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domingo, 11 de julio de 2010
MIGUEL BOYER | Ex ministro de Economía y Hacienda del PSOE | ENTREVISTA

“Muchos inmigrantes y algunos españoles tendrán que buscar empleo en otro país”

Miguel Boyer Salvador (nacido en 1939 en San Juan de Luz, Francia, durante el exilio de sus padres) se ha ganado un hueco en la historia de España. Es un hombre reflexivo con fuerte carisma, cuyas opiniones suelen tenerse muy en cuenta, no exentas a veces de cierta polémica. Fue diputado del PSOE y ministro de Economía y Hacienda con Felipe González; se dio de baja por controversias sobre la incorporación al euro. Asesoró a José María Aznar y se incorporó a la Fundación FAES; también se dio de baja por ser contrario a la invasión de Irak. Ahora Zapatero le "escucha", aunque en su cabeza no cabe volver a la actividad política. En su tiempo se puso el embrión del contrato temporal y se inició una primera reforma de las pensiones que granjeó un vendaval entre PSOE y UGT. Defiende la reforma laboral y el alargamiento de la edad de jubilación, insta a profundizar en las reformas estructurales que precisamente impulsó con el denominado decreto Boyer de liberalización de horarios comerciales y actualización de alquileres. Cuando dejó de ser ministro en 1985, tras exigir sin éxito una vicepresidencia económica, pasó a presidir el Banco Exterior. Posteriormente, presidió CLH (la antigua Campsa) y trabajó para FCC. Ahora colabora en el grupo Hispania de José Ramón Carabantes y es consejero de Reyal Urbis y Red Eléctrica.

Pregunta. Quiera o no, su opinión se tiene muy en cuenta en este país, ¿cómo se lo toma?

Respuesta. Creo que los acontecimientos de la época de la transición del franquismo a la democracia siguen muy vivos y que se nos recuerda a los que tuvimos algún papel en ella y, en particular, a los ministros del primer Gobierno socialista. Por otra parte, la actual crisis me ha inducido a escribir y dar conferencias, por si puede ser útil mi experiencia, y eso me ha hecho reaparecer, modestamente.

P. Y desde esa modestia, ¿qué dice sobre la salida de la crisis?

Nos hemos endeudado por encima de nuestras posibilidades y de nuestras necesidades

R. Estados Unidos está ya en un ritmo de crecimiento del PIB del 2,5%, casi normal, y los principales países europeos en torno a un 1%, que indica el comienzo de la recuperación. Pero no se ha salido todavía de la crisis en cuanto al empleo y continuarán las altas tasas de paro, aunque hay signos alentadores recientes. En cuanto a España, tiene unos trimestres de retraso por el desplome casi total del sector inmobiliario y, también, muy fuerte en el resto de la construcción. Como son actividades intensivas en mano de obra, su caída ha generado una masa tremenda de parados, solo comparable a la de Irlanda, el otro país que había invertido excesivamente en aquellas: un 15% del PIB, frente al 9% de promedio en la eurozona.

P. ¿Es más dramática esta crisis que las anteriores?

R. Depende de en qué aspectos se enfoque la atención. Si consideramos el PIB, en las crisis del petróleo, casi no llegó a caer, mientras que el año pasado hubo un descenso del -3,6% en España (por cierto, el segundo menos malo después del de Francia). Pero en empleo, durante las crisis del petróleo (1974-1985), cayó 11 años consecutivos y en conjunto un 18%; mucho más que en la recesión actual. Además, se hundió una gran parte de la industria (acero, construcción naval, electrodomésticos, química...) y un buen número de entidades financieras. La inversión tuvo tasas negativas durante nueve años. Así es que ambas crisis son tremendas, aunque creo que las de los setenta y ochenta fueron más largas y penosas.

P. ¿Cree que España ha vivido por encima de sus posibilidades?

Alemania ha hecho un gran negocio con un euro más débil que el viejo marco alemán

R. Yo no emplearía esa expresión. Si vivir por encima de nuestras posibilidades es consumir con exceso, digo que no. Las familias han gastado en consumo, en el periodo de auge 2003-2007, una proporción del PIB semejante a la de la eurozona (57%) y bastante menor a la de Estados Unidos (70%). Y hemos ahorrado un 22% del PIB -como la eurozona- y mucho más que el 12% de Estados Unidos. Donde sí cometimos un exceso fenomenal fue en la inversión: un 29% del PIB, año tras año, cuando en la Unión Monetaria fue un 21% y en Estados Unidos del 18%. La mitad fue a bienes de equipo y similares, y la otra mitad a la construcción. En esta se cometieron excesos perdonables en infraestructuras, pero completamente desmesurados a cuenta del ladrillo; pasamos de iniciar 300.000 viviendas en 1995 a 760.000 en 2006, y de emplear 1.100.000 trabajadores a 2.750.000 en 2008, para construir un número gigantesco de casas, cuya mitad no se podía vender, arrastrados por la burbuja especulativa. De modo que sí hemos invertido -no consumido- endeudándonos por encima de nuestras posibilidades y, lo que es aún peor, mucho más allá de nuestras necesidades. Hemos invertido demasiado y mal. A ello contribuyeron bancos y cajas de ahorros, dando crédito fácil y apalancamientos enormes, y las agencias de calificación -ahora tan rigurosas en apariencia- sobrevalorando las garantías para obtener créditos. Es una lección que no debemos olvidar.

P. Estamos en plenas tensiones financieras, ¿está cumpliendo bien el BCE?

R. A principios de año todos los países nos preparábamos para retirar paulatinamente los estímulos al crecimiento de la demanda y del empleo. Pero han irrumpido temores justificados e injustificados, tras el caso de Grecia, y los mercados financieros restringen los préstamos a los países de tamaño pequeño, medio e, incluso, del tamaño de España -cuya economía es solo un 20% menor que la italiana y la francesa-, además con unas primas de riesgo notablemente elevadas. En este punto de la crisis es absolutamente necesario mantener un flujo de crédito y de liquidez que permita funcionar el sistema productivo y desarrollar un proceso de desendeudamiento pausado del Estado y de las empresas. Ese es el papel del Banco Central Europeo que, tras unas presiones erróneas del Bundesbank alemán, está ya inyectando la liquidez suficiente.

P. ¿Ve lógicos los ataques a España y los rumores sobre un rescate financiero?

Zapatero y Salgado me escuchan. Cambiamos impresiones y les mando hojas sueltas

R. Son bulos interesados. Descarto un rescate. España está iniciando ya un proceso de ajuste, del cual hay signos bastante claros: se está desacelerando el crecimiento del gasto público y creciendo de manera notable los ingresos, de modo que el déficit de los primeros cinco meses del año es de un 6% inferior al del año pasado.

P. Viene a decir que la reacción de los mercados es irracional.

R. No, digo que es muy exagerada. Hay una sobrerreacción negativa, que es típica de las inversiones financieras en situaciones de incertidumbre o de crisis; pero hay también maniobras bajistas, interesadas en subir las primas de riesgo, propalando seudoanálisis excesivamente pesimistas.

P. Usted tuvo reticencias respecto al euro, ¿las sigue teniendo respecto a la incorporación de España a la eurozona?

Soy partidario de menos funcionarios; pero mejor pagados, para no dañar la función pública

R. Yo fui uno de los expertos independientes que junto a los 12 presidentes de los bancos centrales formamos el comité Delors que diseñó la Unión Monetaria y el euro. Era y soy muy consciente de las fortísimas restricciones que suponen una moneda única y un tipo de interés único. Y, además, temía que España no estuviera preparada -por su tendencia a una inflación mayor que las de Alemania y Francia- a integrarse en 1999. Me acordaba del gracioso, y alarmante, dicho de Paul Samuelson, dirigido a los países que iban a entrar en la UEM: "Van a meterse ustedes en la cama con un gorila, que es Alemania. Que tengan ustedes suerte". Desde luego ese país ha resultado bastante gorila. Ha hecho un gran negocio con un euro más débil que el viejo marco alemán: en 2008, sus exportaciones llegaron al 47% del PIB, mientras, las de Francia, Italia y España no pasaban del 26%. Pero cuando Alemania y Francia, más sus satélites del Benelux y Austria, decidieron formar la Unión Monetaria, me pareció inevitable que Italia y España se sumaran, ya que quedarse fuera tenía más riesgos políticos y económicos.

P. Usted trabajó para González, después se le acercó Aznar, ¿le ha pedido consejo Zapatero?

R. Durante cinco años de Gobierno de Zapatero no había tenido relación con él, aunque nos conocimos en una conferencia en la Academia de la Historia, creo que en 2002. A final del año pasado, escribí unos artículos en EL PAÍS, que interesaron al presidente y a Elena Salgado [vicepresidenta y ministra de Economía], a la que conozco desde mucho antes y por la que tengo gran estima profesional y personal. Desde entonces hemos hablado, esporádicamente Zapatero y yo, y con mayor frecuencia Salgado y yo. Cambiamos impresiones y les mando hojas sueltas por si les sirven para algo. Haría lo mismo con otro Gobierno en coyuntura semejante, y que tuviera interés por mis opiniones.

P. O sea, que le consultan.

R. Más bien, me escuchan, creo que con interés. Será por condescendencia con un veterano, ya que tienen un excelente equipo en el Ministerio de Economía.

P. ¿La situación es tan grave como para hablar de un Gobierno de coalición?

R. No lo creo, salvo que todos los grupos de la oposición se concertaran para rechazar las propuestas de ley del Gobierno. Pero eso parece improbable, cuando se trata de leyes muy importantes para superar la crisis, y el sentido común cívico de los partidos les recomendará no bloquear la acción del Gobierno. Lo que corresponde en esta situación es que las oposiciones presenten sus propuestas y lleguen a acuerdos con el Gobierno. Los Pactos de la Moncloa, por ejemplo, no dieron lugar a un Gobierno de coalición, sino a una serie de acuerdos sobre asuntos muy importantes, entre el Gobierno y la oposición. El PSOE, que estaba en la oposición, no reclamó ministros, y se volcó para apoyar los acuerdos. A mí me mandaron a defender los pactos en la cuenca minera asturiana: no fue fácil ni agradable.

P. ¿Hace falta profundizar en reformas estructurales?

R. Ciertamente, hace falta en la liberalización de sectores de servicios y su adaptación a las directrices europeas. Por otra parte, hay que frenar la contratación de funcionarios, en el Gobierno central y en los autonómicos, e incluso dar marcha atrás. El peso en el PIB de la remuneración de los asalariados públicos es el 12% en España, mientras que en Alemania -país federal y descentralizado- es del 7,5%. Soy partidario de menos funcionarios en todos los niveles del Estado; pero mejor pagados para evitar la degradación de la función pública. Siguiendo con los problemas estructurales, existe una situación complicada en el sector de la energía, en el que se ha cometido un error promoviendo la técnica fotovoltaica antes de lograrse una situación competitiva, como ha ocurrido en la eólica. Por otra parte, aunque somos grandes defensores de la lucha contra el cambio climático, seguimos usando carbón, que es lo más nefasto en cuanto a emisiones de CO2.

P. No dice nada de la reforma educativa.

R. Su efecto es más a medio y largo plazo, aunque hay que empezarla cuanto antes. La mejora más inmediata de la formación profesional vendrá a través de la reforma laboral, mediante la formación de los trabajadores en la empresa. Eso debe mejorar notablemente la productividad. Desde luego, la educación necesita impulsos y reformas porque, contrariamente a los otros países europeos continentales, tenemos un porcentaje insuficiente de jóvenes que terminan la enseñanza secundaria, que es la formación más básica y necesaria.

P. ¿Qué opina de la reforma laboral?

R. El decreto ley del 16 de junio es un avance muy positivo en el camino de fomentar la contratación indefinida, especialmente para los jóvenes, que podrán tener una estabilidad que les permita formarse en las empresas. Se enfoca en el contrato llamado de fomento de la contratación indefinida, ampliando mucho el colectivo que puede beneficiarse de él, aunque se mantiene todavía una casuística innecesaria (parados de tres meses, mujeres entre 30 y 45 años, trabajadores con anteriores contratos temporales, etcétera). ¿Por qué no extenderlo a todos los trabajadores a los que se les ofrezca y que quieran aceptarlo?

P. ¿Usted que dice?

R. El contrato tiene una indemnización de 33 días de salario por año y 8 días son subvencionados por el Fondo de Garantía Salarial. Se ha dicho erróneamente que "se subsidia el despido", como si los empresarios fueran obsesos deseando despedir a sus empleados. Los empresarios deberían hacer el uso máximo de este instrumento ampliado, por mor de mejorar la formación de los empleados estables y la productividad. A ello contribuyen los retoques del contrato temporal, introduciendo el rigor en precisar qué obra o servicio y en qué tiempo se va a desarrollar para evitar los abusos.

P. ¿A qué se refiere?

R. La situación actual y la lógica económica impiden un solo contrato indefinido. Hay 15 millones de trabajadores con contratos indefinidos con indemnización de 45 días cuyos derechos adquiridos no pueden suprimirse jurídica ni éticamente. Y tampoco se puede prescindir del contrato temporal -esencial en la construcción y en el turismo-, ni de los contratos por tiempo determinado, etcétera. Pero si es efectivo el rigor sobre los contratos temporales, lo lógico es que los empresarios usen al máximo el contrato de fomento. Poco se ha avanzado, en cambio, en precisar cuándo un despido colectivo es procedente, ni se ha facilitado el descuelgue de empresas que no puedan llegar a los mínimos salariales que fijan los convenios colectivos de ámbito superior (de rama, etcétera). Por tanto, no se flexibiliza la negociación salarial haciéndola más próxima a las necesidades de las empresas.

P. ¿Dónde van a encontrar empleo todas las personas que se han quedado en el paro por el desplome del ladrillo?

R. Ese es para mí el problema más difícil de la economía española. Está claro que una parte importante de los inmigrantes que han venido a España encontraron trabajo en la construcción y que una parte muy considerable de ellos no van a volver a encontrarlo en dicho sector. Muchos de los que vinieron y, quizá, algunos españoles van a tener que buscar empleo en los otros países europeos. La esperanza es que haya un desarrollo muy importante de los servicios, que es el sector que va a crear empleo más dinámicamente.

P. ¿Y de la reforma de las pensiones?

R. Se ha trasladado razonablemente al Pacto de Toledo. El alargamiento de la vida laboral es inevitable tanto por razones de sostenibilidad económica como por razones humanas. Ahora que la vida alcanza una media de 85 años o más, ¿es soportable estar mano sobre mano 20 años salvo en el caso de trabajos muy duros?

P. ¿Hay motivos para una huelga general?

R. En absoluto. El ajuste es inexorable y, si no se hace, la situación empeoraría. Es comprensible humanamente, pero es inútil política y económicamente.

P. ¿Se ve con Felipe González?

R. Con cierta frecuencia, solemos cenar. Hemos sido muy amigos desde los años sesenta del siglo pasado. A pesar de algún desencuentro de antaño, que lamento, tengo una gran admiración y un gran afecto por él, que ha sido un dirigente político extraordinario. Poder charlar de los avatares de la política y de la economía españolas, con él y con viejos amigos como Carlos Solchaga, Fernández Ordóñez y Guillermo de la Dehesa es un placer inacabable y rejuvenecedor. Me produce mucha satisfacción sentir que nos apreciamos unos y otros, y recordar las cosas que pudimos hacer para contribuir a vivir en democracia. Y soy también afortunado por tener un contrapeso a la deriva política en mis amigos de la historia, de la filosofía, de la ciencia, Jesús Mosterín, Manuel Sánchez Ron y Cayetano López.

P. ¿Qué le parece el Estatuto catalán?

R. Que estábamos más contentos con el Estatuto de Sau [aprobado en 1979 y vigente hasta 2006].

Miguel Boyer, a la izquierda, con Felipe González en diciembre de 1984. / MANUEL ESCALERA

Retrato del ex ministro Miguel Boyer realizado la pasada semana en Madrid. / ÁLVARO GARCÍA

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