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miércoles, 21 de junio de 2006
Reportaje:Elecciones en México

Tepito, barrio bravo de México

Los partidos políticos buscan financiación en el paraíso del contrabando del Distrito Federal

Elecciones en México"¿Sabe qué? Aquí nomás la dejo", dice apurado el taxista. "Yo ahí no entro. Cuídese, porque está dura la cosa". La mala fama no da tregua a Tepito, el barrio bravo de la Ciudad de México. Desde la esquina de la calle Héroes de Granaditas, sin embargo, parece que lo duro va a ser abrirse paso en el hormigueo incesante de gente y de carretillas cargadas de mercancías. Aparentemente, nada diferencia a Tepito de los tradicionales tianguis, los mercados populares mexicanos. Estamos, sin embargo, en el reino de la fayuca: la ropa, las zapatillas deportivas, los vídeos o los aparatos electrónicos que se despliegan en los puestos proceden en gran parte del contrabando y la piratería, que van devorando al comercio tradicional. Al calor de la fayuca han proliferado el mercado de la droga y el crimen organizado. Tepito tiene sus leyes y las autoridades las acatan. Y es que, con sus 12.000 vendedores, el barrio es un filón de dinero negro para sobornos y financiación política.

"La policía federal cobra por hacer la vista gorda", señala un historiador

"El contrabando es malo, pero es mejor que estar sin trabajo", dice un vendedor

Los intentos por regenerar el viejo barrio no han prosperado

"Nosotros sabemos que es malo, pero mejor esto que estar sin trabajo", dice Manuel, mientras empaqueta DVD de Dicen que soy mujeriego y otros éxitos cinematográficos de Pedro Infante. "Yo trabajo películas viejitas y musicales. Compro a cada uno su producto: a uno los discos, a otro las cajas, y a otro las etiquetas. Mire, igualitas que las originales". En puestos vecinos se pueden encontrar los últimos estrenos, como El Código Da Vinci. Cada DVD cuesta 10 pesos (unos 70 céntimos de euro). "La calidad no es mala. En legal, llegan hasta los 200 pesos. Yo me saco unos 150 pesos al día. Para vivir justo".

Manuel antes iba a Los Ángeles -"con papeles", aclara- para comprar ropa y bisutería. Ya no. "Los barcos con la fayuca llegan desde China hasta el puerto de Manzanillo, y a veces los propios chinos te vienen a ofrecer directamente y te dan crédito. Traen de todo".

Tampoco los nacionales son mancos: México es el tercer productor mundial de grabaciones piratas. Manuel, como el resto de los vendedores de vídeos, muestra su mercancía en un televisor con altavoces. Las bandas sonoras se entremezclan a todo volumen, en un estruendo enloquecedor. ¿De dónde saca la electricidad? "Me la robo", se ríe Manuel, señalando a un poste. "Estamos cuatro o cinco en el mismo cable. El Gobierno lo permite".

"Los ambulantes son la caja chica de los partidos, gracias a las cuotas que pagan", explica Alfonso Hernández, pintor, cronista y fundador del Centro de Estudios Tepiteños. Lo sabe bien el Partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda), que gobierna desde hace nueve años la capital mexicana. La alcaldía, de hecho, ha sido el trampolín para Andrés Manuel López Obrador, su candidato presidencial en las elecciones del 2 de julio. "El PRD ha aprovechado las redes clientelistas del Partido Revolucionario Institucional [PRI, en el poder entre 1929 y 2000]. Aquí en Tepito los vendedores pagan un promedio de 30 pesos a la semana, y ahora en campaña se les exige cooperachas de 100 pesos diarios".

Multiplíquense las cuotas por el medio millón de ambulantes que se despliegan en Ciudad de México y se harán una idea del volumen del dinero negro que engrasa la maquinaria política capitalina. "Sólo en el Distrito Federal, las ventas de los ambulantes llegaron a los 80.000 millones de pesos en 2005 y la evasión fiscal superó los 22.000 millones de pesos", explica Sara Cortés, de la Cámara Nacional de Comercio.

"Los padrinos de la piratería y el contrabando están en el propio Gobierno de la ciudad", dice Alfonso Hernández. "Y la policía federal cobra renta por hacer la vista gorda y por dar pitazos. Cuando hay operativos, se llevan los artículos defectuosos. Es como con el narcotráfico: agarran a pequeños consumidores, y a los que venden grapas 24 horas al día no se les toca".

No siempre fue así. Con la llegada de artesanos del centro del país, que huían de la persecución religiosa desatada en los años veinte, Tepito se convirtió en un importante productor de calzado, ropa y reciclaje de electrodomésticos. La construcción, en la década de los cincuenta, de cuatro mercados (de comida, zapatos, varios y chácharas, es decir, antigüedades y artículos usados) confirmó al barrio como el principal núcleo comercial de la capital. Hoy el motor económico es el tianguis de 7.000 puestos, cada vez más empobrecido por la fayuca y "la comercializadora de don Roberto", como llaman a la mercancía robada. Las viejas casas de vecindad se han convertido en bodegas. La solidaridad se ha diluido en la frase "cada quién, su vida".

Los intentos por regenerar el viejo tejido del barrio no han prosperado. La gestión del PRD en la Ciudad de México ha sido, en opinión de Hernández, decepcionante. "Llegaron con mucha hambre. De muy jodidos se vieron en puestos de mando y se marearon. El nivel de corrupción es muy superior al de la época del PRI. Aquí prevalece la ingobernabilidad, y por eso ha crecido el narcotráfico y la piratería desborda ya los puestos de venta tradicional".

Pero los comerciantes de Tepito son, ante todo, pragmáticos. Han creado 62 organizaciones gremiales para dificultar el control policial y político. La mitad de ellas está alineada con el PRD porque es el partido al que las encuestas dan ganador, por lo menos a nivel municipal, el próximo 2 de julio. Y ahora las feroces lideresas del gremio, que eran priístas a muerte, pastorean a sus huestes a los mítines de Marcelo Ebrard, ex priísta igualmente y candidato a la alcaldía por el PRD. El fichaje más contundente del partido izquierdista ha sido el de María Rosete. "Rosete es la Juana de Arco de Tepito", sonríe Alfonso Hernández. "Se rompe la madre para defender las consignas que le den". Y eso en sentido literal. Las lideresas suelen resolver sus pugnas a bofetada limpia, como está mandado en Tepito. Pero a veces se van de las manos. El marido de Rosete pasó a mejor vida en uno de esos zafarranchos, de un balazo. "Donde ella aparece, hay hechos de sangre", comenta un vendedor.

"Nuestra dirigente nos convoca y nos pasa lista en la asociación. Si no vas, no trabajas. El otro día llenamos el estadio para escuchar a Marcelo", explica Rosa, junto a sus perfumes genuinos. En su puesto de madera se alinean Chanel, Cartier o Carolina Herrera. "Pruebe este. Huele lo que es a naranja", dice, rociándome con una peste dulzona procedente de un frasco de Guerlain. "Hay que esperar a que le baje el Ph, unos cinco minutos". Por 240 pesos, el producto es mío. ¿Pero son imitaciones, verdad? "No, no. Originalmente se fabrican en la Unión Americana, y luego dan patentes". Las letras borrosas y el plastificado chapucero confirman todas las sospechas. "Si lo usa y ya no le gusta, lo puede devolver si no estropea mucho el envase", insiste Rosa, que añora "la tranquilidad de los tiempos del PRI", pero aún no sabe a quién votará. "Todos son la misma papayada".

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Una calle de Tepito, repleta de comercios callejeros. / ARTURO LÓPEZ

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