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REVISTA DE PRENSA

Cascos y bicicletas

Observo con cierto estupor la polémica suscitada por la propuesta de la DGT de obligar a llevar casco a los ciclistas en las ciudades, igual que ya lo hacen en carretera. El único argumento en contra que me ha parecido convincente es el oído en algunas tertulias de que cada cual es muy libre de matarse como quiera. A partir de ahí, la obligatoriedad del casco en carretera y no en ciudad supondría asumir que el asfalto ciudadano o los bordillos de las aceras son blandos como la esponja, o si los motoristas lo llevan y los ciclistas no, habría que pensar que estos tienen el cráneo más duro. Ambas hipótesis son posibles, pero hay que demostrarlas. La coherencia de la tesis del no casco es muy pareja a la de que todo el mundo lleve el cinturón de seguridad y nadie discuta su utilidad para reducir los riesgos en los accidentes, menos los taxistas en ciudad, que por lo visto son inmunes a los mismos cuando son los que más horas están al volante.

Reconozco que no soy imparcial: llevo casi 25 años desde un observatorio privilegiado como la ONT, viendo cómo en toda España mueren ciclistas tras un traumatismo craneoencefálico y acaban siendo donantes de órganos. Ello no ocurre necesariamente tras un gran accidente, sino a veces tras un simple resbalón o un roce con un coche que acaba con la cabeza contra el asfalto. Mis hijos fueron convenientemente aleccionados para ni tocar la bici sin casco, cuando ni siquiera los del Tour lo llevaban y los otros niños les miraban fatal.

Y en cuanto a los congresistas que en su perfecto derecho se oponen a la medida, sería de agradecer que dijeran que defienden intereses electorales locales, turísticos o económicos perfectamente legítimos, o simplemente que dicen que no porque “lo ha propuesto el partido de enfrente”. Pero, por favor, no nos den argumentos que atenten al sentido común. Lo más genial fue quien dijo oponerse a la ley pero pidió campañas de concienciación (que es lo que se pide cuando no se sabe muy bien qué hacer) para convencernos de las bondades de llevar casco. Pero hombre, ¿puede haber mayor campaña de concienciación negativa que una vez puesto el tema sobre la mesa, los representantes de los ciudadanos se opongan? ¿Tan convencido está de que cuando los políticos dicen una cosa, la gente intuye que el camino correcto es el contrario?

En un país desarrollado, y España lo es, las muertes evitables, simplemente se evitan, y este es un buen ejemplo.— Rafael Matesanz. Director de la Organización Nacional de Trasplantes.

 

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