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Hacia Pekín 2008

Tíbet lanza un reto olímpico a China

Al menos dos muertos en las protestas de los monjes tibetanos contra Pekín

El Gobierno chino se enfrenta a la prueba más dura que ha vivido hasta ahora con vistas a los Juegos Olímpicos (JJ OO) del próximo agosto. Las protestas de los monjes que sacuden Tíbet desde el pasado lunes sufrieron ayer una fuerte escalada, con el incendio de coches y tiendas en Lhasa, que llevaron el caos a la capital de la región autónoma china y provocaron al menos dos víctimas mortales, según varias fuentes. El Dalai Lama, líder espiritual tibetano, urgió a Pekín a que ponga fin al uso de la "fuerza bruta". La Embajada de EE UU en Pekín dijo que ciudadanos estadounidenses habían informado de disparos en la ciudad. Los monjes protestan contra lo que consideran la ocupación china de la región del Himalaya.

El Gobierno chino acusa al Dalai Lama de organizar la revuelta

"Estamos muy ocupados, hay muchos heridos. Sin duda ha habido muertos, pero ahora no sé cuántos", dijo una mujer en un centro de emergencia a France Presse. Según la emisora financiada por el Gobierno de EE UU Radio Free Asia, que cita testigos sin identificar, al menos dos personas fallecieron en los disturbios. La agencia oficial Nueva China aseguró que algunas personas habían sido ingresadas en hospitales, con heridas sin especificar. Otros testigos dijeron que había tanques en las calles.

Alrededor de 400 monjes y civiles, incluidos estudiantes, se concentraron en los alrededores del templo Jokhang, donde les hicieron frente 1.000 policías, según Free Tibet Campaign, con sede en Londres. El Gobierno chino dijo que en las protestas hubo "golpes, destrozos, saqueos e incendios", y acusó al Dalai Lama de ser el "cerebro" de la revuelta.

"Las protestas son una muestra del profundo resentimiento que tiene el pueblo tibetano contra el actual Gobierno", dijo el Dalai Lama. Las revueltas -las más graves que vive el territorio desde hace dos décadas- suponen un fuerte golpe para el Gobierno, cuando quedan menos de cinco meses para los JJ OO. Pekín está obsesionado con mostrar una imagen de estabilidad y armonía con vistas a unos juegos que considera de máxima importancia, ya que representan la vitrina con la que quiere exhibir los avances que ha experimentado el país en las tres últimas décadas.

Pero la revuelta ha puesto de manifiesto la fragilidad del equilibrio social en este país de 1.300 millones -donde existen 56 grupos étnicos, algunos de los cuales, como los uigures y tibetanos, sienten fuerte rechazo hacia el control de la mayoría-, así como la dificultad de gestionar la creciente presión a la que activistas y organizaciones no gubernamentales van a someter a Pekín los próximos meses.

"La policía está por todos lados. Las fuerzas de seguridad están registrando las casas para ver si hay monjes escondidos", señaló una fuente citada por Reuters. Un residente en Lhasa calificó la situación de "caótica", y confirmó que coches de policías, motos y autobuses habían sido incendiados. "Ya no son sólo los monjes. Se les han unido muchos residentes", dijo otra fuente. Otras afirmaron que los militares habían bloqueado el acceso al centro de la ciudad y que los tibetanos estaban saqueando los comercios de los chinos, que controlan la actividad económica en Tíbet. Nueva China aseguró que el mercado Tromsikhang había sido incendiado.

La tensión ha llevado a las autoridades chinas a sellar tres monasterios en el Tíbet (Drepung, Sera y Ganden), según International Campaign for Tibet (ICT), una organización protibetana con sede en Washington, que cita a agentes turísticos. "Hay una creciente atmósfera de miedo y tensión en la capital", ha dicho ICT en un comunicado.

Radio Free Asia afirmó que dos monjes del monasterio Drepung, donde el lunes protestaron 500 religiosos, se encontraban en condición crítica después de que se cortasen las venas en un aparente intento de suicidio. En Sera, otros han iniciado una huelga de hambre para exigir a las fuerzas de seguridad que se vayan del monasterio y sean liberados los monjes detenidos esta semana.

Las protestas se han extendido a las vecinas provincias de Qinghai y Gansu, donde existe una importante comunidad tibetana, y cientos de religiosos de varios monasterios se han echado a la calle para pedir el regreso del Dalai Lama. Las manifestaciones recuerdan las que tuvieron lugar contra el Gobierno en Myanmar el año pasado.

Tíbet ha visto periódicamente protestas desde que el Ejército chino entró en el territorio "para liberarlo" en 1950. En 1959, Pekín aplastó un levantamiento popular, y en 1989 impuso la ley marcial para frenar una serie de protestas independentistas. El actual presidente chino, Hu Jintao, era en aquel momento el máximo responsable del Partido Comunista Chino en la región.

El Everest, cerrado

Cuando los organizadores de los Juegos Olímpicos de Pekín sorprendieron a la comunidad internacional con el anuncio de que la llama subiría hasta lo más alto del Everest (8.848 metros), los independentistas tibetanos no vieron la gesta deportiva que pregonaba el Gobierno, sino un gesto político del presidente Hu Jintao para reafirmar su control sobre el Tíbet. La polémica etapa provocó las protestas de activistas y ONG, que el año pasado desplegaron pancartas en el campamento base de la montaña más alta del planeta y en la Gran Muralla pidiendo la independencia del territorio del Himalaya.

El Gobierno chino no quiere que vuelva a repetirse, y ha decidido poner puertas al Everest. Pekín ha cancelado todos los permisos para ascender la montaña esta primavera, y otro tanto ha hecho Nepal entre el 1 y el 10 de mayo. Los dos países comparten la frontera sobre la cual se eleva el pico. "China nos ha pedido que no permitamos la presencia de gente mientras la antorcha olímpica esté en el Everest", aseguró ayer Prithvi Subba Gurung, ministro nepalí de Turismo. "No queremos que el territorio nepalí sea utilizado por un movimiento separatista".

La Asociación de Montañismo del Tíbet, responsable de conceder los permisos de escalada, ha solicitado a las expediciones que pospongan sus viajes hasta después del 10 de mayo, debido a las "intensas actividades de alpinismo" en la zona y la presión medioambiental. Las razones no citan la etapa olímpica.

Pekín ha rodeado de secretismo el paso por el Himalaya de la antorcha, que alcanzará la cima aunque haga mal tiempo, según ha prometido Liu Jingming, vicealcalde de Pekín. Los montañeros chinos iniciarán la semana próxima los trabajos para tender kilómetros de cuerdas y escalas en el Everest con objeto de facilitar el ascenso.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de marzo de 2008

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