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lunes, 17 de noviembre de 2008
Tribuna:AULA LIBRE

Facultades de Filosofía y la profesión de profesor

La Junta de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid ha dado a conocer recientemente su manifiesto contra la nueva regulación del acceso al profesorado de secundaria. Citando a Ortega y Gasset, "España es el problema y Europa es la solución". Ha tenido que llegar el Espacio Europeo de Educación Superior para que en España se exija una formación inicial científica docente para poder convertirse en profesor de secundaria. Sorprende que hayan pasado más de tres lustros desde que se convirtió en obligatoria la enseñanza secundaria de nivel inferior y que no hayamos sido capaces de confeccionar una formación docente inicial para el profesorado.

Lo que tenemos hasta ahora es como mínimo una temeridad. Salvo el tan denostado como inútil Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), un licenciado o doctor se convierte en profesor de enseñanzas medias con tan sólo demostrar un cierto conocimiento de su propia disciplina. Parece de sentido común, salvo quizás para los autores del Manifiesto de la Junta de Filosofía, que el hecho de conocer una materia, siendo condición necesaria, no lo es suficiente para su enseñanza y menos aún cuando se pretende que aprendan jóvenes adolescentes. El profesor de secundaria, una vez superada la oposición o firmado el contrato de trabajo, aprende a ser tal, básicamente, por ensayo y error. ¿Alguien acudiría, por ejemplo, a un dentista que aprende de ese modo? ¿Qué le toca el día en que acuda a su consulta, el ensayo o el error?

Los autores del manifiesto manipulan a la opinión pública. Los firmantes del presente texto no somos ni autores ni responsables de la nueva normativa legal, que aun siendo mejorable, supone avances importantes. Por ello, ante ataques que tergiversan el contenido de la misma, es necesario no estar callados. No es cierto que el master de formación del profesorado se haga a costa de la formación disciplinar. La formación disciplinar se obtendrá con un grado de cuatro años de duración -frente a los cinco de las licenciaturas actuales-. No es que a los futuros profesores se les reste formación como graduados, tal y como el manifiesto parece dar a entender.

Por otra parte, es un sofisma defender que ser especialista en una disciplina es lo que otorga la profesionalización como "profesor" excelente. Ninguna experiencia práctica con nuestros actuales adolescentes ni investigación empírica lo sostiene. La investigación reciente muestra que con profesores preparados como docentes se beneficia el conjunto del alumnado, y muy especialmente el de los ambientes culturales menos privilegiados.

Tampoco es cierto que el master de secundaria tenga una "orientación prioritariamente psicopedagógica y didáctica". La ciudadanía puede buscar los contenidos en la Red y allí verá que se establecen 52 créditos obligatorios cuyos contenidos van desde el aprendizaje y desarrollo de la personalidad a los procesos y contextos educativos, pasando por la sociedad y la familia. Igualmente, hay complementos a la formación disciplinar que ponen el énfasis en el análisis de los contextos históricos y sociales en que surgen los conocimientos científicos.

En definitiva, un profesor o profesora de secundaria -y por aquí van los tiros del master- precisa tener un profundo conocimiento de su materia y del correspondiente currículo escolar, de los alumnos y de su desarrollo y aprendizaje, así como un conocimiento de la enseñanza (metodología, gestión del aula, evaluación), además de un trabajo en colaboración en el centro y con las familias. Esto no lo proporcionan los grados en una disciplina y son requisitos previos para el ejercicio profesional.

Lo que hay detrás del manifiesto no es más que un craso corporativismo. Muchas facultades han visto que el tránsito a los grados puede suponer perder un quinto de la carga de docencia actual y la consiguiente reducción de la plantilla docente en las llamadas áreas disciplinarias no didácticas. Los autores del manifiesto proponen el modelo MIR, lo cual no está mal. Al fin y al cabo, un médico se prepara para ejercer la medicina. Sin embargo, para los del manifiesto, un filósofo no se prepararía nunca para ser profesor, hasta que sea ya profesor.

Rafael Feito es profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Bolívar es profesor de Pedagogía de la Universidad de Granada y Rodrigo J. García es coordinador de la Red de centros Atlántida. También firman otros miembros del Proyecto Atlántida.

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