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viernes, 27 de junio de 2008
Crítica:

Tiempo al tiempo

J. C. 27 JUN 2008
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Puede parecer una afirmación exagerada, pero no lo es: Nacho Vigalondo ha hecho la primera película española genuinamente adscrita al género de la ciencia-ficción. Podría sonar como un chiste decir que Los cronocrímenes es la mejor película de ciencia-ficción en la historia del cine español, porque este debut no tiene modelos con los que batirse y / o medirse. Por eso es mejor mantenerse en los márgenes de la prudencia: el trabajo de Vigalondo nace de la convicción de que el género no se define a través de su iconografía, sino en su médula conceptual.

Revisando Los cronocrímenes resulta tan fácil entender su poder de seducción fuera de nuestras fronteras -su trama es un rompecabezas que va articulando sus piezas con pasmosa precisión- como la perplejidad que suscita en algunos espectadores -Vigalondo parece jugar al vaciado de carisma, al distanciamiento y al humor minimal, helado y desconcertante-. A esta miniatura esquinada de viajes en el tiempo hay que darle, precisamente, tiempo, volver a ella para descubrir los matices de su juego, sus múltiples lecturas, entre la metaficción (su desmontaje de situaciones y arquetipos es soberbio) y la metáfora psicoanalítica (el héroe de la película construye y destruye su propia fantasía sexual para sobrevivir). Hay mucha tela (teórica) que cortar en Los cronocrímenes: lo mejor es iniciar la partida rindiéndose a su rara inteligencia.

 
 

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