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lunes, 15 de diciembre de 2008
Educación

Avalancha final en los cursillos para ejercer como profesor

El programa pedagógico desaparece en 2009 tras una muerte anunciada hace tiempo - Será sustituido por un 'master' que llega envuelto en polémica

En la Universidad de Alicante han tenido que levantar aulas prefabricadas para poder atender la avalancha de titulados que se han matriculado para obtener el Certificado de Aptitud Pedagógica (CAP), necesario para que cualquier licenciado (en matemáticas, filología, físicas, historia...) pueda ejercer como profesor de secundaria. La demanda se les ha duplicado de un año para otro (de 1.000 a 2.000). En Zaragoza también se ha duplicado. En Sevilla, la matrícula ha aumentado un 50% respecto al curso anterior, y desde que el Gobierno dijo oficialmente el mes pasado que éste sería el último curso en que se imparte el CAP (después de décadas criticado hasta la saciedad, se sustituye por un posgrado), en la hispalense reciben un "goteo diario de solicitudes fuera de plazo", dice Luis Martín, responsable del curso en el campus sevillano.

En Alicante han instalado barracones para atender la demanda

El sistema actual requiere unos pocos meses y en el futuro será un año

El certificado se critica desde los ochenta por su ineficacia

Según expertos, se ha mantenido porque es "cómodo y barato"

Parece claro para los que dirigen el CAP que la última oportunidad para hacer este cursillo que se resuelve en unos pocos meses (suelen ser tres), con poca carga de prácticas, que se puede compaginar fácilmente, en muchos casos, con otras actividades, y que cuesta en torno a los 200 euros, ha animado a muchos titulados universitarios que prefieren esta opción a la que la sustituye: un master de un año, con unas prácticas más largas y rigurosas, difícilmente compatible, por ejemplo, si se está trabajando, y más caro (aunque sólo sea porque es más largo).

En la Universidad de Barcelona ya lo empezaron a notar en año pasado, cuando ya existía un borrador del nuevo posgrado de secundaria: de 1.880 alumnos en 2006-2007 pasaron a 2.466 al año siguiente y a 2.525 este curso, explica Miguel Martínez, de la universidad catalana. En la Complutense, tradicionalmente el principal centro donde se estudiaba el CAP por un modelo muy flexible en horarios y exigencias, se redujo mucho la matrícula hace unos años porque aumentaron esas exigencias y sobre todo, porque cerraron la puerta a titulados de fuera de Madrid. Aun así, este año la matrícula ha aumentado un 50% hasta rebasar los 5.000.

Aunque puede haber otros factores (María Isabel Vera, responsable del CAP en Alicante, habla de gente que se ha apuntado tras perder el trabajo por la crisis), el hecho es que siempre que se ha visto cerca el final del CAP, ha habido un fuerte repunte de la matrícula. Y eso ha ocurrido muchas veces con este cursillo que nació a principios de los setenta y que se empezó a cuestionar abiertamente a mediados de los ochenta, por considerarlo un mero trámite. "A mí me llamaron para dirigir el CAP en el curso 1991-92, cuando estaba de profesor de instituto, y me dijeron: 'Hombre, vente, si es sólo para un año, porque luego lo quitan", cuenta entre risas Luis Martín, que aún dirige el CAP en Sevilla.

El Ejecutivo socialista diseñó una alternativa a mediados de los noventa y el del PP, otra en los primeros años de este siglo, ambas presuntamente frustrados por el cambio de Gobierno. Pero, ¿cómo ha conseguido sobrevivir casi cuatro décadas un cursillo condenado a muerte durante más de la mitad de su vida? ¿Cómo ha logrado mantenerse tanto tiempo si ha estado tan clara su insuficiencia y se ha proclamado tantas veces la importancia de la formación inicial del profesorado para mejorar el sistema educativo (el informe Pisa lleva machacando conciencias desde 2001)?

Básicamente, porque era un sistema cómodo, sencillo y barato, coinciden los responsables del CAP. "Nadie ha tirado del carro. Había que dedicarle más tiempo, más dinero y más profesores, y se temían resistencias de los alumnos", dice Martín. "Es una clara muestra de irresponsabilidad institucional", añade Óscar Barberá, responsable del CAP en la Universidad de Valencia. Una lectura muy parecida hace Miguel Martínez, de la Universidad de Barcelona, y Juan Miguel Belmonte, de la Complutense, o María Isabel Vera, de Alicante. Además, esa constante sensación de provisionalidad, ese pensar que cada año era el último, también ha lastrado cualquier posibilidad de exprimir al máximo, aunque fuera con sus carencias, estos cursillos.

Pero ahora, por fin parece que va a desaparecer: la semana pasada, el director general de Universidades, Felipe Pétriz, aseguró taxativamente en una reunión de los responsables de los institutos de ciencias de la educación de las universidades que el cambio ya no tiene vuelta atrás. Aunque los hay que siguen escépticos. "No es la primera vez que se publica en el Boletín Oficial del Estado la desaparición del CAP", dice Barberá.

Las facultades tienen de plazo hasta el próximo mes de febrero para presentar los planes de estudio de los masters de secundaria para que los evalúe la agencia de calidad de las universidades, Aneca, y puedan ofrecerlos el próximo curso.

Pero después de tanto tiempo, el CAP no está dispuesto a morir sin hacer ruido, ya que el master está contando con algunas resistencias. Los alumnos antibolonia (la reforma de las universidades para adaptarlas a Europa que cambiará la ordenación de las carreras), lo han incluido entre sus quejas al sumarse al manifiesto de la Facultad de Filosofía de la Complutense, en contra del posgrado. Lo consideran una "ampliación del CAP", y creen que le hurta formación específica a los futuros docentes.

Por su parte, los defensores del master se defienden asegurando que, efectivamente, los profesores deben dominar bien su materia, pero que los problemas de los docentes de secundaria no se dan por no dominarla bien, sino por no encontrar la mejor manera de transmitirla, no contar con las herramientas necesarias para manejar una clase, atender las dificultades de sus alumnos o tratar a las familias, por ejemplo. Además, recuerdan que el 40% del posgrado se dedica a la didáctica de la materia concreta que se vaya a enseñar. Al menos otro 25% será prácticas en un instituto y el resto, de formación en pedagogía, psicología y sociología.

Barracones en la Universidad de Alicante para atender la demanda del curso de Aptitud Pedagógica. / P. OLIVARES

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