Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

Tradición brutal

La horda bien nutrida, como mandan los cánones de la cobardía. Las lanzas cuidadosamente afiladas, que la muerte viaja más cómoda en hojas aguzadas. La víctima, sola, como siempre; sola frente a la turba desquiciada y sus armas; sola para que sea más sencillo perseguirla, acorralarla y atravesarla; sola pero no anónima, porque el suyo es un crimen planeado, anunciado y consentido. Es un linchamiento legal, por eso, se sigue llamando tradición.

Una mañana más ese segundo martes de septiembre en Tordesillas. ¿Una más? No, una muy diferente. Porque en esa fecha fatídica yacerán allí los cadáveres de la compasión, la ética y el progreso.

Y en el fondo, a ninguno de los toros lo habrá matado el acero, sino la saña de los verdugos, la demencia de quienes les otorgaron el poder para hacerlo, y el desprecio de una sociedad que lo permite y calla. Poco más de un mes es lo que queda para que Volante, el Toro de la Vega 2012, pague con un dolor desmesurado y con su vida, el amparo legal que aún ahora tutela una costumbre brutal, malsana e irracional.

Sabemos que algún día, la sociedad, con sus dignos políticos a la cabeza, evocará horrorizada la permisividad e indiferencia del pasado frente un acto que, de principio a fin, ensalza y transmite nada más que violencia. No esperemos más, mañana siempre es tarde ante un crimen. Y el Torneo del Toro de la Vega no es más que eso.— Julio Ortega Fraile.

Puedes seguir EL PAÍS Opinión en Facebook, Twitter o suscribirte aquí a la Newsletter.