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Una mujer casquivana, fría y brutal

La biografía autorizada de Nicolas Sarkozy arremete contra su ex Cécilia Ciganer

Nicolas Sarkozy y su entonces esposa, Cécilia Ciganer, en julio de 2006. CORDON PRESS

La relación amor-odio entre Nicolas Sarkoy y su exesposa Cécilia Attias (de soltera Cécilia Ciganer Albéniz) sigue generando bilis y portadas. Si la campaña presidencial de 2007 pasó a la historia porque Cécilia no votó por su marido en la segunda vuelta y porque la noche del triunfo fue para Sarkozy “la más triste” de su vida, según confesó hace poco porque ese día se enteró de que Cécilia le iba a abandonar, la nueva carrera hacia el Elíseo está sirviendo para ajustar viejas cuentas pendientes y para fabricar una nueva imagen al impopular presidente saliente.

Las hostilidades se han desatado con una biografía de Sarkozy, escrita por Catherine Nay y titulada L'Impétueux (El impetuoso), que retrata a Cécilia como una mujer casquivana, fría y brutal. Entre otras cosas, Nay revela que la bisnieta de Isaac Albéniz largó a Sarkozy del domicilio conyugal obligándole a dormir de okupa en casa de sus amigos durante una crisis. Se trataba de un episodio desconocido, incluso para la madre del todavía jefe del Estado, Andrée Sarkozy, Dadu para los amigos, que al parecer no sale de su asombro.

El impetuoso, biografía muy autorizada, forma parte del despliegue de medios exculpatorios puestos en marcha por el entorno de Sarkozy para tratar de borrar el sambenito de nuevo rico que arrastra el presidente bling bling. La tesis básica de esta campaña paralela dirigida al corazón es que Sarkozy es un hombre justo, bueno y entregado, que si erró alguna vez fue por amor y que tras mucho sufrir hoy tiene una familia digna de un estadista.

Carla Bruni forma parte de esta célula de crisis y se esfuerza cada día en hacer declaraciones que resalten la sencillez y normalidad de la vida en el Elíseo. Tras su célebre “somos gente modesta”, ahora ha dicho: “Al lado de madame Pompidou, yo soy Lady Gaga”. Siguiendo esta línea, los asesores del presidente afirman que “votar por el cambio es votar a Sarkozy”, y una reciente portada de Paris Match (revista que edita su millonario amigo Arnaud Lagardére) ha mostrado a un Sarkozy oscuro y ojeroso, con aspecto de enterrador responsable.

El propio Nicolas II ha asumido en televisión algunos “fallos de relaciones públicas” atribuyéndolos a su amor fou por Cécilia. En el programa Des paroles y des actes, el candidato saliente (como le llama su rival François Hollande) acusó a Cécilia de ser la responsable tanto de la celebración de la victoria de 2007 en Fouquet's como de las vacaciones posteriores en el yate Paloma del empresario Vincent Bolloré.

Cuando le preguntaron si volvería a celebrar la victoria en la prohibitiva brasserie o en un yate de 40 metros, Sarkozy entonó un dramático “no” y añadió: “Esta vez tengo una familia, una familia sólida, y sé dónde podría ir a celebrar la victoria. Con aquellos a los que quiero. No tendría necesidad de buscar refugio en otro sitio”.

Desde su loft de Manhattan, Cécilia, que unos años atrás dijo de Sarkozy que era “un tacaño y un mujeriego que no quiere ni a sus hijos”, pero que en febrero pasado había apoyado la reelección de su ex, ha preferido no responder a la puñalada y ha dejado que lo haga su marido actual, Richard Attias.

El publicista, con quien la efímera exprimera dama tuvo varios romances mientras estaba casada con Sarkozy, ha negado la implicación de su esposa en aquellas decisiones que desilusionaron a tantos franceses solo unas horas después de elegir al presidente en 2007: “Un mandato de cinco años no se puede echar sobre la espalda de una persona que solo estuvo allí seis meses”.

Attias ha añadido que Cécilia llegó tardísimo a Fouquet's y ni siquiera votó por Sarkozy, dando a entender que fue el presidente quien organizó la soirée de Fouquet's y el fallido crucero de relax para tratar de reconquistar a Cécilia cuando la pareja se iba a pique.

A menos de dos semanas para la primera vuelta, y con los sondeos dando por segura su derrota, Cécilia ha decidido no hablar y ni siquiera se pone al teléfono cuando llama Sarkozy, según el Journal du Dimanche. La guerra es la guerra, y según Le Nouvel Observateur, Louis, el hijo común, ha tomado partido por su padre y le ha dicho a la madre una frase tan dolorosa como memorable: “Si papá pierde, será culpa tuya”.