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Reportaje:

Denese Becker recupera su memoria

Una joven relata las matanzas de Guatemala que quiso olvidar

Denese Becker no siempre tuvo este nombre. Ni tampoco vivió siempre en Iowa (Estados Unidos). Denese Becker se llamó hasta pasados los diez años Dominga Sic Ruiz. Y sobrevivió en febrero de 1982 a la matanza de Río Negro, Guatemala. 'Nací en Río Negro, Alta Verapaz, en 1972. Mi padre se llamaba Rosendo Sic y mi madre Magdalena Ruiz. A mí me pusieron Dominga, y estoy orgullosa de mis raíces'. Palabras tan fáciles de pronunciar a Becker le han llevado 17 años poder decirlas en alto. 'Una tarde entraron los paramilitares en el pueblo y acorralaron a todos los habitantes. Ataron a la gente con sogas. Se las ponían alrededor del cuello, alrededor de la cintura y luego los ataban a los árboles o formaban filas de humanos atados entre sí listos para asesinarlos'.

Es el principio de la historia de Dominga Sic, y la relata casi de forma inaudible en inglés. Olvidó su idioma, el de los indios achí. Olvidó el español que aprendió más tarde. Y trató de olvidar la masacre que sufrió a los nueve años. 'Aquella tarde de febrero mataron a mi padre. Dos semanas después nacía mi hermanita pequeña, que sólo vivió 14 días'. Dos frases más que quiebran la escasa voz de Becker. Lo que cuenta a continuación la deja extenuada. Quizá porque hace poco que ha empezado a relatarlo, quizá porque vivir en Iowa le ha alejado mucho de Guatemala. Quizá porque pretendió olvidarlo pero la pesadillas no se lo permitieron. A aquella tarde trágica le sobrevino otra. 'Estaba sentada con mi madre en el suelo de la casa cuando los soldados irrumpieron y la arrastraron fuera. A empujones, a patadas. Sólo alcanzó a mirarme muy fijamente y pedirme que huyera con mi hermanita'.

De aquel horror lleno de gritos y golpes dice sólo recordar con claridad las botas de los soldados. Y que fue el primer día que empezó a huir. 'Me refugié en una casa abandonada con otros dos niños'. De nuevo las sogas alrededor del cuello y la cintura. Y una fila de ancianos, mujeres y niños arrastrados del extremo de la cuerda montaña arriba. 'Poco después desaparecieron todos de mi vista. Y luego llegaron los tiros. Entonces supe que mi madre había muerto'. 'Después de aquello no recuerdo mucho, excepto que mi única obsesión era mantener con vida a mi hermanita de nueve días'. No lo consiguió. Murió de frío y deshidratación cuando sólo contaba 14 días. 'No la puedo olvidar. Todavía hoy la echo de menos', murmura Becker.

Era marzo de 1982. Pero Becker empezó a no distingir entre días, semanas o meses. La siguiente fecha que tiene en la cabeza es 1984. Aquel año partió de un orfanato de la ciudad de Guatemala hacia el Estado norteamericano de Iowa. En su nueva familia intentó olvidar que una vez fue la niña Dominga Sic. 'No tenía más remedio, tenía que ignorar todo aquello. Fue cuestión de supervivencia. Quería ser una chica más, una joven estadounidense más con una vida normal y sin todo aquel horror a mis espaldas', se explica. Quería ser Denese Becker. Pero los recuerdos no se lo permitieron.

Diecisiete años después de la masacre supo de la visita de Carlos Chen -que perdió a su esposa embarazada de ocho meses y a dos hijos de corta edad en aquella matanza- a EE UU para conseguir apoyo para los supervivientes de Río Negro. En 1999 Denese Becker regresaba a Guatemala para enfrentarse a sus recuerdos.

Amnistía Internacional (AI) denunciaba esta semana en Madrid que Guatemala vive bajo un 'Estado de mafia corporativa' en el que ciertos agentes económicos, como filiales de corporaciones multinacionales, actúan en connivencia con sectores de la policía, el Ejército y delincuentes comunes para lograr intereses económicos mutuos y luego conspiran con estas mismas fuerzas para eliminar e intimidar a quienes se interponen en su camino, saben demasiado o intentan investigar sus actividades. Se calcula que durante el conflicto civil de Guatemala que arrasó el país durante más de tres décadas, hasta que el Ejército y la oposición armada firmaron en 1996 los acuerdos de paz auspiciados por la ONU, desaparecieron o fueron ejecutadas extrajudicialmente unas 200.000 personas. 'La matanza de miles de indígenas y las graves violaciones de derechos humanos sufridas por muchos más durante las operaciones de contrainsurgencia nunca se han abordado adecuadamente y los responsables a todos los niveles continúan en libertad y ejerciendo el poder en la Guatemala actual', manifestó AI.

En el poblado de Río Negro se perpetraron cinco matanzas entre 1980 y 1982, en el transcurso de la campaña de contrainsurgencia que tuvo lugar allí. Fueron ejecutados 444 de los 791 habitantes de Río Negro. Es muy probable que Río Negro se convirtiera en blanco especial de ataques, porque el Instituto Nacional de Electrificación de Guatemala quería esas tierras para construir en ellas una presa. Esa presa era parte del plan de desarrollo económico del Gobierno para la zona transversal del norte, donde tenían propiedades muchos generales, incluido Lucas García, entonces dirigente del país. La financiación inicial procedió del Banco Interamericano de Desarrollo y del Banco Mundial, pero, según los informes a que ha tenido accseso AI, gran parte de esos fondos terminaron en los bolsillos de militares corruptos. Según Amnistía, el hecho de que, salvo en algún caso, no se hayan emprendido acciones contra los responsables de las atrocidades cometidas en el pasado ha animado a los perpetradores a abusar de su autoridad para cometer delitos impunemente.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Sábado, 2 de marzo de 2002