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lunes, 4 de diciembre de 2000
Crítica:CONCIERTO MOVISTAR

Ni más ni menos

Esta vez sí acertó la conocida marca compañía de telefonía móvil en la elaboración de un cartel lógico, acorde con los tiempos y con garantía de éxito sin tener que acudir a obviedades. Tres grandes formaciones agotaron dos días de localidades en Madrid -y bien pudieron ser tres-, registrando la presencia de más de 20.000 jóvenes.Comenzaron la velada El Canto del Loco, quinteto madrileño con un solo disco en el mercado, que hace propias influencias que van de Los Rodríguez a Los Ronaldos y aporta sensación de presente. Tienen resolución musical y ahora sólo les faltan más tablas y quitarse un poco ese aire al estilo Al salir de clase, para hacer que sus españolísimos temas Pequeñita o Eres un canalla lleguen más nítidos.

Concierto Movistar

Concierto colectivo con los grupos Estopa, La Oreja de Van Gogh y El Canto del Loco.Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Madrid, 2 de diciembre.

En segundo lugar actuaron La Oreja de Van Gogh, quienes también demuestran que la experiencia transforma. Mejores músicos que en anteriores actuaciones, el quinteto donostiarra defendió más que bien ante una audiencia encendida los temas de sus dos elepés, en especial los de su último El viaje de Copperpot, con una Amaya en el papel de reina del escenario que poco a poco va pasando de ser una rubita simpática que canta a una buena solista a nivel profesional. Ahora, y si el grupo quiere mantener vigencia, sólo falta que las letras del grupo empiecen también a tener más valores que los exclusivamente juveniles. Igual que un acorde ha de ser el preciso, también las palabras susceptibles de ser cantadas han de poseer más interés en sí mismas.

Lo de Estopa, estrellas de la noche, fue el acabóse. España está viviendo la creación de una leyenda musical cuyos protagonistas son dos hermanos muy majetes, sin ninguna idea de la mercadotecnia y que dan lo que tienen en el corazón transformado en canciones. El Palacio de los Deportes fue un tronar de los que ponen la carne de gallina con la actuación de José y David y pese a que el segundo tenía "la voz canalla" del esfuerzo del concierto anterior. Todo su disco es grande y suena grande en directo. Sus mensajes no eluden la verdad, y los fans aceptan oír de drogas, amor, pobreza y desesperanza callejera tintada de la alegría vital de la buena gente sin escandalizarse.

Pero entre todos los momentos buenos que Estopa regaló hay que quedarse con la versión del Son ilusiones, de sus ídolos Los Chichos, homenaje que, a poco que uno se descuidara, provoca lagrimones como pastillas de jabón. Lo de Estopa es la gloria en la tierra. Ni más ni menos.

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