han nominado?

G. Q. Pues a mejor dirección, tres; a mejor guion, dos…

El País Semanal. Y por ¡Hay motivo!

D. T. ¡Hay motivo! Yo no la cuento, ¡joder!

G. Q. Ahí palmamos.

D. T. Se me había olvidado…

El largometraje documental ¡Hay motivo!, formado por 32 piezas, cada una de ellas dirigida por un cineasta diferente, entre ellos, Trueba, Querejeta y Botto, fue finalista en 2005. Pero perdió. Una muesca más en la culata.

G. Q. Ahora ya empiezo a tener una entidad, ¿eh? Por lo menos, que los que salgan ahí se sientan culpables.

D. T. Al final es lo que me decía Di Stefano cuando le comentaba la cantidad de copas de Europa que ha ganado [pone voz ronca]: “Ya, ¿y las que he perdido? Mira, David, cuando juegas a un nivel pierdes más que ganas”.

El discurso te lo preparas siempre

Jordi Mollà

J. C. Si estás en esta profesión para ganar, es complicado.

G. Q. Por estadística pura… es muy difícil estar siempre ganando.

J. C. Yo reconozco que la primera vez me hacía muchísima ilusión. Era mi bienvenida. Pero cuando ya te das cuenta de que no, vuelve la normalidad. Esto es muy difícil, hay mucha gente, 100 películas al año. Estar ya nominado es un tópico, pero es realmente un premio.

D. T. Lo más humillante de no ganar me pasó a mí. Estábamos rodando Two much en Los Ángeles, y yo estaba nominado y no podía ir a la gala. José Luis Alcaine [director de fotografía] me dijo: “¿Le has dado a alguien el discurso para que lo lea?”. Y yo: “No voy a ganar”. Y él: “Hombre, tienes que decirle a alguien que lea unas palabras”. Y estaba Gabino Diego allí, rodando unos días, pero se volvía. Y se lo pido: “Oye, Gabino, te voy a escribir unas palabras, y si gano, las lees”. Puse algo en una servilleta para que se acordara de tres guionistas a los que admiraba. Algo como muy sentimental. Después de la gala me llama y me dice: “Oye, que no has ganado”. Y al día siguiente me cuentan que Gabino ha ido por todos los bares de Madrid, por todas las fiestas, leyendo mi nota, y descojonándose todos de mí. Unos años después impusimos una cosa con Wyoming. Nos reuníamos unos amigos a celebrar los Goya. Como siempre perdíamos, un año dijo Wyoming: “Subíos a esta silla y pronunciáis el discurso que ibais a decir”. Estaba Maribel Verdú: “Pues yo sí que lo hago: se lo dedico a mis padres…”. Y empezó a llorar en la silla. Luego subí yo, y luego, tres o cuatro más. Lo recomiendo como terapia.

J. C. Yo me lo preparé la primera vez.

D. T. Santiago Segura se jugó 100.000 pesetas con Javier Fesser a que iba a ganar Fesser, con El milagro de P. Tinto, el premio a la dirección novel, y no él por Torrente. Y si ves la retransmisión, cuando gana Santiago, sale por el pasillo, hace así, y de la chaqueta coge un sobre… Le dio el sobre con el dinero. Eso demuestra hasta qué punto es un tío justo. Aquello fue un precedente de Bárcenas.

G. Q. Es todo un mundo, lo de los premios. Yo en la vida me prepararía nada. Creo que es mejor si dices algo espontáneo.

D. T. Estás más tranquilo si sabes lo que te gustaría decir. Agradecer a esto, lo otro, o decir algo sobre la ley del aborto.

G. Q. Madre mía.

D. T. ¿Sabes la cantidad de gente que me ha felicitado por las nominaciones? Pero añaden: “Aún no he visto la película”. Y digo, joder, ¡es que no va nadie al cine!

G. Q. Muy poco.

D. T. Es muy doloroso. ¿A ti cuántas veces te han nominado, Tristán? ¿De director novel también, no?

T. U. Cinco en total. Tres de actor, director novel y guionista. No está mal.

D. T. Yo creo que si hiciera el vestuario, tampoco me lo daban.

T. U. En un mismo año tenía las tres. Pero estaba seguro de que no me lo llevaba, porque se repartían los votos. Y el año en el que estábamos nominados Javier, Ernesto y yo… El tercero en discordia siempre se lleva el premio.

J. C. Ahí se cumplió la maldición del actor revelación. Ganó Miroslav, pero para nosotros fue un espaldarazo. A Ernesto, de casta le viene al galgo, pero Tristán y yo era lo primero que hacíamos.

D. T. Sabes que hay un dicho: “El Goya es un año sin trabajar”.

T. U. ¿El Goya o el Goya revelación?

D. T. Ha habido muchos. El de revelación es dramático.

T. U. Yo me he pasado sin trabajar más de un año, y sin tener Goyas.

J. C. Yo también.

D. T. Mira, hablando del rey de Roma…

Terele Pávez entra en ese instante en el estudio con sus seis décadas de carrera de intérprete y saludando con voz agrietada. Esta noche se la juega como actriz de reparto por quinta vez por su papel en Las brujas de Zugarramurdi. Su nombre suena en las quinielas y es el único candidato, por ejemplo, que Trueba se atreve a deslizar cuando se le pide una lista de ganadores. Najwa Nimri, cuatro veces finalista (dos como actriz y otras dos como música), y que estos días se encuentra promocionando Rat race, un disco de electrónica, insinúa: “Para que te lo den tienes que desearlo. Es parte del juego”. Pávez fuma en el camerino y ese deseo se intuye bajo el humo: “Estoy preparada para el no. Para lo que no estoy preparada es para que me lo den. Igual me desmayo, yo que sé. Si es que no me lo puedo imaginar. ¿Cómo me lo van a dar a mí? No sé cómo voy a reaccionar, me voy a emocionar, porque… sé la alegría que tiene mucha gente de que me lo den. Eso lo notas. Amigos que llaman y me dicen que están como locos por que gane. Además, me pilla haciendo una función maravillosa con Marisa Paredes, en casa, trabajando. Es un año muy bonito”. Fuera del camerino, y acabada la tertulia de los sin premio, Cámara se levanta y estornuda de forma aparatosa. Trueba lo mira de reojo. “Por eso no gana Goyas”, dice con las manos sobre la cubierta de Saber perder. 

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