Selecciona Edición
Entra en EL PAÍS
Conéctate ¿No estás registrado? Crea tu cuenta Suscríbete
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:

30.000 productos químicos sin control

Destacados científicos denuncian el uso cotidiano de sustancias cuya inocuidad no está demostrada

Están presentes en nuestra vida cotidiana. En el esmalte de uñas, el tinte del pelo, el teléfono móvil, dentro del ordenador. Son más de 30.000 sustancias químicas de uso masivo que nos acompañan a diario, pero que, a juicio de científicos y médicos, entre ellos varios premios Nobel, no han sido suficientemente evaluadas para comprobar su inocuidad y, por tanto, pueden estar detrás de la proliferación de males como el cáncer o la infertilidad. Una normativa europea pretende acabar ahora con esta falta de control. Pero su paso por Bruselas, donde ha de recibir el visto bueno antes de fin de año, ha desatado una ofensiva de la industria química para reducir su impacto. En juego hay más de 5.000 millones de euros.Están presentes en nuestra vida cotidiana. En el esmalte de uñas, el tinte del pelo, el teléfono móvil, dentro del ordenador. Son más de 30.000 sustancias químicas de uso masivo que nos acompañan a diario, pero que, a juicio de científicos y médicos, entre ellos varios premios Nobel, no han sido suficientemente evaluadas para comprobar su inocuidad y, por tanto, pueden estar detrás de la proliferación de males como el cáncer o la infertilidad. Una normativa europea pretende acabar ahora con esta falta de control. Pero su paso por Bruselas, donde ha de recibir el visto bueno antes de fin de año, ha desatado una ofensiva de la industria química para reducir su impacto. En juego hay más de 5.000 millones de euros.Están presentes en nuestra vida cotidiana. En el esmalte de uñas, el tinte del pelo, el teléfono móvil, dentro del ordenador. Son más de 30.000 sustancias químicas de uso masivo que nos acompañan a diario, pero que, a juicio de científicos y médicos, entre ellos varios premios Nobel, no han sido suficientemente evaluadas para comprobar su inocuidad y, por tanto, pueden estar detrás de la proliferación de males como el cáncer o la infertilidad. Una normativa europea pretende acabar ahora con esta falta de control. Pero su paso por Bruselas, donde ha de recibir el visto bueno antes de fin de año, ha desatado una ofensiva de la industria química para reducir su impacto. En juego hay más de 5.000 millones de euros.Están presentes en nuestra vida cotidiana. En el esmalte de uñas, el tinte del pelo, el teléfono móvil, dentro del ordenador. Son más de 30.000 sustancias químicas de uso masivo que nos acompañan a diario, pero que, a juicio de científicos y médicos, entre ellos varios premios Nobel, no han sido suficientemente evaluadas para comprobar su inocuidad y, por tanto, pueden estar detrás de la proliferación de males como el cáncer o la infertilidad. Una normativa europea pretende acabar ahora con esta falta de control. Pero su paso por Bruselas, donde ha de recibir el visto bueno antes de fin de año, ha desatado una ofensiva de la industria química para reducir su impacto. En juego hay más de 5.000 millones de euros.Están presentes en nuestra vida cotidiana. En el esmalte de uñas, el tinte del pelo, el teléfono móvil, dentro del ordenador. Son más de 30.000 sustancias químicas de uso masivo que nos acompañan a diario, pero que, a juicio de científicos y médicos, entre ellos varios premios Nobel, no han sido suficientemente evaluadas para comprobar su inocuidad y, por tanto, pueden estar detrás de la proliferación de males como el cáncer o la infertilidad. Una normativa europea pretende acabar ahora con esta falta de control. Pero su paso por Bruselas, donde ha de recibir el visto bueno antes de fin de año, ha desatado una ofensiva de la industria química para reducir su impacto. En juego hay más de 5.000 millones de euros.

Los retardantes contra el fuego presentes en los ordenadores, los compuestos utilizados para ablandar el plástico y poder fabricar piscinas de goma, los pesticidas, la tinta de la impresora, el esmalte de uñas, el tinte del pelo y de la ropa. La vida cotidiana está llena de productos químicos sintéticos. En la UE hay 100.106 sustancias químicas registradas. La industria produce más de una tonelada al año de unas 30.000 sustancias. Han servido para fabricar ordenadores y teléfonos móviles más ligeros, mejores aparatos que se usan en medicina y salvan vidas, abaratar costes, aumentar las cosechas y reducir las plagas. Pero también están detrás del aumento de las alergias, el asma, el cáncer, las disfunciones hormonales y la infertilidad, según destacados científicos.

La industria afirma que se perderán miles de empleos si Bruselas no rebaja su exigencia

La UE ultima una norma para regular los compuestos y evitar 2.000 casos de cáncer

La Unión Europea se lanzó hace cuatro años al ambicioso empeño de controlar el registro y la autorización de estos porductos. La idea era pedir a la industria que demostrase la seguridad de sus productos antes de permitir su autorización y tener datos de los ya existentes. El problema es que los efectos se ven a largo plazo y de forma estadística: es imposible decir que el asma, una alergia o un problema hormonal concreto se debe a un determinado producto químico presente en la vida cotidiana, pero se ha detectado un aumento de este tipo de problemas.

La propuesta de la Comisión Europea para el reglamento REACH (registro, evaluación y autorización de químicos, en sus siglas en inglés), comienza con un reconocimiento preocupante: "Es difícil obtener información sobre las sustancias [...] Hay una carencia general de conocimientos a disposición de la población acerca de las propiedades y usos de las sustancias existentes [...] En muy pocas sustancias se ha hecho una determinación del riesgo". El texto señala que, aunque los productos tengan riesgo, es casi imposible establecer una relación entre el daño y la sustancia por falta de ensayos.

El Comité Europeo de Médicos firmó este año un documento en el que muestra su "preocupación por el desconocimiento del impacto sobre la salud y el medio ambiente de numerosas sustancias químicas". Un grupo de destacados científicos, incluidos dos premios Nobel, ha suscrito un manifiesto que asegura que "la polución química representa una seria amenaza para la salud".

El catedrático de Radiología de la Universidad de Granada Nicolás Olea es uno de los científicos con más publicaciones sobre los disruptores endocrinos, sustancias químicas que afectan al desarrollo hormonal y que están presentes en muchos plásticos, entre otras sustancias. "No sabemos cuál es el efecto de la mayoría de las sustancias y no sabemos qué ocurre cuando se mezclan y se acumulan, pero una persona tiene en su sangre más de 40 productos químicos, pero menos del 2% han sido probados científicamente", señala.

Olea estudia desde hace años el adelanto de la pubertad, los problemas de tiroides, el cáncer de mama o la criptorquidia (un trastorno que afecta a los testículos de los niños). Hay sustancias de la vida cotidiana que inducen estas enfermedades en animales, pero es muy difícil relacionarlo con las enfermedades en el hombre aunque están aumentando. "Pueden pasar 20 años hasta que relacionamos una sustancia en el mercado con la enfermedad". Olea demostró en 2003 que la exposición a pesticidas aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer de mama.

La Comisión Europea prohibió en 1998 el uso de unos ablandadores de plástico (ftalatos) en tetinas, mordedores y juguetes para niños por ser tóxicos. Estos productos se comercializaron durante años y luego se descubrió que porducían daños hepáticos, renales y testiculares, según Bruselas.

Aunque los científicos coinciden en que es necesario más control, el acuerdo sobre cómo hacerlo es misión casi imposible: hay en juego miles de millones de euros y muchos sectores industriales (desde los automóviles a las pinturas) que tendrían que cambiar algunas de sus materias primas. La Federación Empresarial de la Industria Química Española (Feique) asegura que la propuesta de REACH es inaplicable por burocrática, que puede ocasionar el cierre a muchas pequeñas empresas que no podrán soportar el coste de investigar cada producto y que supondrá la pérdida de competitividad de la industria europea ante las importaciones. Feique afirma que los productos son seguros, que las cantidades detectadas son infinitesimales y que los beneficios de la química en la vida cotidiana superan a los inconvenientes.

La propuesta de 1.200 páginas de la Comisión Europea ha sido rebajada en cada etapa. Hace dos semanas, la Comisión de Industria del Parlamento Europeo suavizó algunos de los requisitos aparentemente técnicos, pero sustanciales. Tuvo el voto de la mayoría de los diputados, de prácticamente todos los partidos salvo Los Verdes. En noviembre el Parlamento europeo vota el texto en primera lectura y después pasa al Consejo de la UE.

El eurodiputado español de los Verdes, David Hammerstein, afirma que la industria ha hecho mucha presión, algo que confirma el español Alejo Vidal Cuadras (PP): "Ha habido infinidad de reuniones, presentaciones y comidas para hacer lobby en todas las direcciones". EE UU envió cartas a sus embajadas para frenar el REACH ante el temor de que, en la práctica, obligue a sus empresas si quieren vender en Europa.

La industria encargó un estudio en el que afirma que REACH supondrá un sobrecoste de un 20% para las pequeñas empresas y que pone en riesgo 280.000 empleos. Bruselas contratacó con otro informe que cifra el coste de aplicación en unos 5.000 millones, algo que considera asumible, y que sólo el asma y las alergias atribuibles a los químicos en Alemania origina un gasto anual superior. Además, afirma que la norma evitaría más de 2.000 casos de cáncer al año. Las cifras son parte de la guerra química que vive Bruselas desde hace años.

Polibromodifeniléter, PBDE. Retardantes del fuego en ropa y ordenadores

Ordenadores, televisores, pijamas para niños y tapicerías de cines, entre otras muchas cosas, han sido fabricados con unas sustancias llamadas PBDE (polibromodifeniléteres). Comenzaron a usarse en los televisores y han proliferado por su capacidad para retrasar la propagación del fuego, una ventaja fuera de duda. Sin embargo, algunos científicos aseguran que a altas dosis pueden afectar el sistema hormonal, como el catedrático de Radiología de Granada Nicolás Olea: "Es muy difícil asociarlo a una enfermedad, pero ya se ha detectado en la leche materna y en animales de todo el mundo. Si dentro de unos años se demuestra su efecto, echaremos de menos no haberlo estudiado más".

Compuestos persistentes. El DDT, prohibido en 1977, sigue en el cuerpo

El catedrático de Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona Miquel Porta afirma que es inquietante desconocer muchas sustancias "pero aún lo es más detectar sustancias prohibidas". Entre ellas está el DDT, prohibido en España desde 1977 pero que, según Porta, aparece en alimentos y piensos: "Se detecta porque es muy persistente, el cuerpo lo acumula y pasa de un animal a otro". Un estudio en Granada detectó DDT en el 98% de la población. El DDT pertenece a la docena sucia, un grupo de sustancias persistentes que el cuerpo no elimina y que están relacionadas con problemas hormonales, cáncer y asma. La ONU impulsó en 2001 un acuerdo para erradicarlos.

Bisfenol A, en plásticos. Un derivado con actividad hormonal

El Bisfenol A fue descubierto en 1938 por un químico estadounidense llamado Dodds. Lo descubrió junto al Dietiletilbestrol, usado aún como tratamiento hormonal. Dodds descartó el Bisfenol A porque su actividad era 100 veces menor pero lo clasificó "compuesto estrogénico" es decir, con actividad similar a unas hormonas sexuales femeninas, según el catedrático de Radiología Nicolás Olea. Décadas después, la industria química recuperó el Bisfenol A por su capacidad para polimerizar y formar plásticos. Actualmente, se encuentra en centenares de miles de toneladas en plásticos. Muchos estudios en animales afirman que, a bajas dosis, pueden afectar al desarrollo sexual.

Endosulfán. Presente en unos 80 pesticidas agrícolas

El endosulfán es uno de los pesticidas más usados. Sólo en Estados Unidos, se utilizan más de 70.000 toneladas anuales. La agencia estadounidense del medio ambiente asegura que aunque el endosulfán puede tener efectos neurotóxicos en el laboratorio, no presenta riesgos en la comida. La agencia sí asegura que existe riesgo para los trabajadores, que pueden inhalar el pesticida, y que ha habido casos de toxicidad en animales y peces. España es el mayor consumidor de endosulfán de la UE y un estudio realizado por investigadores de Granada entre 458 mujeres en 2005 detectó que el 70% tenía dosis detectables de endosulfán y que pasaba a la placenta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 25 de septiembre de 2005

Más información