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domingo, 11 de diciembre de 2011
Reportaje:

'Amiguito del alma'

La peligrosa relación de Francisco Camps con Álvaro Pérez, alias El Bigotes, destacado miembro de la trama Gürtel, acaba con el expresidente valenciano en el banquillo de los acusados por un delito continuado de cohecho pasivo. Mañana empieza el juicio en ValenciaCamps afirma que abonó las prendas con su dinero. Anticorrupción aportará pruebas que contradicen la versión del expresidente

Nochebuena de 2008. Son las 21.43 en la vivienda familiar del entonces presidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps. Suena el teléfono móvil del molt honorable. Una voz con tono reverencial saluda al otro lado de la línea: "Presidente". Camps reconoce la voz al instante. Y se muestra contento: "Feliz Navidad, amiguito del alma". Su interlocutor es Álvaro Pérez, El Bigotes, jefe de la trama Gürtel en la Comunidad Valenciana. Quiere felicitar personalmente las fiestas a su amigo, en ese momento uno de los políticos con mayor peso en el PP.

Álvaro Pérez. Oye... que te sigo queriendo mucho.

Francisco Camps. Y yo también... tenía que haberte llamado, te quería haber llamado, para contarte todo (...). Pero sobre todo para decirte que te quiero un huevo.

Cuando Rajoy se proclame presidente del Gobierno, Camps llevará ocho días en el banquillo de los acusados

La plana mayor de la red Gürtel, encabezada por Correa, desfilará ante el tribunal. Irán en calidad de testigos

Ninguno de los dos imaginó entonces, ni por lo más remoto, que una unidad de élite de la policía, la brigada central de blanqueo de capitales, la UDEF, estaba grabando la conversación por orden del juez Baltasar Garzón. No seguían los pasos de Camps, pero sí llevaban meses tras los de El Bigotes.

Sin buscarlo, los agentes pronto se dieron cuenta de que aquella conversación les permitiría atar muchos cabos. El Bigotes era miembro destacado de una trama de corrupción, la red Gürtel, en la que el juez Garzón había puesto en su lupa. Informes policiales, testimonios y grabaciones de sobremesa indicaban que la red ocultaba decenas de millones de euros en el extranjero, y que era la tapadera de una organización que tenía sobornados a una veintena de altos cargos públicos que, a su vez, le facilitaba pelotazos urbanísticos o contratas públicas a dedo y amañados. Dinero que salía de administraciones públicas gobernadas por el PP en Madrid y Valencia.

La conversación entre Camps y El Bigotes permitió a los agentes de la UDEF hacerse sus propias cábalas. ¿Por qué una parte nada desdeñable del dinero opaco recaudado por la trama desde 2004 y hasta finales de 2008 lo había generado Orange Market, la filial de las sociedades Gürtel en Valencia? Al frente de Orange Market, El Bigotes, un personaje clave en una trama difícil de desmadejar. Era un tinglado compuesto por una veintena de sociedades tejidas o con ramificaciones en una docena de paraísos fiscales del planeta por abogados expertos en el lavado de dinero turbio.

Con la llegada de Mariano Rajoy a la sede central del PP en la calle Génova, y la salida de José María Aznar, el negocio del jefe de la red Gürtel, Francisco Correa, cayó en desgracia. La trama creyó encontrar un nuevo maná en Valencia. Y reactivó Orange Market. Con El Bigotes de jefe. Entonces tenía un generoso y cuidado bigote, aunque últimamente lo ha borrado de su rostro.

Sobrino del humorista Andrés Pajares, Álvaro Pérez era un buen gancho para Valencia. Con un lenguaje fluido, seductor y a veces hasta cómico, que no escatima elogios. Y más si el receptor tiene poder: "Tu caudal de palabras, tu facilidad de palabra... Te quiero mucho a ti y a tu familia. ¿Vale?", lisonjeó a Camps en su llamada de Nochebuena, después de que el molt honorable le rectificase un comentario acerca de la lealtad.

La idea de potenciar una filial de Gürtel en Valencia la desarrolla Correa cuando intuye los ingresos que puede generar a la red la aparente buena relación que mantiene El Bigotes con el hombre más poderoso de una de las comunidades más ricas de España. Camps y Álvaro Pérez se conocieron años antes en Madrid, en 2002, en actos del partido, según reconoce el expresidente en un escrito judicial. Camps comenzó a gobernar Valencia, y El Bigotes siguió su estela. "Era un pelota con quienes podían darle trabajo y un colega con sus iguales, pero iba de jefe con los inferiores", le define alguien que le conoció como compañero en las empresas de la red.

El jefe de la trama exalta ante sus compinches las dotes de relaciones públicas de su hombre en Valencia. A veces le llama Alvarito. En una de las grabaciones interceptadas, Correa recuerda cómo el mismísimo Alejandro Agag, yerno del expresidente José María Aznar, le pidió a El Bigotes para el servicio de su suegro. Así lo cuenta Correa a su interlocutor: "Me dijo Alejandro, ponle para que lleve los actos del presidente , y yo le dije: ¿pero tú estás loco?, uno que viene del mundo de Pajares... Bueno, pues lo pusimos y Ana Botella

[esposa de Aznar y posible próxima alcaldesa de Madrid] se enamoró de él, en el buen sentido, le encantó, y empezó a trabajar con él y tuvo un éxito tremendo hasta que llegó Mariano [Rajoy]".

En esa conversación, el jefe de la trama, gustoso de que le llamasen don Vitto (emulando al personaje que escenifica Marlon Brando en la película de Coppola El Padrino), afina sobre la relación entre El Bigotes y el entonces jefe del Gobierno valenciano. "Cuando dejó de trabajar para Mariano Rajoy, Paco Camps se lo ha llevado a Valencia", apunta Correa, "y trabaja y le hace las campañas a Paco Camps".

Entre 2004 y finales de 2008, El Bigotes hizo algo más que alguna campaña para el PP valenciano. Consiguió unas 40 contratas públicas, casi todas a dedo, de la Administración valenciana. Casi ocho millones de euros. El balance de Orange Market creció como la espuma. ¿De dónde salía el dinero? Obtuvo un trato de favor, no solo de los actos del PP regional, también de algunas consejerías del Gobierno valenciano. Por ejemplo, de la de Turismo, como constata el sumario.

¿A cambio de qué? Quizá por sus vinculaciones y simpatías con el PP, posiblemente por su capacidad seductora, y seguramente "porque hacía regalos a diestro y siniestro a altos cargos públicos con capacidad de decidir concursos", según fuentes policiales. A veces eran simples detalles, un buen vino, una cesta; pero otras, según el nivel del receptor, podían ser relojes, trajes, joyas, bolsos.

Tras un primer año malo, la facturación de Orange Market creció espectacularmente. Y se convirtió en la envidia de otras empresas del sector que veían cómo, por ejemplo, las mieles económicas de la instalación del estand de Valencia en Fitur se las bebía Orange Market año tras año. Aunque la suya no fuera la mejor oferta, y ocurrió en la edición de 2008, Orange Market se adjudicaba siempre el evento. Salpicada por este asunto ha salido la exconsejera de Turismo del entonces Gobierno de Camps, Milagrosa Martínez, La Perla, por aceptar supuestamente de El Bigotes un reloj valorado en 2.400 euros.

De una u otra forma, Orange Market se convirtió en la firma de cabecera del PP valenciano: le organizaba todos sus actos. Y si iba Rajoy en campaña a la capital del Turia, también. Mientras El Bigotes se jactaba de su amistad con el molt honorable, mes tras mes se elevaban las cuentas de resultados de Orange Market. Sí, las cuentas. Porque llevaba una doble contabilidad. La opaca, al fisco; la caja B, eufemísticamente llamada Barcelona, frente a la oficial, Alicante.

¿Cabe atribuir el éxito de Orange Mark a la amistad de El Bigotes con Camps? Sí y no. Seducido el jefe, se preocupó de que los subordinados supieran de su proximidad con él. Eso le abría despachos. Y todo ello adobado con regalos por doquier y mucho lisonjeo.

7 de enero de 2009, día siguiente al de los Reyes Magos. De nuevo suena el teléfono en la vivienda familiar del molt honorable, a las 22.38.

"Con el mío te has pasado 20 pueblos", suelta Isabel Bas, la mujer de Francisco Camps, a El Bigotes abrumada por lo caro de su regalo, tras pasarle el móvil su marido. Una pulsera de oro para la hija; un bolso para Isabel Bas. En la grabación consta cómo Bas le advierte que lo va a devolver... El Bigotes le habla con zalamerías y ríe los comentarios de la primera dama valenciana.

Antes que con ella, El Bigotes habló con Camps a través del mismo móvil.

"¿Has leído el tarjetón? ¡Fíjate si te debo!", comentó.

"¿Qué le debe este señor a usted?", preguntaría a Camps meses después José Flors, el juez instructor del caso de los trajes.

"La idea de una Comunidad fuerte y un PP muy fuerte...", respondió.

En su encuentro con Camps, el juez Flors indagó sobre los trajes. Esos que tantos disgustos le han dado desde entonces y por los que se sentará en el banquillo desde mañana ante un jurado formado por nueve vecinos de Valencia. Está acusado de un delito de cohecho continuado pasivo. Es decir, por haber aceptado como regalo, según la Fiscalía Anticorrupción, "12 trajes, 4 americanas, 5 pares de zapatos y 4 corbatas" por valor de 14.021 euros de la trama Gürtel a través de El Bigotes.

Existe un artículo en el Código Penal, el 426, que tipifica como cohecho pasivo que una autoridad o funcionario acepte regalos de ciudadanos. A esto se agarraron Garzón, las fiscales anticorrupción y los jueces Antonio Pedreira y José Flors para entender que los regalos de El Bigotes a Camps en trajes constituían un delito. Aunque fuera a cambio de nada.

Cuando estalló el escándalo de los trajes, allá por febrero de 2009, Camps se apresuró a decir que todo era un montaje y aseguró que él se pagaba sus trajes. De su propio dinero, y que tenía unas ganas "locas, locas" de aclararlo todo ante los tribunales. Luego se encerró en sí mismo y evitó toda pregunta relacionada con los trajes o el caso Gürtel.

Pero el escándalo ya estaba en la calle. E irradiaba con fuerza en Génova, con un Mariano Rajoy que prefería hablar de la crisis económica antes que explicar la retahíla de turbias actividades que había generado la red Gürtel en su entorno.

Camps se autoconvenció de que el escándalo Gürtel iba a más y que él también estaba en la diana del huracán judicial cuando en Madrid, epicentro de la red, se desató una auténtica cascada de dimisiones de altos cargos del PP: cuatro alcaldes de grandes poblaciones, tres diputados, un consejero del Gobierno de Esperanza Aguirre, un diputado nacional, un senador...

Y también le preocupó conocer, a través de EL PAÍS, que los tentáculos de su "amiguito del alma", y por extensión de la trama Gürtel, habían robado presuntamente casi tres millones de euros, en comisiones del presupuesto de actos de la visita que giró Benedicto XVI a Valencia en 2006. Un saqueo en toda regla, según revelan los informes policiales que analizan la operación. Urdida supuestamente por El Bigotes y su amigo Pedro García, ex director general de Canal 9, la televisión pública de Valencia.

Pero lo que finalmente ha atrapado en la noria judicial a Camps no son las comisiones de la visita del Papa, ni siquiera el caso de financiación ilegal del PP de Valencia descubierto por los investigadores de la trama Gürtel. Ningún juez le ha ligado con estos asuntos. Su calvario son los trajes, por los que la fiscalía anticorrupción le pide una multa de 41.250 euros.

Camps no estará mañana solo ante el jurado popular que le juzgará por cohecho continuado pasivo. La misma pena de multa pide Anticorrupción para el que fuera su número dos en el PP de Valencia, Ricardo Costa. Ambos compartirán banquillo. Los dos por aceptar trajes de El Bigotes.

Hermano de Juan Costa, exministro de Aznar, Ricardo soñaba entrar en el Gobierno de Camps, que por entonces había logrado dos mayorías absolutas. Era secretario general del PP, pero ansiaba un puesto más relevante. Y sabía de la amistad de El Bigotes con el presidente. El 27 de diciembre de 2008, según las grabaciones interceptadas a la red, Costa le telefoneó para preguntarle si iba a cenar con "este" [en referencia a Camps] y le pidió que le enchufara y le nombrasen consejero.

Álvaro Pérez. Lo tenía previsto.

Ricardo Costa. (...) Es que como secretario general le puedo ser más útil si me pusiera en el Gobierno.

Que el número dos del PP valenciano interceda ante El Bigotes para un asunto así da idea de la amistad real que, se supunía, le unía con él. O, al menos, de lo bien que la había vendido. Solo El Bigotes sabe si llegó a recomendarlo. Ya que Costa siguió como secretario general del PP, envuelto también en las llamas de un caso Gürtel que no cejaba de levantar humaredas.

Dos meses después de revalidar en mayo pasado su mayoría absoluta al frente del Consell, Camps arrojó la toalla y dimitió. Fue el pasado 20 de julio, solo días después de que el juez Flors decidiese sentarlo en el banquillo por cohecho pasivo continuado. Argumentó que quería tener tiempo para preparar su defensa. Mantenía, y mantiene, que los trajes los pagó él de su bolsillo, del dinero en efectivo que genera la farmacia de su esposa en Valencia. En la sede de Génova era inasumible tener un presidente acusado de cohecho impropio en el banquillo que pudiera entorpecer el camino de Rajoy a La Moncloa, allanado por la crisis económica.

Costa no llegó a consejero, perdió la secretaría general por sus contactos con El Bigotes y hoy solo es diputado regional

Cuando Rajoy instale su mayoría absoluta en La Moncloa, el próximo día 19, el líder autonómico que más se volcó con él -tras surgir un grupo de dirigentes del PP encabezados por Esperanza Aguirre que trató de ponerle la zancadilla en 2008- llevará ocho días sentado en el banquillo, respondiendo ante un jurado. Le perjudica, con vistas al veredicto, que dos antiguos altos cargos de su Gobierno (el exvicepresidente Víctor Campos y el ex asesor jefe de Turismo, Rafael Betoret) hayan reconocido ante el tribunal que El Bigotes sí les regaló a ellos los trajes. Si lo hubieran negado, mañana estarían sentados con Camps. La estadística puede beneficiarle: los valencianos, de entre los que se han extraído los miembros del jurado, le han dado mayoría absoluta tres veces consecutivas.

La plana mayor de la red Gürtel desfilará por el juicio. Esta vez como testigos. Empezando por Don Vitto / Correa, que aún sigue en la cárcel en constantes enfados por escrito con el juez de Madrid que ha instruido el tronco principal del caso Gürtel, Antonio Pedreira. El juez le ha negado nueve veces la libertad provisional porque teme que pueda huir en busca de los millones que presuntamente oculta en el extranjero. Siguiendo por Pablo Crespo, lugarteniente en la trama, que sigue preso. Y cómo no, Alvarito, El Bigotes. El hombre de la voz reverencial que llamó a casa de Camps la Nochebuena del 24 de diciembre de 2008, a las 21.43, y oyó al honorable llamarle "amiguito del alma".

El jurado se retirará a deliberar la víspera de esta próxima Nochebuena. Habrán pasado casi tres años desde la llamada. Y ha llovido mucho.

Un juicio de 19.000 folios y 56 tomos

» El juicio contra Francisco Camps, expresidente de la Generalitat de Valencia,y el exsecretario general del PP en esa comunidad, Ricardo Costa, por el caso de los trajes se inicia mañana, día 12, a las 10.00 en la sede del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana. Lo presidirá el magistrado Juan Climent

» Está previsto que se celebre en sesiones de lunes a viernes, hasta el próximo día 23, para desentrañar un sumario que ocupa 56 tomos con unos 19.000 folios de diligencias.

» El lunes se constituirá el jurado. Elegido al azar entre vecinos de Valencia. Tras una criba inicial, deben comparecer ante el tribunal al menos 26 de los posibles candidatos. Hasta que queden nueve, más dos suplentes. Por eso se producirá otra purga por parte de las defensas y de la acusación. Por Anticorrupción intervendrán las fiscales Miriam Segura y Concepción Sabadell.

» Los elegidos para el jurado cobrarán dietas por ser miembros del mismo mientras dure la vista y estarán escoltados por la policía para que nadie les inquiete en su labor, incluso fuera de las sesiones del juicio.

» Constituido el jurado, empezarán las declaraciones de los dos acusados, Francisco Camps y Ricardo Costa. La previsión es que el martes, día 13, se inicien las declaraciones testificales, que llevarán toda la semana, hasta el viernes.

» Los informes periciales (policías, miembros de la Agencia Tributaria...) se iniciarán el lunes 19 de diciembre. Entre peritos y testigos, el tribunal ha citado a un centenar de personas.

» A partir del día 20, los abogados empezarán a esbozar sus conclusiones definitivas. La intención es que el juicio concluya el 23 de diciembre, víspera de Nochebuena. Y que el jurado comience sus deliberaciones, culpable o inocente, ese mismo día. -

¿Quién pagó los trajes?

La cuestión nuclear de la vista que se celebra desde mañana en Valencia contra el expresidente Francisco Camps por cohecho continuado, se centrará en si aceptó, o no, trajes de la trama Gürtel en función de su cargo público. Lo de la financiación ilegal y el saqueo en la visita del Papa a Valencia llevan un cauce diferente. No es lo que se juzga ahora.

El abogado de Camps, Javier Boix, trazará previsiblemente la defensa en que su cliente pagó en metálico sus trajes, con dinero de la farmacia de su esposa, y que no se los regaló la red Gürtel. Tambien tratará de ensombrecer y quitar credibilidad a los testimonios de José Tomás, el sastre de Camps, que mantiene que el expresidente nunca aportó "ni una peseta" para abonar las prendas que le confeccionó, sino que lo hizo El Bigotes a través de la red Gürtel.

Enfrente, Camps tendrá, además del abogado que representa al PSOE de Valencia, a la Fiscalía Anticorrupción, que dispone de toda una batería de pruebas incriminatorias que avalan lo reiterado por el sastre José Tomás. Fue Isabel Jordán, administradora de una de las empresas del cabecilla de Gürtel, Francisco Correa, la que sacó a relucir por primera vez la existencia de un apunte contable por importe de 30.000 euros relativo al abono de trajes. Preguntó al contable Javier Nombela y este confesó que ese dinero correspondía a trajes pagados al presidente de la Comunidad Valenciana y otros políticos del PP. José Tomás lo avaló después y el sumario, a juzgar por la instrucción, así parece acreditarlo.

En enero de 2009, a solo unas semanas de las detenciones que se avecinaban, con la policía estrechando el círculo sobre la red Gürtel, El Bigotes mantuvo la siguiente conversación con Correa sobre los trajes. Se le notaba nervioso. "Yo no le he regalado ningún traje a ese hombre, al curita [como llamaban a Camps]. Yo he comprado trajes a su medida porque cuando hemos hecho una sesión de fotos se lo ha puesto y luego me lo ha devuelto". Sin embargo, alguien miente. Cuando Camps fue interrogado por el juez Flors sobre si había recibido regalos de trajes nunca dijo que el Bigotes le hubiese prestado prendas. Y explicó que Álvaro Pérez le comentó en alguna reunión que conocía "a alguien en una tienda en Madrid que tenía sastrería industrial (...) a muy buen precio. Un día de los que fui por Madrid, me acerqué a la tienda y conocí al señor Tomás".

Juez Flors. ¿Y adquirió usted allí alguna prenda de vestir, en este establecimiento llamado Milano?

Camps. En este establecimiento no adquirí ninguna prenda. No hubo manera de que ninguna de las prendas (...) me viniese bien.

J. Después de este incidente, parece ser que usted también fue a otra tienda regentada por el mismo señor, que se llama Forever Young, donde al parecer también encargó prendas de vestir.

C. Quien me llamó fue Tomás, me dijo que había cambiado de tienda, que estaba en un lugar fenomenal en el paseo de la Castellana, que, por favor, me pasara por allí, que estaba llamando a clientes de la anterior tienda, que había comprado un sistema de confección industrial, no de sastrería, que el precio de los trajes sería interesante. Y allí aparecí, a finales de 2006. Yo le llevé un traje mío, de los que tengo de sastrería, para ver si lo podía mirar, para no perder tiempo otra vez con la chaqueta, el pantalón, etcétera. Bueno, me hizo dos trajes en aquel momento, y luego fui a recogerlos, debió de ser a principios del 2007, recogí los trajes, le pagué al señor Tomás los trajes y me volví.

J. ¿Los pagó en efectivo?

C. Sí.

J. (...) ¿Ha comprado usted o ha encargado alguna otra prenda de ropa en Forever Young?

C. Sí, sí, sí. Cuando esos dos trajes ya me venían, unos trajes también relativamente baratos, pues fui por la tienda, recogí los trajes y me dijo: mira, si te parece, como la cosa va funcionando, bueno ahora le hemos cogido el aire, no sé cuantos... Al final terminé encargando un tercer traje.

J. ¿Cómo satisfizo usted el importe de este traje?

C. En efectivo.

J. (...) Y aparte de estas prendas. ¿Ha adquirido usted alguna otra cosa en 2007 y 2008?

C. En el 2007, zapatos, que eran muy bonitos y estaban a muy buen precio.

J. ¿Y eso también lo abonó en efectivo?

C. Sí, en efectivo. -

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