El vuelo del 'Cuatro Vientos', 75 años después

Soldados del Ejército del Aire español, entre ellos una mujer, emulan la proeza del primer avión que cruzó el Atlántico central

EFE Camagüey (Cuba) 9 JUL 2008 - 16:44 CET

El comandante Francisco Matas y la tripulación del T21 forman al llegar a la ciudad de Camagüey, en el oriente de Cuba. / EFE

La base aérea de Cuatro Vientos en Carabanchel debe su nombre a un aparato que protagonizó un vuelo histórico. El Cuatro Vientos fue el primer avión que cruzó el Atlántico central en 1933. Salió de la de Sevilla para llegar a Camagüey (Cuba). La proceza ha sido reeditada por 11 tripulantes del Ejército del Aire español, entre ellos una mujer, para los que volar sobre el océano sigue siendo la "clásica aventura" de la aviación. La nave, un CASA-295 de fabricación nacional, construido en diciembre, salió el 4 de julio con trayecto Getafe-Azores-Puerto Rico-Camagüey y, tras un vuelo "fabuloso", entre fotografías, juegos de cartas y largas conversaciones, aterrizó ayer martes en la isla caribeña.

El avión, gris y de poca potencia, fue rotulado con el nombre de Cuatro Vientos en letras rojas en el 75 aniversario del vuelo de su antecesor, un Breguet XIX Superbidón que partió de Tablada (Sevilla) con destino a La Habana el 10 de junio de 1933, pilotado por el capitán Mariano Barberán y el teniente Joaquín Collar. La nave cruzó entonces el Atlántico por su parte más ancha en un trayecto que duró casi 40 horas, pero la escasez de combustible lo hizo aterrizar en la provincia de Camagüey, a unos 570 kilómetros al este de la capital cubana.

Tras una semana de agasajos en la isla, los dos tripulantes despegaron hacia México en lo que sería la última etapa del viaje, pero la nave desapareció y su suerte todavía es un misterio sobre el que se han levantado no pocas hipótesis. Diez oficiales de la Unidad Ala 35 de Madrid fueron elegidos para festejar en el aire el hito del Cuatro Vientos con el comandante Francisco Matas al frente, un pasajero invitado, el historiador mexicano José Ramón Burgeón, y la piloto María Eugenia Torío como la única mujer. "No muchas veces cruzamos el Atlántico y en este tipo de avión, con sólo dos motores, es un poco crítico, tiene su dificultad, pero es un vuelo seguro, nada que ver con los peligros de Barberán y Collar", explica Torío, de 30 años, quien después de su misión en Cuba tiene asignada una tarea en la región de El Chad.

"Eso te da algo en la tripa"

En opinión de Matas, de 38 años, hoy en día los pilotos buscan récords dando la vuelta al mundo sin aterrizar, o elevando las naves a alturas casi estratosféricas, pero coincide en que cruzar el mar sigue teniendo su magia. "En esta profesión cada día es una aventura y cada vuelo puede ser una aventura, tan corto y largo como lo puedas imaginar", añade el piloto. Su segundo timón, el teniente Francisco Parellada, ha vivido experiencias de peligro en zonas de conflicto como Afganistán, pero destaca ésta como su travesía más larga y asegura que ya nadie "se la juega" como en la época del Cuatro Vientos. "Todo lo que sea cruzar el mar, que no tengas aeropuerto cerca para poder aterrizar cuando haya un problema, ya eso te da algo en la tripa ¿sabes?", confiesa Parellada.

Sus héroes, Barberán y Collar, recibieron en Cuba una bienvenida apoteósica, en la que miles de personas rompieron los cordones de seguridad para acercarse al avión y tocar a los pilotos españoles. La isla ha intentado hoy reeditar también el entusiasmo de esa bienvenida, con un intenso plan de actividades encabezado por las autoridades de Camagüey y la comisión del Ejército del Aire que viajó a Cuba para iniciar el ciclo de festejos por la efeméride del Cuatro Vientos.

Entre los actos, el director general del Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire, Javier Criado, ha descubierto una placa en el mismo sitio en que se levanta desde 1942 un monumento con los rostros de Barberán y Collar en bronce y una leyenda sobre el vuelo. El historiador cubano Franklin Aramís explica que el antiguo monumento, situado en el centro de la ciudad, se construyó por "prestación popular" y cada año los cubanos rememoran a sus pies el vuelo con ofrendas florales y visitas de los miembros de las comunidades españolas de la urbe. Aramís, autor de tres libros sobre la historia del Cuatro Vientos, resalta que lo que sucedió a Barbarán y Collar tras salir de La Habana fue "un juego de dominó contra tres y la mala suerte". "Una serie de circunstancias desgraciadas, y el cansancio, el mal tiempo, y las opiniones de los que no hicieron el vuelo... pero igual, fue un recorrido más exacto que si tuviera una GPS de satélite, incomparable, irrepetible", sostiene.

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