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MODA

Bendita ironía posmoderna

Dicen que la pasión con la que se acogen fenómenos culturales tradicionalmente despreciados es broma. Pero ¿es verdad?

"Lo posmoderno es la alienación deliberada, el disfrute de lo más común, el gusto por la película más chusca, los dibujos animados o el filme venenosamente malo", decía Vicente Verdú. Cuántas veces se ve últimamente a eso que llamaban nuestros abuelos "gente estudiada" en sesudas conversaciones sobre el último expulsado de Gran Hermano, el nuevo ganador de OT o la última ocurrencia de Belén Esteban. Los modernos -ahora hipsters- abrazan y reivindican iconos de la denominada cultura basura. ¿Ironía posmoderna? Bueno, existe una forma de ver la vida que hace que pinchar a Milli Vanilli equivalga a una declaración de principios: "No sé mezclar, pero ¿a quién coño le importa?". ¿Dónde termina el chiste y empieza el placer culpable o, incluso, la admiración real? Cuidado, ya señalaban los artistas Muntean y Rosenblum: "Cuanto menos auténtica es una cosa, más conmovedora resulta".

¿EN SERIO O EN BROMA?

Se empieza diciendo: "Ya sé que es malo, por eso me encanta", y se termina... Aquí, un análisis de iconos de la denostada cultura popular con la ayuda de varios ojeadores.

Geno 'OT'. El día en que se anunció que la edición de 2011 de Operación Triunfo se suspendía por falta de audiencia, un fan dijo que se sentía indie. Es el perfecto final irónico para uno de los realities que más pasiones han despertado entre la comunidad hipster. Tanto que da la impresión de que los únicos que disfrutaban viendo a personajes tan peripatéticos como Geno, la repescada primera expulsada de la primera edición, eran bloggers como David Codina, un valenciano amante de la cultura pop, autor del blog Neon Years. "Me fascina que 10 años después haya tenido el poco amor propio de entrar en el programa. La gente no quería que ganase. Lo que sentía es fascinación por si la echaban, la nominaban o le hacían cantar una canción de Fórmula Abierta [banda formada en 2002 con exconcursantes de OT en la que la canaria militó] o, peor, ¡de Chenoa! El baremo social actual -hashtags en Twitter, páginas de fans de Facebook- así lo dicta".

Belén Esteban. Posiblemente no hay un caso más claro de los peligros de la ironía posmoderna que el de Belén Esteban. "Un cuento de hadas trash", como decía el ensayista francés Christian Salmon en el prólogo de Belén Esteban y la fábrica de porcelana, de Miguel Roig. Al principio era la pobre exmujer de un torero, y por eso despertaba la simpatía del perdedor. Pero eso ha ido mutando con el tiempo. "Lo que a usted le duele es que una chica de barrio sin estudios esté trabajando en televisión", dijo, convirtiendo a sus críticos en clasistas. Si Los Simpson son un manual de filosofía de andar por casa, y la última temporada de Lost, el cénit de la metafísica pop, la doctrina dice que si quieres saber cómo es el pueblo, qué piensa, qué siente, tienes a Belén Esteban en Sálvame. Puede que no sepa cuántos países hay en la UE, pero, como dijo Jaime Peñafiel, es un personaje "socialmente interesante".

'¡HOLA!'. "Una vez estuve en la puerta de una galería en la presentación de un pintor importantísimo (que no recuerdo), y la gente se pasaba el ¡Hola! de esa semana porque salía la boda del hijo de una señora que conocían", cuenta un moderno que prefiere quedar en el anonimato. Es una experiencia ver a los opinadores posmodernos, cual Perez Hilton del foro, examinando las fotos de la casa de Tamara Falcó a ver si la alfombra de piel de leopardo que hay en su salón ya ha salido en la casa de, por ejemplo, Ricky Martin. "Es mi revista favorita: rancia, mal escrita y con realeza por un tubo. El Parque Jurásico de lo que pasa hoy. Aquí empezó todo", dice Carla García, copropietaria de la sala Nasti, mítico club del underground madrileño. Según su tesis, ¡Hola! es la madre de infinitos fenómenos actuales. "Gracias a Internet, el exhibicionismo es parte de la cultura popular. Blogs, Facebook, YouTube, permiten crear tu propio canal de comunicación".

Josmar. Eloy Fernández Porta, en su libro Homo sampler, citaba una ecuación del sociólogo italiano Tommaso Labranca: "Intención - resultado = trash". Según esta sencilla fórmula, lo que distingue a un producto basura es que no pretende serlo. Es el caso de Ed Wood, Tamara (cuya madre estaba dispuesta a dar un ladrillazo a aquel que insinuara que su hija carecía de talento), Wendy Sulca o Josmar, un gerundense cantante, presentador y víctima de FBI, Frikis Buscan Incordiar, un engendro de filme de ironía posmoderna de brocha gorda dirigido por Javier Cárdenas en 2004. Pero el paso entre la apreciación irónica ("Es el Bon Jovi Español", dice Cristóbal Fortúnez, del blog Fauna Mongola) y la sincera admiración es pequeño. "Una persona que disfruta lo que hace y lo hace con tanto entusiasmo y sin ningún tipo de ironía o sarcasmo merece todo mi respeto. No ha dejado que la realidad le coma. Es un héroe", opina David Codina, del blog Neon Years.

El 'soft rock'. "Los gustos cambian. Algunos insisten incluso en que degeneran. Músicas rechazadas en su concepción terminan encontrando su nicho", escribía en su columna el periodista Diego A. Manrique. A veces se

hace sin ironía, como cuando Joe Crepúsculo versiona sus canciones a ritmo de cumbia; pero otras veces es pura ironía

posmoderna. Últimamente, entrar en un club es correr el riesgo de que te abofeteen con soft rock, ese estilo blandito que surgió en la segunda mitad de los setenta para ex hippies cuarentones. "No me extrañaría que se recuperara con una visión más irónica en dos o tres años. El soft rock está denostado porque es la antítesis de todo lo que se considera guay. Si en los ochenta hubiera sido horrible, hoy sería guay. Pero en los ochenta era ni fu ni fa. Sobrevivió en los noventa y los dosmiles como los cristianos en Roma", confirma Cristóbal Fortúnez, que desde el blog Fauna Mongola disecciona las nuevas tribus urbanas que aparecen en Madrid.

Gossip Girl. Las series son como los documentales de La 2: si todo el mundo ve The Wire, ¿por qué lo que tiene más éxito es Cuéntame? El colectivo hipster siente debilidad por las series estadounidenses que la ortodoxia intelectual rechaza. Para demostrar que ellos tienen suficiente personalidad como para pasar de los críticos, gustan de vestir camisetas con la cara de sus héroes infantiles tipo Screech de Salvados por la campana y expresan su decadente rechazo no perdiéndose un capítulo de Glee o Gossip Girl, esa especie de nueva Sensación de vivir. "Me encanta. Es un culebrón, pero, aunque solo sea por la ropa que sale, es increíble. Eso sí, no tiene nada más. Hay veces que me apetece ver a unos niños ricos del Upper East Side hablando de chorradas y de problemas de pijos", explica Félix Ruiz, fundador de Discoteca Oceano, sello que ha editado álbumes de El Guincho, Joe Crepúsculo o Linda Mirada.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 25 de febrero de 2011

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