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Entrevista:Paco de Lucía | Guitarrista y compositor

"Ya no quiero velocidad ni fuegos artificiales"

Tras cinco años de silencio discográfico, el rey de la guitarra está de vuelta. Francisco Sánchez Gómez (Algeciras, 1947), Paco de Lucía, tiene listo su disco número 26. Se titula Cositas buenas, es rítmico y muy flamenco, suena tan genial como siempre y, si cabe, con más sentimiento. Los ocho temas (a la venta el día 26) suponen su debú con el software musical Protools -"una maravilla peligrosa: te engolosinas"-, que le ha permitido rescatar un cante inédito de Camarón.

Paco de Lucía compuso Cositas buenas en su casa de la selva de Yucatán (México), donde ha vivido y buceado los últimos cuatro años. Con la única compañía de su mujer y su hija pequeña, Antonia, pasó "dos años con sus noches" dándole a la guitarra y el Protools, "esa cosa mágica que te permite componer sin tener que escribir partituras". Luego, se vino a Toledo, donde compró otra casa silenciosa, y grabó en los Estudios Musiquina de Madrid con Javier Limón los ocho temas del disco. El guitarrista quería hacer un álbum "con mucho cante, que es lo que más me gusta", y aprovechó el tirón informático para recuperar la voz de su vida,

Camarón de la Isla, en Que venga el alba, una bulería maravillosa, descarte de una vieja grabación. Para compartir nostalgias, invitó a Tomatito a meter su guitarra: "Y los dos llorábamos como tontos oyendo cantar a José. ¡Parecía que estaba vivo y acababa de bajar a tomar un café!".

"Creo que el próximo disco lo haré entero con las voces originales de Camarón"

"He acabado con las giras. Y más ahora, que te toman las huellas y te registran"

"Ese rollo de que el artista sufre... ¡Más sufre un albañil en el andamio!"

Mucho más allá de la tecnología, Cositas buenas es ritmo y emoción, un disco hecho entre amigos: Diego El Cigala, El Potito, Alejandro Sanz (tocando el tres: ese día estaba ronco), Guadiana, La Tana, Montse Cortés, Jerry González, Alain Pérez... Todos ponen su cante o su toque,

y hasta el guitarrista se atreve a dejar un cantecito propio (jaleado con tres oles por su hija). La creación sorprende por su fresca cadencia rítmica, hecha de alegría y pausas, matices y flamencura. Ayer llegó el temido momento de la promoción, y el genio, pletórico de estrés, humor y sabiduría, aceptó conceder esta entrevista telefónica antes de sumergirse en una gira ("la última") por 25 ciudades de Norteamérica.

Pregunta. En todos sus discos hay revolución. ¿Qué toca esta vez?

Respuesta. Yo creo que el despojamiento de la técnica. Se acabaron la velocidad, los fuegos de artificio, la rapidez desbordante. Ahora hay más sentimiento, he descubierto matices de armonías y ritmos distintos, y creo que el resultado es menos espectacular, pero mucho más interesante.

P. El ritmo es mucho más lento.

R. Sí, hay síncopas donde antes no las había. Y es un disco muy intimista.

P. Y con laúd y mandolina.

R. Bueno, es un bouzouki, pero es un disco hecho con pocos instrumentos, algún bajo, percusiones... Y muchos coros. Echaba de menos hacer un disco de cante: la guitarra sola me aburre mucho.

P. ¿Qué criterio siguió para elegir a los cantaores?

R. Pues no los he elegido demasiado. Iban pasando por allí. Como todo en mi vida: un caos. Ahora acabo de decidir que pasado mañana me voy a México, pero sólo hay dos billetes y necesito cuatro.

P. Creo que para la gira ha cambiado completamente el grupo.

R. Sí, y como siempre me ha pillado el toro. Con todo el dolor de mi corazón he decidido romper el grupo de los últimos 20 años. Estábamos viviendo de las rentas y me he obligado a demostrarme a mí mismo que puedo hacer otras cosas aparte de vivir del cuento. Lo malo es que he formado el grupo mientras tenía la casa en obras, todo lleno de cemento, con los albañiles en el salón, y estoy agobiado, desbordado. Tenemos 10 días para ensayar antes de la gira y al flautista indio todavía ni le conozco. Se llama Shank, me lo recomendó McLaughlin y toca la flauta de bambú. Y vienen también dos cantaoras sevillanas, La Tana y su madre, La Herminia, y El Negri y El Piraña.

P. Dice Javier Limón que se ha hecho un monstruo del Protools.

R. Es la primera vez que lo uso, y en el fondo es como un magnetofón, pero te ayuda mucho, porque grabas una cosa y si te sale bien el principio y el final, te ahorras tener que tocarlo todo otra vez. Y a esta edad tocar mucho es malo, te duelen los riñones, la espalda... El Protools ayuda sobre todo a componer. La gente piensa: "Mira, ése toca con la máquina". Y no. Yo sólo uso el audio, pero a veces me siento en la máquina con un cigarrito y descanso de tocar. Aunque es malísimo descansar: ahora llego a la gira, toco dos días y acabo con los dedos como morcillas.

P. Supongo que lo más agradable del ordenador habrá sido traer otra vez a la vida y con ese realismo la voz de Camarón.

R. Fue precioso, muy emocionante, como si José no se hubiera muerto. Tuve la idea de repasar todos los masters y le oía cantar, hablar, reírse... Hay cantidad de letras que nunca sacamos, unas estaban desafinadas aquí o allá, otras tenían un trozo bueno y otro malo... Ahora todo eso se puede corregir, así que creo que el próximo disco voy a hacerlo entero con las voces originales de José.

P. En el disco hay también un cante suyo, de usted. Pero dicen que el guitarrista que mejor canta es Vicente Amigo.

R. No, no, el guitarrista que mejor canta soy yo.

P. En los créditos sale también como palmero, y en los coros.

R. Sí, parece que esta vez he trincao por todos laos. A mí me da mucha vergüenza cantar, lo que pasa es que hay coros en el disco que parecen fáciles pero son bastante complejos, así que los grabé en casa con mi voz para que los que venían los copiaran, pero como sólo venían un día no daba tiempo. Yo tengo un tono de voz muy atípico, que los cantaores no tienen, así que al final dejé los míos.

P. O sea, que si la cosa se da mal con la guitarra siempre puede probar suerte como cantaor.

R. Sí, de aquí palante, me pongo una camisa de lunares, tipo cubano, ¡y a cantar!

P. En alguno de los temas, como los tientos de El Cigala, hay silencios impresionantes.

R. El silencio lo da el ritmo. Los silencios son muy sugerentes... Yo tengo demasiado cerca de la nariz este disco como para ser objetivo, pero tengo la sensación de que es bueno. Sobre todo es que si es malo me suicido, porque eso querría decir que me he pasado dos años y medio haciendo el primo.

P. En el documental que le hicieron para TVE habla de la angustia del compositor, pero al final se tumba en una hamaca y dice: "No se crean nada, lo que hacemos los artistas es estar tirados todo el día".

R. Es que es verdad, coño, los artistas, los escritores, los músicos somos unos chaneladores y siempre estamos con el rollo de la angustia. El artista sufre, sí, pero más sufre un albañil subido en un andamio de seis pisos un 6 de enero. ¡Y Bach, que estaba siempre tieso y cada semana tenía que componer una fuga para la catedral de Leipzig! ¡Y sin calefacción ni comida en la nevera! Bueno, en la nevera no, en la alacena. ¡Y Van Gogh, el pobre, siempre pelao, y sin oreja! ¡Y hoy los artistas nos creemos algo, unos fenómenos...!

P. Tampoco esas giras suyas deben de ser buenas para la salud.

R. Es trabajo duro, sí, sobre todo para el sistema nervioso, te destrozan. Es verdad que el que está picando piedra ocho horas llega a casa, se acuesta, se duerme y no se acuerda de nada. Yo me tiro tres horas tocando y llego a la cama con los ojos como platos, o me tomo una pastilla o no me duermo. Quiero cortar ya con las giras, ya no puedo más. He hecho lo imposible por cancelar ésta, porque Estados Unidos no está para ir, te toman las huellas como a un delincuente, tienes que levantarte cuatro horas antes para que te registren bien antes del vuelo...

P. A ratos se aprecia cierto sonido judío en el disco. ¿Será la influencia toledana?

R. Seguro que sí, he visto unas partituras sefardíes de Toledo y se parecen muchísimo al flamenco.

P. Y luego hablan de flamenco puro. Morente dice: "La pureza es para los nazis".

R. ¡Es un pedazo de frase! Me la apunto para decírsela a los flamencólogos.

P. Tres bulerías, unos tangos, dos rumbas... En Cositas buenas hay mucho de eso que llaman estilos ligeros...

R. Eso de los cantes ligeros también suena nazi. No hay cantes grandes y chicos. Para mí es más rica una bulería que una siguiriya. Y yo no planifico lo que hago. Lo único importante es el lenguaje, el flamenco, tener algo que contar.

P. ¿Y qué cuenta esta vez?

R. Eso no se puede decir. La música es abstracción pura. Cada frase contiene muchas sensaciones, y desmenuzar cada una es imposible. Bueno, imposible no, pero la entrevista duraría de aquí hasta que me vaya de gira.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de enero de 2004