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jueves, 1 de noviembre de 2007
Reportaje:

Ciego por esperar 17 meses

Un hombre pierde la vista al atrasarse su revisión en la sanidad madrileña

José Luis de Felipe, de 79 años, descansa en un sillón de casa y viste cómodo: pijama y bata. Está sentado frente al televisor. Pero apenas ve, así que la tele sólo la escucha. Está ciego por culpa de las eternas esperas en la sanidad madrileña. Sin vista en su ojo derecho, el izquierdo era el único sano. Un infarto cerebral en 2005 se lo dañó. Su vista, muy delicada, exigía revisiones cada seis meses. Sin embargo, tras la última revisión el Hospital Ramón y Cajal (Madrid) le citó para 17 meses después. Mientras esperaba, José Luis se quedó ciego.

"Nací el primer día del verano en Peñarroya (Córdoba)", cuenta. Este hombre de gestos pausados conserva toda su lucidez. Relata su vida, su trabajo como "ayudante de conductores" primero y como chófer de camiones luego. Incluso, dice, estuvo "seis años en Düsseldorf, en la Deutsche Bundespost (los Correos alemanes)". Habla tranquilo, frente a su hija, Marga, y sus nietos, Iker y Mónica. "Claro", responde lacónico cuando se le pregunta si está cansado de los hospitales. "Más que harto", dice. La tristeza de José Luis sólo la frena los besos de su hija. "Le veo todo borroso, y eso que está a sólo dos metros de mí", dice señalando al fotógrafo que ya le apunta con su objetivo.

José Luis perdió la vista del ojo derecho en 1999 por una degeneración macular. "Sólo podía ver por el rabillo del ojo", cuenta su hija. Pero lo peor comenzó en agosto de 2003. Entonces, José Luis sufrió un infarto cerebral que le dejó secuelas en su ojo izquierdo. "Perdió el campo visual (hacia los lados) y conservó la vista frontal", explica Marga. En septiembre de 2005, un oftalmólogo del Ramón y Cajal aconsejó a José Luis visitas cada seis meses. "Tenía una membrana que podía causar una hemorragia y esta ceguera", dice Marga.

Sin embargo, tras la última revisión, en junio del pasado año, el Ramón y Cajal dio cita a José Luis para noviembre de este año, 17 meses después de la anterior. Y ocurrió lo peor. En abril, tras diez meses de la última consulta y a siete de la próxima, José Luis empezó a quejarse. No veía nada. Su hija, muy preocupada, lo llevó a una clínica privada. "Vieron que tenía una hemorragia. Quizá si le hubieran hecho la revisión en enero (seis meses después de la anterior), mi padre no estaría ciego", lamenta Marga.

Informe de urgencia

En la clínica le envían al Ramón y Cajal con un informe que especifica la urgencia del problema. Era 23 de abril. El hospital le dio hora para el 7 de mayo. "¿Cómo habéis dejado pasar tantos días?", dice Marga que le preguntó la doctora del Ramón y Cajal. Esta oftalmóloga recomienda una terapia de fotodinámica y pide en un informe el traslado de José Luis al hospital Clínico. En ese informe se dice: "Muy urgente. Es la única visión que tiene el paciente". 25 días más tarde, no había noticias, y Marga llamó al Ramón y Cajal para preguntar sobre el traslado. "Nos lo han denegado dos veces, así que hemos pedido el traslado al Hospital de La Paz", también en Madrid, le dijeron.

La espera continuó. A mediados de julio le citaron para el 7 de septiembre en La Paz. Habían pasado cuatro meses y medio desde la hemorragia. Demasiado tarde. "La hemorragia se había cicatrizado, y como la cicatriz estaba en mitad del ojo... mi padre había perdido la visión central", explica Marga, que añade: "¿Sabes qué me dijo la doctora? ¡No se preocupe, que tiene visión periférica!". Ella le contestó: "¡Pero cómo va a tenerla si ha sufrido dos infartos cerebrales (tuvo el segundo en 2007) que le han dejado sin ella!". Marga recuerda con mucha amargura ese momento. "Me sentí, y me siento, fatal. No entiendo cómo se puede consentir esto", dice.

Desde entonces, José Luis apenas distingue unas tenues sombras. Está completamente ciego. Cuando le hablan sabe donde mirar. Se guía por el sonido de la voz. Pero si la persona que está delante de él se aparta ligeramente... él no se da cuenta y termina mirando al vacío.

La familia está dispuesta a llegar "hasta el final" y ha denunciado el caso a la Asociación El Defensor del Paciente. Ahora está en manos de sus abogados. Carmen Flores, presidenta de la asociación, lamenta que el caso de José Luis "es una constante en la sanidad madrileña". Según Flores, "la lista de espera está causando muchos daños, a veces irreversibles como en el caso de José Luis". Una portavoz del Ramón y Cajal no dio ayer ninguna explicación sobre la demora. "Los únicos perjudicados son los ciudadanos que no pueden ir a la sanidad privada", recuerda Flores. José Luis lo sabe bien. "Ya ve usted cómo me puedo sentir sin vista, ni se lo imagina", se queja. Sólo le queda el consuelo de la familia. "Lo mejor son mi hija, mi yerno (Javier) y mis nietos", repite una y otra vez.

José Luis de Felipe descansa en el salón de la casa de su hija. / CRISTÓBAL MANUEL

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