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viernes, 25 de septiembre de 2009
Análisis:

Un proceso todavía más penoso

Pertenezco a la minoría de los ocho millones de televidentes que no sabemos, ni nos importan, los problemas entre toreros y presentadoras de programas televisivos. Supongo que nos importan más los problemas de esos otros 30 millones que no "caben" en los análisis de las audiencias televisivas. Sí nos preocupa que el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid denuncie que "se está atentando gravemente contra la intimidad de una menor" y que esa afirmación se convierta en nuevos argumentos para la exhibición televisiva de los enfrentamientos de sus progenitores y la utilización de la pequeña como munición en esa pelea.

Mi comentario lo hago con el sesgo del desinterés, y consiguiente ignorancia, por este tipo de programas, pero también desde la importancia que tienen la dependencia y la autonomía en las vidas de los seres humanos. La dependencia es condición necesaria para nuestra supervivencia en el inicio de nuestras vidas y durante una larga infancia. Tardamos muchos años en desarrollar la autonomía motriz, intelectual, social y moral que define al individuo adulto. La rebeldía irracional de los adolescentes puede entenderse como el esfuerzo por definir su propio espacio, su identidad contrapuesta a la de los adultos de quienes ha dependido hasta entonces (fundamentalmente sus padres y profesores). No necesita diferenciarse de sus iguales y, por eso, es compatible el afán de individualidad con la imitación de formas de ocio, de vestir, o peinarse como sus iguales.

Cuando los adultos de quienes necesitamos independizarnos son famosos, ese proceso puede convertirse aún en más difícil, en más penoso. Todos somos hijos de padres ante los que necesitamos reivindicarnos como individuos independientes y autónomos, pero en el caso de los padres famosos es como si su alargada sombra nos persiguiera mucho más allá del ámbito familiar. En este contexto, si siempre es importante proteger el derecho a la intimidad que los menores no pueden aún defender por sí mismos, en el caso de los famosos la intromisión y el abuso es más fácil que se produzca.

Si es necesario regular las condiciones en las que los menores actúan en la sociedad (espectáculos, deportes, actividades mercantiles, etcétera) para evitar abusos, también parece sensato evitar que se conviertan en armas arrojadizas en las disputas conyugales o de divorcio de sus padres. Y mucho menos que puedan servir de morbo a audiencias siempre hambrientas de curiosidad por lo que sucede en la ventana de enfrente.

Los problemas entre toreros y presentadoras parece que interesan mucho a dos millones de españoles. Todos sabemos ya que los conflictos entre adultos pueden afectar mucho a los niños que dependen de ellos. Regodearse en los mismos, y llegar a presentarlos como espectáculo, quizá explica el calificativo de telebasura.

Josetxu Linaza es catedrático de Psicología Evolutiva y de la Educación en la Universidad Autónoma de Madrid.

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