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domingo, 29 de enero de 2012
Reportaje:

Unos 300 niños nacen en el mundo mientras usted lee esta página

Eso si tarda un minuto. Porque si se demora una hora, serán 18.000 los recién nacidos; en un año alcanzarán los 150 millones; 1.070 varones por cada 1.000 niñas. La manera como se viene al mundo depende del mundo al que uno viene. Así, de ellos, cuatro millones no sobrevivirán al primer mes, y más de medio millón de mujeres fallecerán en el proceso de ser madres: una por minuto; 70.000 de ellas, menores. Si vive en Níger, tendrá muchas posibilidades de pasarlo mal: una de cada siete morirá durante el parto, mientras que en zona desarrollada será una de cada 8.000. Este reportaje retrata lo que representa esperar y tener un bebé en cinco lugares distintos a través de las historias de cinco primerizas: Reyes, Sandy, Angie, Vinotha y Deny.

El autor de estas imágenes se pasó más de un año retratando embarazadas por el mundo. Cinco en concreto, Vinotha, Deny, Angie, Sandy y Reyes; en cinco países de cuatro continentes. "La idea surgió porque, treintañero como soy, hubo un momento en que todos a mi alrededor esperaban a su primer hijo, y eso me dio que pensar en cómo cambia la vida ante la llegada de un bebé, y en si sería así en todas partes...", cuenta José Salvador Gutiérrez. Este fotógrafo jienense ideó un proyecto titulado Luz al mundo y se dispuso a retratar el proceso. Se sumergió en ambientes geográficamente distantes, en universos de mujeres, maridos, familias, médicos, casas, alcobas, preparativos, muchos miedos y muchos planes, para contemplar así, "cómo el primer embarazo transforma a las familias y cómo esto es diferente en sociedades distintas". ¿Diferente? "Bueno, hay cosas que no: como la cara de miedo y vértigo del padre primerizo ante la aventura que le espera", dice.

la mayor desigualdad entre el mundo industrializado y el que está en desarrollo es la mortalidad materna

el lugar donde se nace determina el modo en que uno existe. Parir es un asunto político

En india está prohibido que el doctor revele a la familia el sexo del bebé para evitar el infanticidio de niñas

Una similitud es que las madres se sienten madres desde los primeros días de embarazo, pero los padres solo después de nacer el bebé

Basta mirar alrededor. Se da a luz en el mundo a un ritmo frenético: unos 300 niños cada minuto; casi cuatrocientos mil nacimientos al día. Estés donde estés, las embarazadas o madres recientes suelen hablar de su condición; intercambian avances últimos, tendencias, secretos de alimentación y de revisiones obstétricas... Las mejores descripciones de cómo se vive la maternidad las ofrecen ellas mismas. En el mundo occidental abunda la información, las revistas temáticas sobre ser madre, padre o ambos; en el mundo en desarrollo, esta se suele transmitir por la radio, en publicidades por las calles (de salud pública, sida, enfermedades infecciosas...) y por el boca a boca. Todo este conocimiento y la parafernalia médica, casera y familiar conforman el entorno que un bebé tendrá al llegar: si, por poner un ejemplo, la familia cree que un niño Jesús le protegerá, allí estará junto a la cuna su figura religiosa.

Pero de los 300 que nacen cada minuto, pocos lo hacen en países desarrollados. Gran parte, en un BRIC: India. Y por cada 1.070 varones serán 1.000 hembras. Una ratio que se repite en casi todas partes, menos allí. En India nacer mujer, por cuestiones de costumbre de dote, ya es el primer handicap para mantenerse con vida.

En India debía haber nacido el teórico habitante número 7.000 millones del planeta el pasado octubre, pero fue en Filipinas. En las imágenes que se emitieron por doquier aparecía su carita, su madre, la clínica, los médicos... El contexto. "India es decrépita y sabia al mismo tiempo", escribe Gutiérrez en una suerte de diario, hecho blog y exposición y titulado Luzalmundo.wordpress.com, en el que fue recogiendo sus impresiones. "He vuelto con la libreta repleta de páginas manuscritas con una caligrafía densa, para que quepa más, todo aquello que quería no olvidar, lo que veía con ojos que parecían de otro...". "De nuevo miro el reloj... en un par de horas estaré en Bamako... Comienza el viaje". Era su primera parada.

Al seguir su travesía desde ese 13 de julio de 2009, en el aeropuerto de Casablanca (Marruecos), y hasta el 31 de julio de 2010 que la da por cerrada en Nueva York, va desbrozando el mundo a su paso. Está todo ahí: la distancia recorrida; la búsqueda y el contacto con las gestantes, sus familias más o menos pudientes y su entorno más o menos rural o urbano; la visión del mijo y el trigo crecidos cerca de la casa de la adolescente Deny; las cabras, las gallinas, los automóviles, las palmeras, los mercados...; el calor que se pega al cuerpo; la música de Van Morrison subido en la moto de Dicko mientras atraviesan Bamako; las conversaciones de unos y las risas de otros; el olor a semilla de karité; la ayuda de personas, como Adelaida, de Médicus Mundi, que le conduce hasta Vinotha; Carla, la matrona peruana, una mano para acceder a Sandy y su marido camionero, más joven que ella, que habitan en una casa con cicatrices por culpa de un terremoto; la muerte, entre un viaje y otro, de Foré, el enfermero que se le hizo amigo...

Y también quedan ahí reflejados los gestos inconscientes de las preñadas al tocarse sin querer la barriga; los rostros de los bebés, Amaze y Awa, nacidos antes de tiempo, y la luz de Nueva York que rebota, nítida y fría en la piel de los edificios mientras él busca una mujer encinta, sin orientación, hasta que encuentra a Angie, en estado gracias a la inseminación artificial. "Todas esas cosas que no se ven en la fotos", se las trajo consigo.

Y una evidencia surge al observar su trabajo: la manera como se viene al mundo depende del mundo al que uno viene. Parir es un asunto político. El mundo a donde uno viene determina el tiempo que uno sobrevive. Para hacerse una idea, y siguiendo el informe de Unicef, Salud materna y neonatal, en un año -el tiempo que el fotógrafo empleó-, más de medio millón de mujeres murieron por ese estado de buena esperanza, que para ellas se tornó en fatídico final. Fallece una mujer cada minuto hoy en el mundo por estas cuestiones, según estableció la ONU en 2000. Desde 1990 han sido alrededor de 10 millones de ellas, y unos cuatro millones de recién nacidos cada año no sobreviven más de 28 días.

No hay mayor índice de desigualdad que el de la mortalidad materna. Esa es la gran diferencia entre el desarrollo y la falta de él: que el riesgo de muerte por causas relacionadas con la maternidad a lo largo de toda la vida es de tan solo uno entre 47.600 para una madre de Irlanda, por ejemplo, y de uno entre siete en Níger. El lugar donde se nace determina el modo en que uno existe. Empezando por quedarse encinta o no: 215 millones de mujeres no tienen acceso a métodos contraceptivos. El término planificación familiar les es desconocido o inaccesible. Por tanto, su voluntad no cuenta. Influye el lugar en que uno nace en los usos y costumbres que se tendrán al nacer: un bebé occidental usará alrededor de seis mil pañales desechables (240 durante el primer mes); uno no occidental, por ejemplo, en Tíbet, igual ni los ve en toda su vida. Le servirá un agujero en el pantalón para facilitar la limpieza.

Hay abismos en salud contraceptiva, en la asistencia antes, durante y después del parto de un lugar u otro (revisiones, controles, análisis de sangres, epidural o ecografías... son términos si no desconocidos, sí inalcanzables para muchas mujeres). Como los hay en las condiciones de vida básicas (acceso a la educación y la sanidad o incluso los alimentos: si naces de mujer educada tendrás 50% más de probabilidades de sobrevivir por encima de los cinco años; 115 millones de menores de cinco años están hoy desnutridos) y otras como el modo en que el cuerpo de la gestante se vuelve asunto público, la forma de dar de mamar (abiertamente, sin ningún pudor, en Malí; a cubierto, en otros), los virus que te pueden enfermar... Años luz en la tecnología usada para el embarazo, sus estadios y complicaciones; los modos y maneras si tu madre o la matrona habita en los poblados de Malí, en las hacinadas ciudades de India o la moderna y socializada Europa del Norte. Algunos ejemplos: en una zona de India a las recién paridas se las aísla en cuarentena en una tienda aparte con el bebé y nadie las asiste. Muchas mueren. En Sierra Leona las chicas tienen hijos antes de casarse para demostrar así que son fértiles.

Y la forma en que cada madre vive su estado ¿difiere de un sitio a otro? Ahí fue donde nuestro fotógrafo quiso enfocar el objetivo. Seleccionó, tras hablar con diferentes ONG y consultar fuentes, los países por sus culturas diversas. Y la búsqueda de las embarazadas se convirtió, como en la vida misma, en la historia en sí: para dar con ellas dio, a veces, palos de ciego; aprovechó encuentros y sugerencias y hasta tuvo que someterse al consejo de jefes y jefas de familia en Malí para ver quién era la mujer adecuada "para él" en la comunidad. "Al día siguiente los tambores convocaban las reuniones necesarias", recuerda.

Todas las elegidas, Reyes, Sandy, Angie, Vinotha y Deny, se asemejan en que disfrutan de la asistencia sanitaria necesaria, y difieren en edad, trabajo, estudios. En Malí preguntó en un hospital en medio de la selva (MZC, Mujeres en Zona de Conflicto); en India pidió ayuda a Médicus Mundi, que trabajaban sobre el terreno y estos le recomendaron un hospital en el Estado de Kerala al que llamaban Our Lady of the Pillar (Nuestra Señora del Pilar); en Perú dio con una asociación que le echó una mano; en EE UU buscó a solas, hasta que dio con la persona adecuada, a la que encontró "por amor al arte" y con ayuda del destino. Y en España fue una amiga, Reyes. "Y resultó ser la parte más difícil: nadie es profeta en su tierra".

¿Qué encontró? "Malí me impresionó. Era el sitio que me parecía más alejado, y resultó el más sorprendente. Ser madres es responsabilidad de chicas muy jóvenes, adolescentes. En Malí me sentí hermano, familia, sociedad, comunidad. Y nunca solo". ¿El más extraño? "En India no conseguí hacerme entender, son como gatos, nunca sabes qué piensan... En Malí tenía a Kapuscinski con su libro Ébano para orientarme, en India fui a pecho descubierto, castas, etnias y gremios. Nunca los he comprendido, ni su civilización, ni sus contradicciones: la ley, por ejemplo, no permite que se diga el sexo del bebé antes de nacer, pero el infanticidio se asume como algo normal. Mi chica era educada, universitaria y sin embargo se sometía a costumbres que no entiendo".

Estados Unidos fue para él como una película de Hollywood. "Angie y Rich son una pareja que vive permanentemente en la cresta de una ola. Así, pensaban que un hijo les iba a traer la tranquilidad de que carecían. El bebé tenía ya todo antes de nacer, exagerado. Me aceptaron, pero marcaron límites. Son conscientes de su realidad pero, al tiempo, actores de su propia película. Lo más bonito fue cómo conocí a Angie".

Y Perú, "como estar en casa de una amiga en medio de influencias españolas por todas partes". Finalmente, ¿en España? "Fotografié y seguí a Reyes en Umbrete, era como mi pueblo. Y fue lo más difícil. Un lugar muy tradicional, todos se conocen, muy rural, tiene la ciudad deportiva mayor de la zona, un centro de cultura, teatro municipal para 4.000 habitantes, y es famoso por su amor a la pirotecnia, cada domingo hay fuegos artificiales por bautizos o bodas".

Mejorar la salud maternal es uno de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Y mejorarla significa derechos e igualdad. Ann M. Veneman, directora de Unicef, indica: "Los avances en la salud materna y neonatal no se han producido en paralelo a los de la supervivencia infantil, ya que la reducción de la mortalidad general de menores de cinco años entre 1990 y 2007 fue de un 27%". ONG y organismos internacionales se afanan para intentar frenar estos datos obstinados. De esto saben bastante tres activistas sobre el terreno que se reunieron hace unas semanas en un desayuno de Unicef con la reina Sofía. Carmen Garrigós (Afganistán), Isabel Crowley (Liberia) y María Jesús Conde (República Dominicana) hablaron de su larga experiencia y las tres coincidieron: el cuidado de las mujeres y los menores es garantía de prosperidad y futuro para un país. La última habló de cifras (10 muertes por cada 1.000 embarazos es la tasa en la República Dominicana) y comentó el buen resultado de iniciativas como las llamadas Ligas de Parto Limpio que hicieron que las muertes por sepsis se redujeran a cero en 2010 en ese país, gracias a la intervención de los diferentes actores sociales de la propia comunidad. "Los partos limpios favorecen la reducción de costes, salvan vidas, disminuyen los ingresos hospitalarios por infecciones", dijo Conde.

Cuanta más discriminación y más exclusión de las mujeres en un lugar, menor desarrollo, es un hecho ya asumido. "Y la pobreza muchas veces no tiene que ver con los recursos y rentas, sino con políticas equivocadas e injustas tal como se ha visto que sucede en estos tres países de los que hablamos", concluyó Garrigós, que trabaja en un Afganistán nada fácil. Daba ejemplos: la tradición de parir en las casas provoca muertes innecesarias... Allí, en Afganistán, es un problema de derechos de las mujeres, no de recursos, pues hay hospitales preparados. Y otro aspecto citado: es imprescindible incluir al hombre en las acciones de cambio. "En Liberia, las campañas de salud se deberían hacer con y para ellos. Las mujeres saben bien, por ejemplo, cuándo un acto es una violación, pero ellos, muchas veces, no", cerró Crowley.

Visto en la distancia ahora, confiesa el fotógrafo sentir debilidad por África. Y dice que sí, que repetiría su periplo con los ojos cerrados. "Quizá fueron el asiático y el africano los más complicados por culpa de la comunicación; por mis escasos conocimientos de hindi o de tamil, y de bámbara, no paré de usar la mímica, pero fue lo más divertido". ¿En qué nos parecemos unos y otros, unas y otras? En dos cosas, afirma: "En que los abuelos mantienen siempre una relación especial con los nietos, y en que la embarazada tiene una relación biológica y racional con su niño desde el principio; se siente madre desde los primeros días, pero el padre no; este tiene una relación racional lógica solo cuando nace el bebé, es entonces cuando se siente padre de verdad".

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