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Contra Bolonia como los mayores

El rechazo al plan universitario se extiende al Bachillerato - Estudiantes se encierran dos noches, con permiso de sus padres, en un instituto barcelonés

Aún no han llegado a la universidad, pero quieren hacer lo que los mayores llevan haciendo desde hace semanas: encerrarse en su centro para protestar contra el Espacio Europeo de Educación Superior, el llamado plan Bolonia. Un total de 22 estudiantes de bachillerato del instituto de Alella (Barcelona) pasaron dos noches, entre el martes y el jueves, en su aula para mostrar su rechazo a una reforma educativa que les afectará directamente cuando salgan del instituto.

La asamblea de estudiantes del centro decidió la semana pasada realizar la protesta con la connivencia del centro: en vez de allanar el instituto como los universitarios, pidieron permiso a la dirección para hacer una ocupación "pacífica". Pese a mostrarse disconforme con la acción, la directora hizo la vista gorda, una vez superados los escollos legales que suponía la participación de menores de edad.

La huelga fue 'a la japonesa': hubo clases de latín, arte, física y matemáticas

Un profesor se hizo cargo de los jóvenes por la noche, y los que pernoctaban en el instituto lo hacían previo consentimiento de los padres. "Los mismos alumnos se organizaron y revisaron las autorizaciones, todo se hizo sin problemas", explicó ayer Sergi García, el profesor de latín que pasó la noche en el centro.

Lejos de la jarana que habitualmente destilan las protestas en los institutos -nadie acude a clase pero son muy pocos los que se manifiestan por sus reivindicaciones-, los alumnos optaron por una huelga a la japonesa: trabajar más para protestar. Por la tarde se impartieron clases de latín, matemáticas, física e historia del arte. "Es la utopía de cualquier profesor: que los alumnos te pidan clase extra. Han estado más atentos de lo habitual", comentó Lito Caramés, profesor de arte cuya clase versó sobre las vanguardias del siglo XX y acabó con los alumnos realizando un mural pop art anti-Bolonia.

La naturaleza de la protesta -había que trabajar más- motivó la colaboración de los profesores, y provocó un menor seguimiento del alumnado, ya que sólo asistieron a las clases vespertinas cuarenta de los cien alumnos que cursan bachillerato en el centro. "No tiene sentido dejar de hacer clases si lo que reclamamos es una mejora en la educación", argumentó un estudiante.

Por la noche se celebró una asamblea y, pasada la una de la madrugada, todo el mundo se puso a dormir. "No han armado follón", ilustró García. "Cuando acabó todo, unos se durmieron y otros charlaron o jugaron a cartas, todo tranquilo", explicó la portavoz de la asamblea. Las caras de sueño delataban a los que habían pasado la noche en el instituto, que por la mañana siguieron sus clases con normalidad.

La protesta acabó con más clases por la tarde pero sin la ocupación nocturna del instituto. Según los alumnos, el Departamento de Educación presionó a la directora para que hiciera cesar la acción. El movimiento estudiantil se quiso solidarizar con la tutora -a quien todos agradecen su permisividad- y pusieron fin a la reivindicación. Fuentes de Educación no negaron esta versión y rehusaron hacer cualquier valoración de la ocupación del instituto.

Las protestas, sin embargo, no acabarán aquí. "Cuando pasen las navidades estudiaremos iniciar una acción similar, más larga, y extendida a otros institutos", anunció un miembro de la asamblea.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de diciembre de 2008